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Por Luis Xavier Grisanti
Los venezolanos nos sentimos orgullosos de haber recibido en nuestra tierra a Daniel Barenboim y su orquesta West-Eastern Divan. Nacido en Buenos Aires en 1942, emigró a Israel con sus padres músicos a los 5 años. Debutó como pianista a los 10 años en Viena y despuntó como director de la Orquesta de París (1975-1989), de la Sinfónica de Chicago (1991-2006), de la Staatsoper Under den Linden (1992-2002) y de la Staatskapelle de Berlín.
La obra de Barenboim rebasa su trascendencia musical por ser co-fundador, junto al recordado intelectual y activista palestino Edward Said, de la Orquesta West-Eastern Divan, integrada por jóvenes judíos, palestinos y árabes. Fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia y Premio a la Tolerancia de la Evangelische Akademie Tutzing.
El Universal publicó una amplia entrevista que da cuenta de su arraigado humanismo. La prensa nacional se hizo eco de lo maravillado que se sintió el maestro Barenboim al escuchar, bajo la batuta de Gustavo Dudamel, la Sinfonía No. 1 de Mahler, a cargo de los 377 niños de la Sinfónica Nacional Infantil fundada por José Antonio Abreu. Le vimos en su única presentación en el Teresa Carreño.
Con sede en Sevilla, la Orquesta West-Eastern Divan, epónima de la colección de poemas de Goethe, es patrocinada por las fundaciones Barenboim-Said de Andalucía, Alemania y Estados Unidos. Estas fundaciones han creado proyectos humanitarios en Palestina e Israel, como el Jardín de Infancia Musical Edward Said, la Palestinian Medical Relief de Ramala y el Conservatorio Barenboim-Said en Nazaret y Jaffa.
Barenboim y Said son genuinos mensajeros de paz, hermandad y reconciliación en el Oriente Medio y el mundo.
Fuente: diario El Universal

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