Demuelen el hospital judío de Tánger

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Por Aquiba Benarroch L.
Era una noche del último Pésaj. Los que estaban hospitalizados se disponían a cenar. De repente un ruido enorme de camiones y otros artefactos para demoler hicieron su presencia cerca del hospital, detuvieron a los guardianes —todos ellos marroquíes musulmanes—, incautaron sus teléfonos portátiles y los llevaron a prisión. Suponemos que trasladarían a los viejitos hospitalizados al asilo para ancianos y procedieron a demoler el edificio del hospital. En pocos minutos, todo el edificio se convirtió en una explanada, al parecer para hacer un jardín frente al antiguo palacio de Mulay Hafid.
No está nada claro porqué las autoridades marroquíes procedieron a la demolición del hospital. Un periódico del Tánger marroquí lo atribuyó al caid de la ciudad, que al parecer es un violento antisemita; otros rumores de fuente judía dicen que se hizo con el acuerdo de la misma comunidad, pues al parecer no estaba muy claro la propiedad del hospital. Pero hay un hecho concreto que me indigna: se destruyó una institución pionera en la asistencia medica y quirúrgica de los necesitados, y no puedo comprender que los pocos dirigentes comunitarios que aún viven en Tánger hayan dado su acuerdo para destruir un monumento histórico valioso.
El hospital se denominaba Hospital Benchimol, en honor a Haim Benchimol, ciudadano judío francés que lo creó al final del siglo XIX. Según mis recuerdos, él había dejado una fundación importante con fondos para mantenerlo.
Yo fui médico de ese hospital en mis años jóvenes, donde practiqué obstetricia y ginecología; asistí a centenares de partos y practiqué centenares de intervenciones quirúrgicas. El hospital estaba abierto para todos los necesitados —judíos y no judíos— y en él colaborábamos sin recibir sueldo algunos, casi todos, de los médicos judíos que vivían en Tánger. A través de los años se fue modernizando, y en los años 50 ya habían modernos equipos médicos. Muchos de nuestros correligionarios que viven en Venezuela han venido al mundo en ese hospital. Por eso creo que todos los tangerinos —judíos o no— recordarán con mucho cariño nuestro pequeño hospital.
La demolición de una más que centenaria institución, que probablemente ha debido ser uno de los más antiguos hospitales construidos en África, me produce pena e indignación. Las piedras hablan y conservan algo de la vida y de los valores humanos que se hicieron en ese edificio, por eso las autoridades de todos los países del mundo que sienten la importancia de las antiguas edificaciones y construcciones, las catalogan como monumento nacional o las convierten en museos. Aquí no se hizo nada de esto; simplemente vinieron con nocturnidad a demoler un edificio e institución que ha sido muy importante para miles de personas: judíos, musulmanes y cristianos, en un ejemplo sin igual de convivencia humana y de tolerancia, además de confraternidad.
Con la demolición del Hospital Benchimol parece que se cierra definitivamente la historia de los judíos en Tánger que vivieron allí durante siglos, incluso antes de que lo conquistaran los árabes. Sólo nos quedan los recuerdos y la historia, una memoria histórica que se habría podido perdurar, pero no se quiso, y al parecer se pretendió destruir las huellas de nuestro paso, de los judíos, por Tánger.
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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