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Por Roland J. Behar
Inexplicablemente, algunos nombramientos a comisiones muy importantes en Naciones Unidas se consiguen sin que medie una elección de los países propuestos.
Ese ha sido el caso de una comisión de vital importancia para la Humanidad, por representar los intereses de las mujeres, quienes constituyen más del cincuenta y cinco por ciento de la población del planeta: la Comisión del Estatus de la Mujer.
Recientemente, con la mayor discreción, las Naciones Unidas han elegido nada más y nada menos que a la República Islámica de Irán como miembro de dicha comisión por un término de cuatro años a partir del 2011. El propósito de esta entidad es, exclusivamente, luchar por la igualdad de la mujer en todas las esferas de la vida además de coadyuvar a su avance y desarrollo en la sociedad.
La República Islámica de Irán trató de conseguir inútilmente —gracias a Dios— ser elegida al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Cuando sus dirigentes advirtieron lo arduo de alcanzar dicho objetivo, abandonaron sus esfuerzos en esa dirección y encaminaron sus energías a la consecución de una posición en alguna de las comisiones del Cuerpo de Derechos Humanos de la ONU.
Aunque parezca inconcebible, la República Islámica de Irán fue elegida “por aclamación” junto a otros diez países que ocuparon posiciones vacantes. En otras palabras: lo consiguieron sin requerir el voto, no ya de la Asamblea General de la ONU, ni siquiera el de los actuales miembros de la Comisión del Estatus de la Mujer.
Para darle comicidad a lo absurdo de esta elección tenemos el hecho de que sucede justo una semana después de que Hojatoleslam Kazem Sedighi, uno de los más altos clérigos de la República Islámica de Irán, declaró que la “inmodesta forma de vestir de las mujeres descarría a los jóvenes adultos, les corrompe, les daña su castidad y difunde la práctica del adulterio” y que sus ropas reveladoras eran “culpables de los terremotos”. Dígale eso a cualquiera de nuestras bellas compatriotas, cualquier día de verano y verá a qué se enfrenta.
Por supuesto, dichas declaraciones provocaron el lógico alboroto internacional, pero en nada afectó al flamante derecho de la República Islámica de Irán de ser un árbitro internacional de los derechos de la mujer.
De acuerdo a una petición enviada a la ONU por más de doscientos activistas de Irán y respaldada por varias organizaciones de derechos humanos, se destaca que en la República Islámica de Irán las mujeres carecen de la capacidad para elegir a sus maridos, no tienen ningún derecho independiente a la educación después del matrimonio, no tienen derecho a divorciarse, ni a la custodia de sus hijos, no tienen protección contra la violencia en espacios públicos, las cuotas de admisión de las mujeres en las universidades están restringidas y son arrestados, golpeados y encarcelados los que osen solicitar pacíficamente los cambios necesarios de dichas leyes.
Los demás miembros actuales de esta Comisión del Estatus de la Mujer son: Alemania, Argentina, Armenia, Azerbaiyán, Bangladesh, Bielorrusia, Bélgica, Camboya, República Central Africana, China, Colombia, Comoras, Cuba, República Dominicana, El Salvador, Eritrea, España, Estados Unidos, Gabón, Gambia, Guinea, Haití, India, Irak, Israel, Italia, Japón, Libia, Malasia, Mauritania, Mongolia, Namibia, Nicaragua, Nigeria, Pakistán, Paraguay, Filipinas, República de Corea, Federación Rusa, Ruanda, Senegal, Suiza, Suecia, Turquía, Uruguay y, ahora, la flamante República de Irán.
La incongruencia de esta Comisión del Estatus de la Mujer se reafirma al conocer lo que ocurre actualmente en algunos de los países miembros de dicha comisión, seguramente también electos “por aclamación”. Tanto en la República Central Africana, Egipto, Eritrea y en Guinea, el método de mutilación genital es practicado a un alto porcentaje de las niñas y adolescentes.
Para cualquiera con un mínimo de poder de análisis, resulta asombrosa la contradicción que implica que un Estado teocrático como la República Islámica de Irán, cuyas leyes prescriben y aplican el flagelo o la lapidación a “mujeres inmodestas”, según sea el caso, no encuentre oposición en el seno de una prestigiosa y seria organización internacional como supuestamente lo es la ONU para integrar esta comisión.
Cuán lejos estamos de los tiempos en que la razón, la decencia, la equidad y el decoro imperaban y eran la norma en las Naciones Unidas. Tiempos aquellos en que, con la ayuda de la ONU, Europa logró resurgir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. ¡Qué pena por su inutilidad e ineficacia actual y el secuestro de sus valores fundacionales!
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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