Literatura infantil judía a través del tiempo

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Por Rajel Hendler
Estamos a principios del año 2011; en los últimos 10-15  años, se lee y se encuentra todo  en internet, en las computadoras.
Y yo me puse a reflexionar sobre la literatura en general y la literatura infantil judía en especial, ayer y hoy, y su importantísimo papel .
Los factores más importantes que tenemos que tomar en cuenta al estudiar Literatura en general y Literatura Judía en especial, es trasladarnos en el tiempo al lugar, analizar todas las fuerzas, las influencias políticas, económicas, religiosas, espirituales y sociales de la época en que los hechos sucedieron.
En el siglo XIX se produce un cambio radical en la vida judía en Europa y especialmente en Rusia. En el espíritu de la Revolución Francesa, en sucesivos adelantos y retrocesos, comienzan los judíos a recibir gradualmente emancipación. Después de duras luchas y derramamientos de sangre esos vientos también llegan a Rusia y cuando parece que la libertad ya logró romper las barreras de hierro soviético, el sol alumbra un tiempito y comienzan nuevos ataques sangrientos, pogromos y expulsiones.
Un clásico ejemplo de la relación historia-literatura la encontramos en la obra de Sholem Aleijem, Tevie el lechero, sus desgracias, sus alegrías, su llanto, su risa, cada hija es un capítulo de la historia social de la época. Así como el escultor orada la piedra, Sholem Aleijem esculpe con sus palabras el vía crucis de ese pueblito y sus habitantes. La historia aclara y complementa la literatura, y la obra literaria pinta, adorna y da vida a los secos datos cronológicos, brinda a los hechos corazón, emoción, nervios y sangre.
Es interesante señalar como ciertos lugares y personajes se convirtieron en sinónimos universales. Por ejemplo: Kasrilevke es el sustantivo que caracteriza el villorrio de aquella época. Así como en la literatura universal Otelo significa celoso: el Quijote idealista e ingenuo; Romeo y Julieta un gran amor imposible; Menajem Mendl, el comerciante ingenuo y fantasioso.
En igual forma debemos interpretar y sentir la literatura infantil judía, su relato y su época. La literatura infantil judía es específica, sui géneris. La vida judía siempre fue diferente de los pueblos que la rodean, teniendo en cuenta los lugares (a que vamos a referirnos), las aldeas de Rusia y Polonia donde los chicos crecían, se desarrollaban, se educaron; donde los poetas y escritores en idish escribieron y crearon, y luego también en hebreo.
El shtetl, el mercado, la callejuela, el jeder, el carrero, el rebe, el miedo al goi, la pobreza, la miseria; esta fue la vida cotidiana, el sábado y las fiestas eran el recreo, la alegría, el disfrutar. La diferencia entre sagrado y profano.
Esta fue la temática, la fuente de inspiración de la poesía y los cuentos para niños, o sobre niños; esto está en contradicción con la moderna psicología, pero esta fue la realidad, así los chicos vivieron.
Sholem Aleijem, por ejemplo, describe como jugaba con el hijo del rebe representando al judío pobre y al goi que venía a hacer un pogrom. En una antología de cuentos encontraríamos siempre estos temas: el tjum hamoshav (el territorio permitido a los judíos), el jeder, el miedo al goi y… sobre todo, especialmente acentuado, la preocupación de la madre judía porque el hijo estudie, vaya al jeider desde su más tierna infancia.
Sobre estos momentos nos cuentan en detalle Mendele Mojer Sfarim, Peretz, Bialik, Sholem Aleijem, Raizin, Varshavsky, Frug, Dinezon y tantos otros. Mendele se pregunta: “?Ve y enciérrate a estudiar… .profundizar en tus pensamientos…. mientras que ante tus ojos está el mundo de Dios con tantas cosas lindas que tientan?”
