Operativo Pilar de Defensa: ¿por qué ahora?

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Por Marcelo Kisilevski
El actual operativo israelí, que tiene por fin frenar el disparo de misiles de diverso alcance por parte de las facciones radicales palestinas, tiene que ver con las elecciones en Israel del próximo 22 de enero, pero a la inversa. El premier Netanyahu y el ministro de Defensa Barak hubieran deseado esperar hasta después de esa fecha, para que no se los acusara, tanto adentro como afuera, de especulación electoral. Ante la realidad impuesta por la escalada por parte palestina, Barak salió a los medios: "No permitiremos que Hamas aproveche nuestro momento pre-electoral". Por lo tanto, a la hora de la verdad, para ambos líderes, era importante lanzarlo y concluirlo en la fecha más temprana y alejada posible de los comicios.
Hubo también consideraciones climáticas: no esperar a que el invierno, ya en diciembre, impusiera también sus condiciones.
Pero la presente escalada, en realidad, tuvo que ver más con la interna palestina que con la israelí. "Plomo Fundido", el duro operativo israelí de fines de 2008, había tenido el efecto de generar una organización Hamas convertida en partido de gobierno con responsabilidad civil, al entender que su mandato no se reducía a atacar al "enemigo sionista", sino a atender los problemas de la gente en Gaza y a defender su seguridad. Por eso, por dos años, no sólo dejaron de lanzar misiles, sino que armaron una infraestructura de férreo control policíaco contra organizaciones opositoras a Hamas aunque igualmente radicales, tales como la Jihad Islámica, los Comités de Resistencia y Al Qaeda palestina. Más aún, desde la guerra civil en Siria, cuando Hamas se vio arrastrado a apoyar la oposición sunnita contra Bashar al Assad, la organización palestina perdió el apoyo de éste y de su protector, Irán.
Hamas volvió así a la égida de Egipto, ahora gobernado por su aliado natural, la Hermandad Musulmana, de la que Hamas se autodefine como su "brazo palestino". Irán, por su parte, no iba a renunciar fácilmente a su cabeza de playa en Gaza, y pasó a apoyar y pertrechar a la Jihad Islámica y los Comités.
Resultado: la Jihad Islámica comienza a lanzar misiles contra Israel contra la voluntad de Hamas, que necesitaba pacificar la zona para alinearse con Muhamad Morsi de Egipto, que a su vez necesita alinearse con EE.UU. para seguir mereciendo el generoso financiamiento norteamericano. En efecto, es Egipto actualmente, a pesar de sus condenas declarativas a Israel, el mayor interesado en mediar lo antes posible el final de la crisis.
Hamas se ve obligado por la dinámica creada por Jihad a incorporarse al lanzamiento de misiles, para no perder asidero en la opinión pública palestina, acabando así por abandonar la política de autocontensión, que empezaba a ser percibida como colaboracionismo con el "enemigo sionista".
No por nada, una de las metas declaradas del gobierno israelí en este operativo tiene que ver con "restaurar las reglas de juego a como eran antes de la presente escalada". En esos meses, en efecto, los intereses de Israel, Egipto, y también Hamas, eran coincidentes: pacificar la región. Y no por nada, la cúpula israelí siente que está jugando una guerra de cerebros, en realidad, no otro que con Irán.
Fuente: diario El Clarín

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