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Por Rabino Iona Blickstein
En recuerdo de la desaparición física de la Rabanit Rujama Abujatzira zal.
Hay un adagio judío-marroquí que versa: “Si buscas belleza, ve a Rabat, sabiduría, a Marakesh, pero si tu intención es encontrar santidad, ve a Tafilalet”. Esta región se encuentra al sur de Marruecos, los judíos estaban dispersos por la región en pueblos y ciudades pequeñas, Erfoud, Rissani, Midelt y otras donde habitaban judíos honestos, trabajadores, amantes de la Torá, observantes y allegados a una familia de santos Rabinos, la familia Abujatzira.
Esta familia tiene su origen en Eretz Israel, pasó por Siria y con los años llegó a Marruecos a esta lejana región, donde se arraigó y gracias a su devoción, estudio y liderazgo, sus miembros se convirtieron en los líderes espirituales de de los judión de la región.
Mi intención, en estas líneas no es entrar en detalles biográficos, de tan insigne familia, sino hacer honor a mi muy querida y apreciada suegra, la Rabanit Rujama Abujatzira zatzal, esposa del Gran Rabino Abraham Abujatzira zatzal, Rabino de Yavne y después del fallecimiento de su padre el Gran Rabino Itzjak Abujatzira zatzal, fue invitado a ocupar el cargo de Rabino de la ciudad de Ramle.
La Rabanit Rujama, hija del Admur Rabí Israel Abujatzira, conocido por todo el mundo con el nombre de “Baba Sale”, el Padre de la oración, ya que multitudes se allegaban a este Justo Rabí, para pedirle que rogara por a ellos a HaShem bendito, por cura a sus problemas y aflicciones y siempre D-s escuchó sus palabras logrando las personas cura y consuelo. Mujeres estériles gozaron de hijos, parejas tuvieron paz, problemas comerciales fueron aclarados y su ejemplo de humildad y recato fue seguido por miles de personas primero en Marruecos, después en Eretz Israel y finalmente en toda la Diáspora judía.
La madre de a Rabanit, la santa Rabanit Frija, fue también un ejemplo de humildad, recato y devoción. Crecer en ese hogar y con ese ejemplo, junto a sus propias cualidades, hizo de la Señora Rujama, una esposa y madre ejemplar para sus seis hijos, y una guía para las mujeres de la ciudad y de todo el país, ya que venían a pedirle consejo y ayuda espiritual. También aquellos judíos que hoy viven en Francia, Estados Unidos y otros países tenían como honor visitarla, aún en los últimos años cuando ya su salud se encontraba deteriorada.
Cuando llegué a Yavne, enviado a fungir como Profesor, y después de clase, reunía a adolescentes para enseñarle Torá y Talmud, y visitaba las distintas Sinagogas del lugar, donde aprovechaba la oportunidad para hablar de Torá y Halaja, y gracias a estas actividades hice de amigos, los cuales me invitaban a pasar Shabatot y festividades en sus hogares. Quiero dejar claro que estamos hablando de un Rabino joven, ashkenazi y oriundo de la lejana Argentina, donde las costumbres eran distintas pero el corazón era uno, todos judíos, amantes de la Torá y creyentes en el D-s de Israel.
Después de unos meses, recibí una invitación, por intermedio de un amigo, para pasar Shabat en la casa del Rabino de la ciudad. Ese viernes por la noche participe en los rezos en la Sinagoga del Rabino, rito sefaradí, marroquí, distinto a lo conocido por mí, pero me sentí cómodo al ver los rostros de la gente, jóvenes y adultos rezando con fervor y suma concentración. Terminó el rezo y Rabí Abraham me invitó a acompañarlo a su casa, cuando llegamos me encontré con una mesa servida de todo que una persona puede apetecer, sus hijos estaban ya sentados alrededor de la mesa y de la cocina salió su esposa, la Rabanit, con una sonrisa en los labios y un Baruj HaBa, bienvenido.
Durante todos estos años fue para mí una madre, maestra y consejera y gracias a ella, a su esposo, a toda esta santa familia conocí a grandes estudiosos de la Torá, a los cuales los tengo, junto a mis Maestros, como ejemplo de amor al pueblo judío sin diferencia de origen e idioma de conducta honorable y de santidad.
Paz a la memoria de la Rabanit Rujama Abujatzira, su ejemplo será imborrable para sus hijos, nietos, biznietos, tataranietos y demás familiares.
¡Que HaShem bendito la tenga en Su santa Gloria!, Amen.

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