De memoria a historia
14/03/2013
Kibutz
25/03/2013

Por Guido Maisuls
Cuando era un niño de tan sólo diez años, mi pasatiempo favorito era imaginarme historias fantasiosas donde yo mismo era el protagonista principal. Al conocer las tremendas peripecias del pueblo judío durante y luego de la expulsión de España en 1492, los tormentos del exilio para algunos y las torturas de la Inquisición para otros, provocaban en mí sentimientos de bronca contra esa Corona española que por un lado esclavizaba y exterminaba a los indígenas americanos y por otro robaba las grandes riquezas de oro y plata del nuevo continente conquistado.
Yo mismo me imaginaba un gran jefe corsario que al mando de mi banda de piratas judíos y marranos, hacíamos justicia asaltando los galeones españoles que viajaban repletos de riquezas a la vieja Europa y luego repartíamos el preciado botín entre los indios sometidos y los esclavos negros que habíamos liberados con nuestra lucha de las huestes españolas en las paradisíacas islas de Jamaica, de Haití o de Cuba.
En aquel entonces yo ignoraba que en los antiguos cementerios de Jamaica y otras lejanas islas del Caribe se encontraran lápidas con inscripciones en hebreo y que pertenecieran a esos piratas descendientes de judíos españoles y portugueses que se radicaran en la joven América luego de la expulsión de la Península Ibérica o de las persecuciones de la non sancta Inquisición.
¿Había llegado el tiempo de la revancha hacia la Corona? ¿Habrán estado orgullosos de vengarse de los reyes de España por los sufrimientos que les causaron a sus abuelos?
La principal zona de operaciones de los piratas fue el Mar Caribe, desde allí podían asaltar los barcos que usaban la ruta de comercio entre América y Europa. Sus claros objetivos eran las ricas colonias españolas en América y las flotas españolas que transportaban metales preciosos y joyas.
Una de las principales bases de los piratas fue la Isla de la Tortuga, cercana a Haití, donde se fundó una curiosa asociación entre piratas de distintas nacionalidades, incluidos los descendientes de estos judíos sefardíes, la “Cofradía de los Hermanos de la Costa”. Crearon sus propias leyes para dirimir sus conflictos y se instituía así la igualdad entre todos los piratas, la propiedad colectiva de la isla y el derecho de todos a la libertad de movimientos. Se tomaban las decisiones de forma completamente democrática por medio del voto universal y siempre se pactaba el reparto del botín desde antes de zarpar hacia alta mar.
Desde el siglo XVI, estos descendientes de judíos sefardíes se dedicaron a atacar a las naves de la Armada española que viajaban cargadas de oro, plata y especias hacia Europa, quizás incentivados o animados por esas otras grandes potencias de aquella época como eran Francia, Holanda y Gran Bretaña.
Como el portugués Moisés Cohen Enríquez, que en 1628 asestó grandes golpes a las naves españolas que viajaban cargadas de riquezas robadas a los indios de esa virgen y verde América.
Como Jacob Mashaj, que junto a su esposa Déborah yacen en sus sepulturas judías donde aparece el típico símbolo de la calavera con los huesos cruzados que identificaban a los piratas de aquellos tiempos.
Como el famoso pirata inglés Sir Walter Ralley, que era un gentil pero que tuvo como capitán a un judío español que se llamaba Simón Fernández que había huido de la Inquisición y se convirtió en su mano derecha para la actividad corsaria.
Como el gran pirata Henry Morgan, un cristiano galés que fue el más famoso y legendario pirata del Caribe y que empleaba preferentemente como tripulantes de su flota a muchos judíos fugados de Portugal y también a esclavos negros liberados. Se unieron a él tantos judíos que llegó a formar una colonia en la isla de Jamaica donde construyeron sus sinagogas, escuelas judías y albergues para los fugitivos de la Inquisición.
Como loshermanos Jean y Pierre Lafitte, que lucharon contra los españolesen México, para vengarse de las persecuciones de la Inquisición. En su diario personal describe Jean Lafitte su infancia en la casa de su abuela judía, Sara Madrimal,sobre los interminablesrelatos de las familias judías que escapaban de la Inquisición. Lafitte estaba casado con Cresta Levin, una judía de Dinamarca.
Entre mi fértil imaginación infantil y las recientes investigaciones históricas se produce un increíble punto de contacto. Pueden ser casualidades, coincidencias, simples fantasías, determinismos históricos, fantasmas del pasado, rigurosidad científica o esas ansias locas de reivindicar ese mítico pasado para conectarlo decididamente con el idealizado, nebuloso y probable futuro.
¿Quienes fueron realmente estos legendarios piratas judíos?
Justicieros.
Vengadores.
Exiliados rebeldes.
Delincuentes.
Marginados sociales.
Liberadores de esclavos.
Combatientes contra la Inquisición.
Luchadores sociales.
Codiciosos empedernidos.
Resentidos sociales.
Robin Hood de la época.
Protagonistas de la historia.
Reivindicadores de su pueblo.
Asesinos despiadados.
Héroes.
Anti héroes.
Mercenarios a sueldo.
Modelos para imitar
Modelos para rechazar.
Inventos fantasiosos.

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