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Por Rebeca Perli
"Las puertas se abrieron, pero nadie se movió. Todos quedamos petrificados. Enseguida se nos dio alimento, y muchos fallecieron por comer desesperadamente". Así describió mi prima Rita su liberación del campo de exterminio de Auschwitz, el 27 de enero de 1945. Sólo ella regresó: su madre y su hermana de 10 años fueron llevadas directamente a la cámara de gas; su padre falleció de inopia; su hermano había sobrevivido pero un nazi lo mató a quemarropa.
Personas sin escrúpulos niegan el Holocausto y encuentran adeptos porque es difícil entender que se hubiera perpetrado tan sofisticada ingeniería de la muerte en la que no se escatimaron esfuerzos para lograr un exterminio sistemático, eficaz y hasta económico de los judíos. En eso se diferencia de todos los demás, igualmente execrables, genocidios: en el empeño de buscar la "solución final".
Per Ahlmark, ex vice primer ministro de Suecia, ha hecho interesantes comentarios al respecto: "No se debe dar tregua" ha dicho "a los negadores del Holocausto, sobre todo teniendo en cuenta que este es un tema que está pasando de la Memoria a la Historia. Los sobrevivientes declinarán en número en los próximos años, mientras que los detractores irán aumentando". "Los antisionistas explotan las palabras conectadas con el sufrimiento judío y con esa actitud pretenden encubrir o refutar la responsabilidad por los crímenes cometidos en el pasado". "Los antisionistas claman que no tienen nada contra los judíos sino únicamente contra el Estado de Israel… supongamos que alguien dijera "Me encantan los suecos pero Suecia debería ser abolida"…".
Frases que invitan a la reflexión.
El 27 de enero ha sido instituido por la ONU como Día Internacional de la Memoria del Holocausto, una memoria que debería practicarse a diario.

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