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Por Cathel Nelly
En el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv, la exploración se realiza en 30 minutos. ¿La clave? Mirar a los pasajeros a los ojos. Mientras los aeropuertos de Norteamérica gimen bajo el peso de otro cambio radical en los procedimientos de seguridad, una palabra permanece saltando de las bocas de los expertos: Israelificación.
Esto es, cómo podemos hacer a nuestros aeropuertos más parecidos a los de Israel, que están sujetos a amenazas mucho mayores con muchas menores molestias.
“Para nosotros israelíes, es alucinante ver lo que ocurre en Norteamérica, porque pasamos por esto hace 50 años”, dijo Rafi Sela, el presidente de AR Challenges, una consultora global de seguridad en el transporte. Ha trabajado con el RCMP, el U.S. Navy Seals y en aeropuertos alrededor del mundo.
“Los israelíes, a diferencia de los canadienses y los estadounidenses, no toman s— de nadie. Cuando la agencia de seguridad de Israel (la ISA) comenzó a implementar una más estricta seguridad y teníamos que esperar en fila durante – no horas – sino 30 o 40 minutos, todo se frenó infernalmente. Dijimos, ‘No vamos a hacer esto. Se debe encontrar una forma que cuide de la seguridad sin tocar la eficiencia del aeropuerto`”.
A pesar de enfrentar docenas de potenciales amenazas todos lo días, el sistema de seguridad en el mayor centro de Israel, el Aeropuerto Internacional Ben Gurion de Tel Aviv, no ha sido puesto en peligro desde 2002, cuando un pasajero, erróneamente, llevó un arma de mano dentro de un vuelo. ¿Cómo manejan eso?
El primer nivel de real seguridad que recibe a los viajeros en Ben Gurion, es un control en el camino. Todos los conductores son detenidos y se les hacen dos preguntas: ¿Cómo está? ¿De dónde viene?
“Dos preguntas benévolas. Las preguntas no son importantes. Lo es la forma en que la gente actúa cuando les responden”, dice Sela.
Una vez que se estaciona el automóvil o se baja del autobús, se pasa a través del segundo y tercer perímetro de seguridad.
Fuera de la terminal, guardias armados observan a los pasajeros cuando se dirigen hacia las puertas, nuevamente buscando comportamientos extraños. En la media docena de entradas en Ben Gurion, otro nivel de seguridad observa. En este punto, algunos viajeros serán apartados al azar, y su persona y equipaje pasarán por un magnómetro.
“Esto es para ver si usted lleva metales pesados con usted o algo que parece sospechoso”, dice Sela.
Ahora usted está en la terminal. Cuando se aproxima al mostrador de check-in de su aerolínea, un entrevistador entrenado toma su pasaporte y su pasaje. Le hacen una serie de preguntas: ¿Quién hizo las maletas? ¿Estuvo fuera de su lado?
“Todo el tiempo, te miran a los ojos – lo que es muy embarazoso. Pero ésta es una de las formas en que se pueden dar cuenta si usted es sospechoso o no. Toma 20, 25 segundos”, dice Sela.
Las filas están escalonadas. A la gente no se le permite agruparse formando blancos que invitan a una bomba suicida que hubiera llegado tan lejos.
En el mostrador de check-in, su equipaje es inmediatamente escaneado en un área especialmente preparada. Sela hace el papel de abogado del diablo – ¿Qué pasa si usted eludió la atención de los primeros cuatro niveles de seguridad, y ahora trata de pasar un bolso con una bomba adentro?
“Una vez le pregunté esto a Jacques Duchesneau (el anterior jefe de la Autoridad Canadiense de Seguridad del Transporte Aéreo): digamos que hay un bolso con plastilina y dos lapiceras metidas adentro. Eso es ‘Bombas 101’ para el que observa la pantalla. Le pregunté a Duchesneau, ‘¿Qué habría hecho?’ Y él dijo, ‘Evacuar la terminal’. Yo dije, ‘Oh, Dios mío’.
