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Por Daniel Pipes
El oscuro y fétido núcleo de la guerra árabe contra Israel, vengo afirmando desde hace tiempo, no se encuentra en Jerusalén, ni en los controles militares, ni en los "asentamientos". Se refiere más bien a los presuntos refugiados palestinos.
Presuntos porque de los casi 5 millones de refugiados oficiales que atiende la UNRWA (acrónimo de "Agencia de Ayuda Humanitaria y Trabajo de los Refugiados Palestinos de las Naciones Unidas"), solamente alrededor del 1% son refugiados de verdad que satisfacen el criterio de la agencia de ser "personas cuya residencia habitual era Palestina de junio de 1946 a mayo de 1948 y que perdieron tanto sus hogares como su sustento producto del conflicto árabe-israelí de 1948". El otro 99% son descendientes de esos refugiados, o lo que yo llamo refugiados de imitación.
Peor aún: los vivos en 1948 están pasando a mejor vida y en cuestión de unos 50 años no quedará vivo un solo refugiado real, mientras que (extrapolando a partir del cálculo riguroso realizado en el Refugee Survey Quarterly por Mike Dumper) sus descendientes refugiados de pega sumarán unos 20 millones. Sin ningún tipo de control, esa población crecerá como setas hasta el final de los tiempos.
Esto es relevante porque la posición de refugiado reviste efectos nocivos: recrudece las vidas de esos millones de nuevos refugiados al desencantarles al tiempo que les impone un sueño irreal de rechazo al entorno; lo que es peor, el título de refugiado les preserva como arma permanente dirigida al corazón de Israel, amenazando al estado judío y alterando Oriente Próximo.
Solucionar el conflicto árabe-israelí, en resumen, exige poner fin a la nociva y absurda farsa de los refugiados palestinos de pega que proliferan por doquier y asentarlos de forma permanente. 1948 es historia; es hora de pasar página.
Me enorgullece decir que, gracias en parte a la labor realizada por el académico del Middle East Forum Steven J. Rosen y a la mía propia durante el último año, el Comité de Asignaciones del Senado de los Estados Unidos aprobaba de forma unánime en la vista del 24 de mayo una enmienda limitada pero potencialmente relevante en los presupuestos de 52.100 millones de dólares para el ejercicio fiscal 2013 del Departamento de Estado y la ley de operaciones en el exterior.
La enmienda, propuesta por el legislador Mark Kirk (Republicano por Illinois) obliga al Departamento de Estado a informar al Congreso del uso de los 240 millones de dólares por ejercicio en fondos directos del contribuyente estadounidense que van a los refugiados palestinos a través de la UNRWA. ¿Cuántos receptores, plantea Kirk, satisfacen la definición de la UNRWA citada arriba, siendo refugiados reales? ¿Y cuántos no la cumplen, sino que son descendientes de esos refugiados?
La Enmienda Kirk no instará a la eliminación de los privilegios de los refugiados de pega y ni siquiera los reduce. A pesar de su naturaleza limitada, Kirk considera la obligación por ley de informar "un jarro de agua fría". De hecho, despertó lo que un veterano ayudante Republicano en el Senado llama "enorme oposición" por parte del gobierno jordano y la propia UNRWA , provocando lo que el periodista de la revista Foreign Policy Josh Rogin llama una batalla encarnizada.
¿Cuál es el motivo de la indignación? Que si el Departamento de Estado es obligado a diferenciar a los refugiados palestinos reales de los ficticios, Estados Unidos y los demás gobiernos occidentales (que, juntos, corren con más del 80% de los presupuestos de la UNRWA) pueden decidir con el tiempo suspender las ayudas a los refugiados ficticios y minar así sus aspiraciones a reclamar un "derecho de retorno" a Israel.
Tristemente, la administración Obama ha gestionado esta cuestión de forma extraordinariamente torpe. Un escrito remitido por el Secretario de Estado en funciones Thomas R. Nides oponiéndose a una versión previa de la enmienda Kirk pone de manifiesto una incoherencia total. Por una parte, Nides afirma que al obligar al gobierno estadounidense "a hacer público un criterio relativo a la cifra y la situación de los refugiados palestinos… se prejuzga y se marca el resultado de esta sensible cuestión". Por la otra, el propio Nides se refiere a "unos 5 millones de refugiados de Palestina", metiendo así en el mismo saco a los refugiados reales y los ficticios — marcando así con prejuicios la misma cuestión que insiste en dejar abierta. Ese comentario de 5 millones de refugiados no fue ningún patinazo; preguntado por ella, el portavoz del Departamento de Estado Patrick Ventrell confirmaba que "el gobierno estadounidense apoya" el principio rector de "reconocer como refugiados a los descendientes de los refugiados".
Asimismo, al predecir "una reacción negativa muy fuerte a la enmienda por parte de los palestinos y de nuestros aliados en la región, Jordania en particular", Nides invita a los árabes a presionar al Senado norteamericano, maniobra cutre indigna del Departamento de Estado.
Durante los 64 años de existencia de Israel, un presidente norteamericano tras otro han resuelto resolver el conflicto árabe-israelí, pero cada uno de ellos ignoró la faceta más desagradable de esta confrontación — la explotación a propósito de una cuestión de refugiados con el fin de cuestionar la existencia misma del estado judío. Bien por el Senador Kirk y su gabinete, por tener la inteligencia y el valor de abrir la iniciativa encaminada a abordar la realidad desagradable, propiciando un cambio que va por fin directamente al corazón del conflicto.
Fuente: National Review Online

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