La asimilación es un exterminio de almas judías

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Por Natalio Daitch
Lo penoso pero real de estas líneas es que no se necesita demasiado para poder escribirlas. Para el autor de la presente solo se hace necesario concurrir a su trabajo diario, en el consultorio médico de esta Capital Federal, Buenos Aires. Y es justamente aquí en pleno barrio de Once donde uno puede encontrar tan fácilmente sinagogas, ieshivot o casas de estudio de Torá, rabinos ortodoxos de lo mejor, escuelas de todas las tendencias y para todos los gustos, casa de comidas casher, etc. Es aquí donde existe un enorme océano de aguas vivas que puedo encontrarme con un ejército de pacientes judíos que viven en el peor de los desiertos espirituales sin importar para algunos nada o para otros portadores de una sed que los quema por dentro pero sin poder salir de la trampa asimilatoria en la cual se encuentran sumergidos.
Exilio del alma judía
En los últimos años hemos sido testigos de un fenomenal y previsible cambio en la demografía judía local. Todos podemos apreciar y con agrado el enorme crecimiento de la población judía ortodoxa o apegada al judaísmo raigal. Junto a esto, una gratificante corriente de teshuvá donde muchos retornan o retornamos en diversos grado de profundidad al camino de la Torá. Pero a modo de contrapunto y como siempre la realidad se encuentra conformada por puntos claros y oscuros, es aquí donde uno puede apreciar y en mi caso personal tomar contacto en relato y en el contexto de la historia clínica de muchos pacientes, con ese enorme conjunto de ovejitas perdidas de tantos de nuestros hermanos que por razones diversas sufren el exilio de su alma judía.
Los ejemplos son variados desde personas alejadas de toda participación en la vida comunitaria, hasta judíos casados con gentiles o con hijos o nietos que caminan prestos o a ciegas a cruzar esa línea roja de la cual se hace difícil sino imposible tener la esperanza de poder algún día volver o retornar a las propias raíces a la fuente común donde encontrar ese sitio o manantial donde poder experimentar la felicidad de poder desarrollarnos como personas judías plenas.
Como judío comprometido con mi comunidad y mi permanente interés en la historia y el destino de mi pueblo y de mi gente sea en la propia diáspora como en el Estado de Israel la idea es que en nuestra mesa hay sillas vacías. Hay un faltante y existen ausencias.
Si pensamos que somos pocos en número y pocos entre las naciones y pueblos del mundo, cada judío que se pierde se constituye en una verdadera catástrofe personal y colectiva, dado que no solo se pierde él como judío sino todas las generaciones que de él podrían haber salido. Y todo lo que él o sus descendientes podrían haber aportado al colectivo o si se quiere por lo que ellos valen por sí mismos, por su origen y por ese destino trunco donde toda vivencia judía se ha perdido.
El Holocausto blanco
El “Holocausto blanco” como algunos lo denominan, mientras que otros hablan de un extermino de almas judías que se da en silencio aunque al final todos nos damos cuenta que algo o alguien se nos ha perdido.
Hace ya unos años escuché al Rabino Samuel Levín, líder del Bloque Unido Religioso hablar acertadamente de las otras AMIAS explotadas en alusión al terrible atentado contra la mutual judía del año 1994 y el asesinato de tantos judíos comparándolo con la cantidad de “muertes o bajas judías” que se producen como
consecuencia del fenómeno asimilatorio en todas sus variantes y causas.
Muerte física por decreto o muerte espiritual y aniquilamiento del alma judía? De cualquier manera todos los caminos conducen al campo de exterminio y al crematorio donde se quema todo y todo se pierde. Y como cada judío se compara con un Sefer Torá, cada vez que vemos un judío que se pierde o se asimila deberíamos pensar que estamos frente a un Sefer o Rollo de la Torá que se está quemando. Acertadamente se habla de las tribus perdidas de Israel pero lamentablemente no es solo historia pasada, es presente y una realidad por muchos ignorada o para otros despreciada.
Ya en el Tanaj y si no me equivoco en el libro del profeta Jeremías, se cita la lamentación que se repite en cada momento y en todos los tiempos: “una voz se escucha en Rama: es la matriarca Raquel que llora desconsoladamente por sus hijos porque no están”.
Educación judía raigal o…
La disyuntiva es educación judía raigal o el tren y el vagón que conducen a Auschwitz-Birkenau en versión clásica o actualizada. No cabe duda que la suerte y el camino de vida de todos los individuos se decide en los primeros años de vida. En la educación que reciba de sus padres o lo que vea sienten ellos o los valores o la conducta que estos tengan y en este espacio de reflexión en particular en relación a su judaísmo y lo que sientan o expresen en el decir y hacer.
La asimilación no empieza con el casamiento mixto, sino que el casamiento mixto es el resultado de un proceso, es decir su consecuencia y no su causa. Si logramos entender esto, no resolvimos el problema pero estamos en el camino de sentar las bases del diagnóstico correcto y el principio necesario para rectificar errores.
El que esto escribe tuvo la suerte de poder casarse con una mujer judía y tener hijos e intentar conformar una casa judía. En lo personal y salvando la enorme distancia que me separa de la grandeza del patriarca Jacob recuerdo a cada instante sus palabras en el libro del Génesis donde afirma “verse pequeño y no merecedor de todas las bondades recibidas”. Si bien en la vida la dicha nunca es completa, hoy entiendo aquí radica la máxima felicidad a la que puede aspirar todo judío.
No obstante por formación y por historia de vida o por mi particular sensibilidad o por mi profesión en especial que me acerca a la enfermedad y al sufrimiento humano, mi alma se apena cada día un poquito por la suerte de mis hermanos que en la desgracia han perdido el buen camino y esa senda donde se nos promete que solo cosas placenteras le esperan a aquel hebreo que continúe en el camino de la fe de Moisés.
No cabe dudas que la asimilación es el enemigo numero uno del pueblo judío, aún más peligroso que todos los terroristas islamitas y palestinos juntos.
No cabe duda que tanto en Israel como en las diásporas la demografía será la que tendrá la última palabra en el final de todos los conflictos y que la suerte de mi hermano judío (me guste o no, me interese o no) tendrá que ver con mi suerte personal, con la de mi familia, y en forma determinante con la suerte de todo el pueblo judío en todo el orbe.
Fuente: Aurora Digital

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