Raoul Wallenberg, el ángel de Budapest

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Se lo recuerda por haber salvado la vida de miles de judíos en la Budapest de 1944. A 100 años de su nacimiento, no se sabe si Raoul Wallenberg fue ejecutado por espía o por ser una ficha en la Guerra Fría.
En 1944, en Normandía, los aliados ya han desembarcado y el Ejército Rojo va recuperando territorios soviéticos a los alemanes de Hitler. Hungría, sin embargo, sigue bajo la ocupación nazi. Adolfo Eichmann sigue deportando a miles de judíos húngaros; a la mortal maquinaria ya han sucumbido 437.000. En ese momento llega Raoul Wallenberg a Budapest.
Placa en honor de Raoul Wallenberg en la gran sinagoga de Budapest
Nació el 4 de agosto de 1912; Raoul Wallenberg, hijo de un conocido empresario y diplomático sueco, estaba destinado a ser banquero. Pero su inclinación fue otra. Interrumpió el estudio de arquitectura en Estados Unidos y volvió a su país en plena Segunda Guerra Mundial. Inauguró un exitoso comercio de delicatessen junto su socio húngaro Kálmán Lauer; quie busca apoyo para la parte de su familia que sigue en Hungría.
Wallenberg, que entonces tenía 32 años, recibe una misión secreta del gobierno sueco. Con un presupuesto de 150.000 dólares, donados por el Comité para Refugiados de Guerra del gobierno estadounidense, había que salvar a los judíos que quedaban en Hungría.
Un hombre valiente no un político ducho
Según explica Ulrich Völklein, periodista e historiador de Hamburgo, “Raoul Wallenberg no era un político profesional, sino un hombre joven que decidió actuar a favor de la humanidad”. Como miembro de la representación sueca en Hungría, Wallenberg goza de inmunidad diplomática que sabe aprovechar. Compra edificios en los cuales, bajo la bandera sueca, dan protección a perseguidos. Soborna a funcionarios, establece contacto con Eichmann, usa el anzuelo de créditos millonarios y amenaza con represalias políticas a quien no quiera ayudarlo. Desarrolla también el sistema del “pasaporte de protección”, mediante el cual los judíos húngaros se volvían ciudadanos de Estados neutrales y quedaban bajo su protección. Esto salva a algunos miles de las manos de la SS y la Gestapo.
"Pasaporte de protección"
Gracias a una red informativa que Wallenberg supo tejer, conocía las fechas en que los judíos iban a ser transportados a campos de exterminio. Personalmente se encarga de detener trenes destinados a Ausschwitz , logra recuperar condenados de las “marchas de la muerte” e impide la labor del antisemita Partido de la Cruz Flechada, que apoyaba a los alemanes.
Diversas versiones desde Moscú
Cuando las tropas soviéticas toman Budapest encuentran a unos 100.000 judíos todavía con vida. El 16 de enero de 1945, al Gobierno sueco se le notifica que Wallenberg se encuentra bajo protección rusa. “No sé si soy su huésped o su prisionero”, bromeaba Wallenberg. Poco después su huella se pierde. Según Moscú, Wallenberg ha caído a manos de fascistas húngaros.
La realidad es que fue tomado prisionero y trasladado a la capital moscovita. Se lo acusa de espía de Estados Unidos y de colaborar con los nacionalsocialistas. “Esto se sabe por los protocolos de oficiales soviéticos del Comisariado del Pueblo que intentaron que colaborara con ellos como informante”, explica Völklein que ha investigado en archivos rusos.
Otros historiadores, en cambio, son de la opinión que no fueron las actividades de espionaje lo que selló el destino de Wallenberg, sino su relación familiar con el grupo empresarial Wallenberg, que durante la guerra negoció con ambos bandos. Según este análisis, los soviéticos habían querido usar a Raoul Wallenberg como garantía en ciertas negociaciones con Suecia. A ello se suma que Estocolmo reaccionó muy tarde a la desaparición de su enviado. Hasta hoy no queda claro si esto se debió a condescendencia hacia Moscú o a la preocupación por conservar su estado neutral durante la Guerra Fría.
El 7 de febrero de 1957, Moscú informa a Suecia que Wallenberg había muerto en 1947 por un fallo cardíaco en el hospital del servicio secreto soviético en Lubyanka. En 1989, el Gobierno ruso entrega a la familia Wallenberg sus últimas prendas, entre éstas su pasaporte, su agenda y una cigarrera.
El maletín de Raoul Wallenberg, en bronce, en su casa natal en Kappsta, Suecia.
En 2001, el director de la Comisión de Rehabilitación del presidente ruso, Alexander Jakolew, declara que Wallenberg había sido ejecutado. Aunque aún no se puede acceder a todos los documentos de los archivos rusos, queda claro entretanto que Wallenberg no murió de muerte natural.
Su historia ha nutrido libros y películas, postmortem ha sido declarado “Justo entre las Naciones” por Yad Vashem; ha recibido el Premio europeo de Derechos Humanos y la mayor condecoración del rey de Suecia. Y, a la entrada de la mayor sinagoga en Hungría, se encuentra una placa en honor a quien se suele denominar como “el ángel de Budapest”.

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