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Solo contra el imperio
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Por Beatriz W. De Rittigstein
Desde hace un tiempo somos testigos de una sistemática campaña deslegitimadora de Israel, con el propósito de negar su derecho a existir como Estado judío en su tierra ancestral. Para ello se utilizan diversas estrategias; una de las más canallas es el plagio de la historia. La maniobra consiste en apropiarse de la epopeya del pueblo judío a fin de suprimir sus notorios lazos con la región, y conferir un inexistente carácter musulmán a los sucesos históricos, pese a que el Islam aún no existía en muchos de sus mitos, como el caso de la goebbeliana repetición de los "11 mil años del pueblo palestino". Recordemos que el Islam se inició en el año 622 de la EC y constituye una religión abrahámica debido a la influencia del judaísmo.
Los coordinadores de la campaña antijudía se infiltraron en los organismos internacionales. Así, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU está conformado por países violadores de los derechos de sus poblaciones, como Libia, Cuba, Arabia Saudita, por citar algunos.
No por casualidad, en fecha reciente, la Unesco aprobó una iniciativa de los países árabes que califica a la Cueva de los Patriarcas y la Tumba de Raquel, de mezquitas. Con esta acción arbitraria, la Unesco, sin sustento cultural borró seis mil años de historia de la humanidad, desconociendo que ambos lugares están intrínsecamente vinculados a la esencia y origen del pueblo judío.
Ello muestra la indolencia de la política occidental, la cual permite que un organismo definido por su pacifismo e imparcialidad, actúe en contradicción a su mandato y se preste a promover un negacionismo histórico que facilita a un sector extremista, de recursos adulterados que busca, tendenciosamente, extirpar las raíces judías de Israel.

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