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Por Beatriz W. De Rittigstein
La historia nos recuerda que la alianza de persas y medos creada por Ciro el Grande derrotó al imperio babilónico. El rey persa encontró una gran comunidad judía desterrada en Babilonia y promovió el retorno a su tierra en el año 538 a.C. En el Libro de Esdra se relata que Ciro les indica a los judíos babilónicos: "El Dios del cielo me ha encomendado construirle una casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien pertenezca a ese pueblo, se le permitirá ir a Jerusalén y reconstruir la casa del Dios de Israel".
Ciro puso fin al cautiverio de los judíos y autorizó que regresen a la tierra de sus orígenes. Además, les devolvió Jerusalén, donde los judíos reconstruyeron el Templo. De este modo mantuvieron un reducto independiente hasta que el imperio romano los dispersó.
En la actualidad, haciendo caso omiso a estos hechos históricos, la teocracia iraní no admite el derecho a existir de Israel y promueve la idea de la ilegitimidad del Estado judío. Sin embargo, para nuestra sorpresa, hace días recibí un material, cortesía de la embajada iraní, con el título "Irán – La cuna de la gloria, paz y amor", en el que, textualmente, dice: "Otro caso muy conocido de tolerancia persa, en este caso también de Ciro y también durante su conquista de Babilonia, es el haberle permitido a los judíos que lo desearan y que estuvieran allí cautivos, regresar a su tierra y reconstruir su templo. Este hecho, que ha quedado registrado en la Biblia, ha supuesto que el Antiguo Testamento haya visto a Ciro no solo como un rey justo y ecuánime sino como el instrumento de Yahvé para hacer cumplir su voluntad". Así, con este escrito, el régimen de los ayatolas honra la historia y ratifica el derecho del pueblo judío a la tierra de Israel.

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