Reflexiones y lecciones en el aniversario de las dos guerras

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Por Samuel Leillen
Al cumplirse el vigésimo aniversario de la 1ª Guerra del Líbano en 1982 (Operación “Sheleg” – siglas de “Paz para la Galilea”) y el sexto aniversario de la 2ª Guerra del Líbano (12.7-14.8, 2006), el INSS – Instituto para el Estudio de la Seguridad Nacional, organizó un simposio dedicado a los dos conflictos. Moderó el evento el Dr. Gad Siboni, jefe de la sección “Ejército y Estrategia” de la institución destacando cuatro temas esenciales:
La amenaza: En la 1ª Guerra del Líbano, por primera vez, no se enfrentaron ejércitos regulares o países reconocidos, sino que el enemigo, eran agrupaciones terroristas que se iniciaron como células esotéricas y amorfas, desarrollando capacidades que provocan daños de importancia, en particular a la población civil y que incrementan sus actividades cuando captan que los ejércitos convencionales tienen serias dificultades para abatirlos.
Los objetivos: Por primera vez, en la guerra de 1982, se intentó intervenir en la realidad política del lado contrario con la ilusión de convertirlo en aliado. Algunos pensaron que concluida la guerra se podría firmar un tratado de paz con Líbano.
Consenso nacional: La 1ª Guerra, a diferencia del 2006, se inició sin el respaldo de la ciudadanía, y varios sectores intentaron deslegitimar las medidas adoptadas por el gobierno considerando que eran erróneas e inmorales. La existencia del apoyo ciudadano es un factor que debe interiorizarse.
Factor tiempo: El concepto “victoria” es muy ambiguo y en su definición el factor tiempo es importante. Se debe imponer al EDI – Tzáhal, que se fijen y se cumplan normas de plazos entre iniciativas bélicas y su duración. La 1ª Guerra provocó la presencia israelí en el Líbano por 18 difíciles años. La segunda, duró 34 días.
La 1ª Guerra provocó 670 muertes del lado israelí, cayendo 1,216 soldados entre 1982 y 2000. Del lado árabe se estima que hasta 1985 hubo 18,000 muertos, de ellos 10,000 soldados sirios y terroristas palestinos. (NSL)
Durante la Guerra del 2006, cayeron 121 soldados israelíes y 44 civiles. Del lado libanés, 300-450 civiles muertos + 36 soldados y 500-700 integrantes del Hizbollah. Ambas partes tuvieron miles de civiles heridos. (NSL)
Interiorizar cambios en la realidad
Dan Meridor, vice primer ministro y ministro para Asuntos de Inteligencia y Nucleares, centró la atención en la realidad cambiante, que incluye cambios tecnológicos también en las capacidades del enemigo. En la Guerra del Líbano el enemigo logró ponernos en claro que no somos más dueños del cielo: podemos impedir ataques aéreos, pero no podemos detener una lluvia de misiles. ¡En el último día de la guerra de 2006 cayeron 200 proyectiles sobre la población civil!
Durante la 1ª Guerra, Meridor había sido secretario del gobierno y pudo dar testimonio fehaciente acerca de la resolución de “guerra breve” – 48 horas -, en un “territorio definido” – 40 km desde la frontera, “sin ampliarla a Siria” – pero los sucesos se precipitaron complicando todas las previsiones.
El asesinato, el 14.9.82, de Baashir Gumail, electo nuevo Presidente del Líbano, trastocó todos los planes. Si bien la guerra permitió expulsar a las agrupaciones palestinas a Túnez y proporcionó tranquilidad en la Galilea, no se pudo evitar el reequipamiento y el fortalecimiento posterior del Hizbollah que posee ahora más de 50 mil misiles eficaces, muchos de largo alcance.
Las guerras de hoy se transmiten en directo por televisión y abstenerse de tomar en cuenta la imagen internacional es señal de irresponsabilidad. Por lo tanto hay que procurar que las guerras sean breves, de lo contrario se refuerza la imagen de crueldad y abuso del lado fuerte mientras que el lado débil despierta la compasión y la conmiseración, sin ninguna referencia a la culpabilidad de los sucesos.
