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Por Ron Prosor, Embajador israelí en Gran Bretaña
La brutalidad es el corazón de la práctica y la ideología de Hamás, que caracteriza sus acciones contra los palestinos y los israelíes.
A principios de este mes, Hamás lanzó un bombardeo devastador de granadas y fuego de ametralladora contra una mezquita en Rafíah. En el ataque murieron al menos 22 palestinos, entre ellos un niño de 11 años de edad. Más de 100 personas resultaron heridas y la mezquita, que pertenecía a una facción islamista rival, el Jund Ansar Allah, quedó acribillada a balazos. El edificio contiguo fue destruido.
Sin embargo, Hamás hizo caso omiso por la santidad de una casa de adoración y su desprecio por las vidas de los civiles vecinos es poco probable que sea objeto de ningún informe de investigación de Human Rights Watch. No es ninguna sorpresa ver la brutal acción de Hamás hacia la población palestina, ya que refuerza su férreo control sobre Gaza. Después de todo, tomó el control del territorio en un sangriento golpe de Estado contra la Autoridad Palestina en junio de 2007, asesinando a sus rivales y arrojando funcionarios de la AP desde los tejados. Posteriormente, aplastó violentamente y sin piedad cualquier desa-fío a su poder, ya sea de los nacionalistas palestinos de Al-Fatah o de grupos rivales dentro de los terroristas islamistas. Mientras tanto, se impuso en la Franja de Gaza un rápido descenso, en caída libre, hacia el fanatismo.
Luego de expulsar a la Autoridad Palestina, Hamás abrió las compuertas de Gaza a un tsunami de extremismo. El extremismo y el surgimiento de grupos rivales yihadistas es un problema auto-creado por Hamás. Sin embargo, cuando se perciben a esos grupos como una amenaza, o cuando existen diferencias ideológicas, demuestran sus propios métodos bárbaros para la resolución de conflictos y la aplicación de la ley.
La brutalidad es el corazón de la práctica y la ideología de Hamás, que caracterizan sus acciones contra los palestinos y los israelíes. A lo largo de su sangrienta historia, la organización desató oleadas de terror indiscriminado contra cualquier intento de progreso. Sin embargo, de manera alarmante, los medios de comunicación están decididos a blanquearlo y legitimarlo. Ellos están apoyados por diversos políticos, analistas y activistas, quienes sostienen que Israel y Occidente deben hablar con Hamás, porque está al borde de un cambio hacia la moderación. Sin embargo, Hamás no tiene ningún interés en el compromiso o la negociación. El más vicioso y genocida antisemitismo es intrínseco a sus objetivos. Su carta incluye la visión siniestra que "El día del juicio no tendrá lugar hasta que los musulmanes luchen contra los judíos y los maten. El judío se oculta detrás de las piedras y los árboles. Las piedras y los árboles dirán: Oh musulmanes, oh Abdala, hay un judío detrás mío, ven y mátalo".
Este año, un importante funcionario de Hamás, Fathi Hammad, nos recordó su compromiso con este objetivo, cuando declaró: "Nosotros no descansaremos hasta destruir la entidad sionista".
Mientras tanto, Hamás sigue llevando a cabo un proceso sistemático de radicalización religiosa dentro de la sociedad de Gaza. Se reformuló el código penal de Gaza, la introducción de castigos medievales como azotes públicos, la ruptura de las extremidades y la ejecución por lapidación. Nuevas leyes vigentes obligan a alumnas a llevar el hijab. Las fuerzas de seguridad hostigan públicamente la rutina de las mujeres y supervisan la evolución de Gaza hacia un misógino totalitarismo religioso. Es absurdo que los autoproclamados "progresistas" deban simpatizar con un programa de la opresión teocrática.
El primer ministro Biniamín Netaniahu visitó Londres. Se puede apuntar a la cooperación entre Israel y la AP que contribuyó a desa-rrollar y fortalecer la infraestructura palestina en Cisjordania. Legitimar a Hamás y premiar su militancia amenaza con destruir estas semillas de esperanza. Una combinación de concesiones israelíes y el liderazgo palestino responsable del presidente Abás y el primer ministro Fayad vio crecer en un cinco a siete por ciento la economía palestina-cisjordana en 2008. Desde julio de 2007, el número de puestos de control de seguridad permanentes se redujo de 41 a 14. Mientras Israel sigue aplicando medidas para facilitar el comercio, la tasa de crecimiento económico se duplicó.
En marcado contraste, Hamás, de acuerdo con el veterano negociador palestino Saeb Erekat, conduce a Gaza "al caos y la anarquía". Cuando Netaniahu visitó Londres, las voces marginales le instaron a aceptar a Hamás. Haría bien recordarles la amenaza que la organización de extremistas sigue planteando. Dado que Israel y los dirigentes palestinos hacen un esfuerzo constante hacia el progreso social y económico esencial para avanzar, la brutalidad de Hamás debería servir como una advertencia para todos nosotros.
Hamás es incompatible con el compromiso con los palestinos o israelíes. Amenaza con llevar a los palestinos por un camino de división sin salida, matanzas y autodestrucción. Para evitar la tragedia, es crucial impulsar la Hoja de Ruta económica para la paz. Netaniahu reforzó ese mensaje cuando se reunió con Gordon Brown. El progreso económico no es un sustituto de una solución política, pero será un requisito previo. Para que ese enfoque tenga éxito, es vital que la comunidad internacional y en particular los Estados árabes más ricos, inviertan su dinero en esa vía, para derrotar el extremismo de Hamás y dar una oportunidad a la moderación para prosperar.

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