Gracias Fidel
30/07/2012
Hamás por el camino de la matanza
02/08/2012

Por Rebeca Perli
El pasado 25 de julio Caracas cumplió 445 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Apenas ayer era una moza alegre y despreocupada; casi bucólica; la de los techos rojos, la sucursal del cielo, la sultana del Ávila, la Caracas en la que, como decía Alfredo Sadel, "todas las razas buscan fortunas, ventura y amor".
San Bernardino era un remanso de paz por donde se podía pasear a la sombra de araguaneyes y percibir el arrullo del Anauco. La avenida Libertador era la calle La Línea hasta Chacaíto, donde había una alcabala y un cartel que decía "usted está entrando en el Estado Miranda". El obelisco de la Plaza Altamira era lo único que sobresalía en la zona y, un poco más al este, estaba el Coney Island, con sus temerarios carritos chocones y la montaña rusa.
A partir de las seis de la tarde las familias se reunían alrededor de un aparato cuadrado, y morían de risa con el Bachiller y Bartolo, para, seguidamente, vibrar de emoción con las aventuras de Tamakún, el vengador errante, y luego deshacerse en llanto con Albertico Limonta y el pobre Don Rafael que no terminaba de poder hablar. En autobús se llegaba hasta Puente de Hierro donde el colector (porque había un colector además del chofer) cantaba "se acabó la locha". Estaba prohibido atravesar la Plaza Bolívar sin llevar paltó y los domingos, por una locha, se alquilaba una silla para escuchar la banda que tocaba melodías de moda.
Ya nada queda de esa Caracas. La doncella cándida se ha transformado en matrona doliente y resignada a soportar los agravios con que la maltratamos día a día. Por eso, en ocasión de su cumpleaños, evoco aquellos tiempos para añoranza de quienes la conocimos y para transmitir a mis hijos y a mis nietos la imagen de frescor de sus años mozos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.