Franjas de seguridad y retiradas unilaterales
El Cnel. (re) Effi Eitam – ex Comandante en el Frente Norte, actual Presidente del Partido Religioso de Unidad Nacional, fue muy categórico:
Franjas de separación fronteriza – sin definir exactamente sus dimensiones, prohibido intentar prescindir de las zonas de separación fronteriza, incluso si eso exige conquistar territorios. La prolongada presencia en el Líbano nos ha creado un “trauma” que actúa como barrera operativa y será erróneo no superarla, por lo tanto conquistar terreno es vía inevitable. (Todos los expositores posteriores, se opusieron rotundamente a esta premisa – NSL).
Los sangrientos atentados anteriores a 1982 – Kiryat Shmona (abril 1974 -18 muertos), Maalot (mayo 1974 – 27 muertos, de ellos 22 alumnos, y 68 heridos), Naharía (1974 y 1979, con una decena de muertos, la mayoría niños) – son prueba de la vulnerabilidad de la zona no habiendo franjas de seguridad fronteriza.
Los retrocesos unilaterales – Israel retrocedió unilateralmente de Sinai en 1956; de Gaza en el 2005; y del Líbano en el 2000. En todos los casos se interpretó la retirada como evidencia de la debilidad israelí, país “fácil de presionar”. El abandonar zonas que ofrecen ventajas logísticas es irresponsable, y se agravó por la forma precipitada como se hizo en el año 2000.
Fallas de funcionamiento
El Gral. (re) Guiora Eyland – ex Jefe del Consejo de Seguridad Nacional (2003-2006), se refirió a los errores conceptuales que complicaron las medidas tomadas:
A – Diálogo entre políticos y militares – El ejército, entendiendo que debe actuar según las prescripciones gubernamentales, reclamaba que Israel conserve el control de las alturas estratégicas, no se desprenda de Tzadal – la milicia libanesa que apoyaba a Israel, y que se continúen las operaciones destinadas a evitar el reequipamiento, entrenamiento y atrincheramiento del enemigo.
Por su parte, el gobierno prefería una retirada mucho más amplia con la lógica que la legitimación internacional
serviría de presión contra el lado opuesto.
En definitiva, Tzadal fue desmantelado lo que permitió el avance del Hizbollah y su arraigo en la zona, y la retirada fue expuesta como “la huída israelí por obra de los héroes del Hizbollah…”.
B – Dicotomía equivocada – El gobierno analiza en base a solo dos posibilidades – quedarse o retirarse; soportar o atacar; ocupar o prescindir de hacerlo. ¿Quién estableció que no puede haber un mayor número de alternativas que deben considerarse?
C – Disuasión – La retirada unilateral debilita el poder de disuasión. Tal vez deslegitima nuevos ataques del lado contrario, pero no evitan su reequipamiento y fortalecimiento operativo.
Disuasión desequilibrada
Moshé Arens, ex Ministro de Defensa (1983-1984), concentró sus reflexiones desde la perspectiva del terror. Siempre hubo acciones terroristas, pero durante muchos años fue considerado sólo una “molestia” sin apreciar que su fortalecimiento pondría en peligro a amplios sectores de la población civil.
En esta lucha, se ha desvirtuado el concepto de disuasión: ¿quién es más disuasivo, el potente ejército de Israel o las agrupaciones terroristas, con su tremendo arsenal de misiles, que nos desaniman a volver a chapotear en el “barro libanés” e incluso nos llevan a vacilar ante el riesgo de bajas humanas que se ven mal en las pantallas?
Si desconocemos la manera de disuadir, nos va a ser muy difícil poder vencer.
En el caso del Líbano, agreguemos que el terror actúa libremente en un país incapaz de imponer su soberanía en su propio territorio. A pesar de ello, la OLP con sus 15,000 integrantes fue derrotada, expulsada a Túnez y pudieron volver sólo después de los acuerdos de Oslo.
