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Por Rabino Iona Blickstein
“Yo creo con Fe plena que toda la Torá que se encuentra hoy en nuestras manos fue entregada a Moshé, nuestro Maestro”.
Leemos en la Torá: “Por haber denigrado la palabra de HaShem y por haber transgredido Su mandamiento, ese individuo será cortado, (espiritualmente) mientras su trasgresión este con él (mientras no se arrepienta) (Bamidbar, 15:31)
En el Tratado de Sanhedrin 99:1, está escrito que este versículo se refiere la persona que dice que la Torá no proviene del Cielo, o que dice que toda la Torá tiene su origen en el cielo, salvo un versículo que agregó Moshé.
En el prólogo al capitulo 10, “Jelek”, del Tratado citado escribe Rambam: “Vi necesario hablar acá sobre los muchos principios de la fe de grandes valores” Dentro de sus palabras emite los trece principios de la Fe, haciendo énfasis en la obligación de creer que toda la Torá emana del Cielo.
Así señala en su octavo principio: “Yo creo con fe absoluta que toda la Torá que se halla actualmente en nuestras manos, es la misma que fue dada a Moshé, nuestro Maestro, que en paz descanse”, este octavo principio nos indica que la Torá proviene del cielo.
Debemos tener claro que toda la Torá que tenemos hoy día es la Torá que fue entregada a Moshé por HaShem, siendo Moshé, el escriba a quien le dictaron todo, las fechas, relatos y los preceptos.
Y si te preguntas ¿por qué la persona que niega que un tema mencionado en la Torá, no fuera entregado del Cielo se considera que “denigró la palabra de HaShem”? Explica Rambam que “todo tiene su origen en HaShem, y todo es “la Tira de HaShem es completa”, pura y santa, verdad. Y el que dice que estos versículos y relatos Moshé los inventó, es un herético y negador, que piensa que hay en la Torá corazón y cáscara y que estas historias y relatos no significan nada, y si piensa y se expresa de esta manera se considera que “denigró la palabra de HaShem”
Debemos saber que cada palabra de la Torá esconde enseñanzas y maravillas para quien las entiende, y no se alcanzó a entender toda su inmensidad porque es profunda y amplia como el mar.
Solo nos queda seguir el consejo del Rey David que quien rezó “Abre mis ojos para que yo vea las maravillas de Tu ley” (Tehilim, 119: 18).

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