Frug, en su libro “El Mundo del niño judío” cuenta: “Cumplí siete años ya y mi madre, que está sana, me dice: `Llegó el tiempo de ir al jeder, basta de jugar”.
Peretz nos comenta “…Observamos cómo nuestro hijo crece, cómo su alma se refleja en su mirada…. y el padre, esta es la función del padre, lo envuelve en el Talit y lo lleva al jeder”.
Sintetizaremos la inspiración poética de la época, su temario, su sentir, con algunos fragmentos de dos poemas, uno en hebreo y el otro en idish.
“Mi Canto”  de Bialik: “Sabes tú de quién aprendí a cantar/ un pobre grillo se instaló en la casa paterna. Y sabes porque un suspiro alimento. Al alba cuando mi madre la mesa sobaba febrilmente/ yo sentía que una lágrima muda en la mesa caía/ luego en el desayuno el pan se repartía/ Al comerlo, en los huesos me quedó el gemido…” (La madre, el niño, la miseria, el sábado).
“Oifn pripechok” de Varshavsky: “Sobre el hornillo arde un fueguito/ y la casa está caldeada/ y el rebe enseña… el Alef Bet”.
“Cuando seáis más grandes comprenderáis/ cuántas lágrimas hay en estas letras… Y de estas letras recibiréis fuerza y aliento…” (el jeder, el rebe, el niño).
Y nosotros nos preguntamos: ¿eran felices aquellos niños?
¿Acaso no se reían, no hacían travesuras dentro de esas condiciones negativas, peligrosas, y cómo les afectaban?
Y preguntamos, también con referencia a lo que vivimos y aún estamos viviendo, hoy aquí.
¿En qué medida influyen situaciones trágicas, traumáticas, catastróficas sobre la personalidad del niño, de su alma?
Pregunta muy actual en nuestros días, y después del Holocausto, a pesar del modernismo, del adelanto técnico, ante la inseguridad y la violencia.
Encontramos una respuesta para hoy del ayer; nos la da el Prof. Mijael Shneiersohn (1895-1958), el nieto del rabi Shneior Zalman de Liadi, jefe del Jasidismo Jabad.
¿Acaso no reían, jugaban, soñaban, bailaban, construían, los chicos en los guetos, en los campos de concentración?, pregunto yo.
El Prof. Shneiersohn fundamenta su teoría sobre condiciones dormidas de la persona, que le permiten por sí solas rebelarse, con la ayuda que le brinda al niño a descubrir sus dones naturales, sus vocaciones. Su lema era y se percibe en toda su obra, una fuerte tendencia optimista, jasídica.
Pero explica: “Esto no significa que situaciones anti naturales y condiciones inseguras dejen incólume, sin daño, la mente del niño. El autor se refiere tanto a perjuicios directos, como a las influencias posteriores y afirma: “Las consecuencias inmediatas a veces no se perciben, pero crecen y se transforman junto con el niño, y en años posteriores, pueden ser el origen o la fuente de determinados trastornos emocionales”.
Dijimos al comienzo: la literatura brinda color y emoción a la historia y ésta complementa el panorama que la literatura relata, decora.
Así lo confirma Dubnov en su autobiografía cuando cuenta: “Tembloroso recuerdo aquellas vivencias sublimes en el jeder, un 9 de Av, día de la caída de Betar y de Jerusalén. El rebe nos relata los trágicos momentos y lee Meguilat Eijá (las Lamentaciones), ahogado por las lágrimas. Yo salgo al balcón y veo del otro lado de la colina cúpulas doradas del Monasterio y sus relucientes crucifijos, que brillan al sol, allí el templo triunfal y aquí la destrucción del Beit Hamikdash, y nosotros los chicos llorando en el galut”.
Como vemos, la literatura infantil fue, es y será una clase de historia.
El ayer, nuestro hoy, nuestro futuro, constituyen una unidad. La vida judía, el pueblo judío hoy, ayer y siempre.
Fuente: Aurora Digital

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