El Tte. Gral. (re) Danny Halutz, ex Comandante en Jefe de Tzáhal – EDI (2005-2007) señaló que si bien no puede dejar de ser subjetivo, resulta imposible aislar las dos guerras de los sucesos circunstanciales y tratar de señalar sus virtudes o fracasos. Han pasado tantas cosas desde entonces, en todo el mundo, que es muy difícil aislar causas y resultados.
El retirarse de Líbano en el 2000 fue una medida correcta, pero la política asumida posteriormente fue errónea pues amenazamos “que Líbano temblará si vuelven a disparar un solo misil” y no hicimos nada para respaldar esas declaraciones.
Fue correcto salir a la guerra el 12.7.2006. Evidentemente hubo muchos errores, propio de toda acción, pero no podemos alegar que el posterior fortalecimiento del enemigo es la expresión del fracaso de la guerra. ¿Acaso Egipto no se fortaleció después de firmar la paz con Israel?
Recordemos que ese día la organización Hezbollá, a través de su canal de televisión Al-Manar, comunicó que había capturado a dos soldados israelíes Ehud Goldwasser y Eldad Regev). Sabíamos que no podríamos influir en la devolución de los soldados prisioneros, pero los líderes no pueden eludir asumir responsabilidades y deben tomar resoluciones que pueden no ser populares.
En los últimos seis años hubo tranquilidad en el norte, alterada por sólo tres misiles y un oficial muerto en un incidente fronterizo. “Tranquilidad” no es un parámetro para medir el éxito o no de las guerras, si bien es una variable importante.
Y hablando del “lapso de las guerras”, olvidamos que la primera Intifada se prolongó durante cinco años (1987-1991) provocando 1,100 israelíes muertos. El “tiempo” no lo maneja sólo uno de los lados. Tampoco se pueden pretender operaciones “relámpago” contra el terror. Después de la Guerra de los Seis Días no existen más las guerras cortas.
Legitimidad internacional
La 2ª. Guerra del Líbano no comenzó el 12.7.2006, sostuvo Ehud Olmert, ex Primer Ministro (2006-2008). Debemos remontarnos al año 2000 y a todos los incidentes y declaraciones que se sucedieron en esos seis años. La pasividad de Israel fue debilitando las alternativas operativas hasta poner en duda si realmente estamos en condiciones de renovar los enfrentamientos violentos. Habíamos perdido nuestra capacidad de disuasión.
Las capturas de soldados y los misiles, hicieron la situación insostenible y llevaron a la convicción que hay que modificar las reglas de juego. De lo contrario, perdiéramos por completo la legitimidad de toda reacción a las provocaciones del lado opuesto.
Como primer ministro, se opuso a las propuestas del ejército de afectar las infraestructuras libanesas. Si bien somos una nación fuerte, con un ejército poderoso, no podemos prescindir del respaldo internacional. Entendíamos que el enfrentamiento debía ser de energía tal que motive a la comunidad internacional a intervenir y ponga freno a los incidentes que se venían agravando desde el 2000.
Por las mismas razones, debíamos evitar una penetración profunda en territorio libanés, y en esto coincidieron políticos y militares. Hay que olvidar las anteriores premisas que las guerras se deben desarrollar en territorio enemigo y así conseguir disuasión y ventajas tácticas. No hubo presión por parte de los americanos o la arena internacional: las limitaciones las pusimos nosotros al resolver “limpiar” la zona en un ancho de no más de tres kilómetros.
No todo funcionó de acuerdo a nuestras previsiones, pero conseguimos tranquilidad durante seis años, durante los cuales Hassan Nasrallah no se animó a salir de su refugio. Lo importante no es la cantidad de misiles que ellos tienen, lo fundamental es ver si persiste su voluntad de utilizarlos.
Las próximas guerras serán dentro de nuestras ciudades, y por lo tanto debemos insistir en asegurar la disuasión suficiente para reducir daños, consolidar nuestra fuerza interna y paralelamente continuar empeñados en lograr la paz.
Fuente: Aurora Digital

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