“Tomemos Pearson (el aeropuerto de Toronto). ¿Sabe usted cuánta gente hay en el aeropuerto en cada momento? Muchos miles. Digamos que estoy realizando una evacuación sin pánico – que nunca ocurrirá. Pero digamos que este es el caso. ¿Cuánto tiempo tomará? Nadie lo pensó. Yo dije, ‘Dos días’”.
Un observador de pantalla en Ben Gurion tiene un par de mejores opciones.
Primero, el área de la pantalla está rodeada por un contorno de vidrio a prueba de explosiones, que puede contener la detonación de hasta 100 kilos de explosivo plástico. Sólo las pocas docenas de personas dentro del área de la pantalla necesitan ser evacuadas, y hasta un punto a unos pocos metros de distancia.
Segundo, todas las áreas de las pantalla contienen ‘cajas de bombas’. Si un observador de pantalla descubre un bolso sospechoso, él/ella está entrenado/a para recogerlo y colocarlo en la caja a prueba de explosión. Un escuadrón antibomba llega rápidamente y se lleva la caja para posterior investigación.
“Este es un pequeño y simple ejemplo de cómo podemos, simplemente, detener un problema que podría inutilizar uno de vuestros aeropuertos”, dijo Sela.
Cinco niveles de seguridad han quedado atrás: llegó usted finalmente al único en el que el aeropuerto Ben Gurion comparte con Pearson – el control corporal y de equipaje de mano.
“Pero aquí se hace completamente, absolutamente 180 grados diferente de cómo se hace en Norteamérica”, dice Sela.
“Primero, es rápido – casi no hay fila. Es porque no buscan líquidos, no buscan en sus zapatos. No buscan todo lo que buscan en Norteamérica. Simplemente lo miran a usted”, dice Sela. “Aún hoy, con la seguridad intensificada en Norteamérica, controlarán su cosas hasta la muerte. Pero nunca lo mirarán a usted, cómo se comporta. Nunca mirarán a sus ojos… y ese es el modo para separar a los malos de los buenos.”
En Ben Gurion, el objetivo es mover a los que vuelan, desde el estacionamiento hasta la sala de embarque del aeropuerto en un máximo de 25 minutos.
Y entonces hay inteligencia. En Israel, dijo Sela, una coordinada operación conjunta de inteligencia produce una constantemente evolucionada serie de análisis de amenazas y estudios de vulnerabilidad.
“En Canadá y Estados Unidos no se hacen, absolutamente, inteligencia y análisis de amenazas”, dijo Sela. “Absolutamente ninguna”.
Pero aún sin inteligencia, sostiene Sela, Umar Farouk Abdulmutallab – que supuestamente trató de hacer estallar el vuelo 253 de Northwest Airlines en el día de Navidad – no podría haber logrado pasar los analizadores de comportamiento de Ben Gurion.
Así que, ocho años después del 11/9, ¿por qué somos tan reacios?
Sela culpa primero a nuestros líderes, después a nosotros mismos.
“Ustedes pueden, fácilmente, hacer lo que nosotros hacemos. No tienen que cambiar nada. Sólo tienen que agregar un poquito – tecnología, entrenamiento”, dijo Sela. “Pero deben cambiar completamente la forma en que realizan la seguridad aeroportuaria. Y eso es algo con lo que los burócratas tienen un problema. Están muy encerrados en su propio concepto”.
Y, en lugar de temer, sugiere que la indignación sería un mucho más poderoso acicate para provocar ese cambio.
“¿Sabe usted por qué los israelíes están tan calmados? Tenemos brutales ataques terroristas contra nuestros civiles y, aún así, la vida en Israel es bastante buena. La razón es que la gente confía en sus fuerzas de defensa, en su policía, en sus grupos de respuesta y en las agencias de seguridad. Saben que están haciendo un buen trabajo. No se puede decir lo mismo de los estadounidenses y de los canadienses. No confían en nadie”, dijo Sela. “Pero dicen, ‘todo bien hasta el momento’. Entonces, si algo ocurre, todo se frena infernalmente y usted tiene que pasar 8 horas en un aeropuerto. Lo cual es ridículo. No se justifica”.
Fuente: Guysen News

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