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En una entrevista con la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV), el Dr. Carlos Armando Figueredo, abogado, doctor en ciencias y profesor universitario especialista en derechos humanos, quien tradujo del alemán el libro “Los Juristas del Horror”, de Ingo Muller, analizó el contenido de odio y racismo contenido en las leyes de Nuremberg, aprobadas el 15 de septiembre de 1935 en la Alemania nazi, y cómo se pudo llegar a semejante barbarie del modernismo hace apenas siete décadas.
A continuación la entrevista:
¿Por qué recordar las leyes de Nuremberg?
Las leyes de Nuremberg fueron una especie de preludio de todo lo que vino después contra el pueblo judío y el Holocausto. Desde que Hitler asumió el poder ya había decidido perseguir a los judíos, la legislación vigente en Alemania  cuando Hitler llegó al poder no permitía discriminar ni perseguir a los judíos. Por ello, los nazis tuvieron que aprobar leyes que les dieran margen para ejercer.
¿Explíquenos el contenido de estas leyes?
En 1935 con motivo de una reunión del partido nazi en Nuremberg se aprobaron tres leyes, aunque cabe advertir que Hitler no necesitaba pasar por este proceso porque él ya tenía capacidad de tomar decisiones de cualquier tipo. La primera la ley fue la de la bandera: donde se agregó la svástica nazi al tricolor alemán; la segunda ley fue la de la ciudadanía: donde se le quitó la nacionalidad a muchos extranjeros, incluidos muchos judíos quienes siendo alemanes por derecho adquirido o por nacimiento, perdieron la ciudadanía por el sólo hecho de ser judíos o tener algún familiar o vínculo marital con hebreos, y la tercera ley, que considero fue la peor: la ley para la Protección de la Sangre Alemana y del Honor Alemán para impedir las relaciones entre judíos y arios.
¿Qué impacto hubo en la sociedad?
Con anterioridad a la ley de proteción de la raza y el honor alemán, los funcionarios autorizados para celebrar matrimoninos, se negaban a realizarlos entre personas consideradas como de raza judía y las consideradas como de raza aria. Esa negativa era inconstitucional e ilegal ya que los únicos impedimentos para contraer matrimonio eran los establecidos en el Código Civil. Eso preocupó al Ministerio de Justicia que empezó a  concebir una ley que prohibiera esas uniones. Dicha ley sólo se aprobó en Nuremberg, como antes se dijo. En esa ley se fijaban penas de presidio para ambos cónyuges si contraían matrimonio en desacato a la ley y de prisión o presidio por “deshonra de la raza”.
Los aspectos más graves de esa ley se manifestaron en las sentencias de tribunales, bajo la forma cómo interpretaban la deshonra de la raza. Hubo sentencias que mediante aplicación analógica del derecho condenaban a muerte, por ejemplo, a un judio por leves insinuaciones a una mujer alemana, consideradas como acoso sexual a una mujer cuyo marido combatía en el frente oriental, lo que constituía un atentado contra la seguridad del Reich.
En el tercer juicio de Nuremberg, conocido como el juicio a los juristas (entre ellos jueces y fiscales) salieron a relucir todas esas interpretaciones monstruosas de la ley para condenar a muerte a judíos.
¿Legalizar la ilegalidad?
Por lo general la intención no es delito, la tentativa no es delito y en algunos casos puede llegar a ser un acto preparatorio. Sin embargo hubo casos terribles como, por dar un ejemplo, un judío piropeara a una niña en la calle y ya eso podía ser una condena a muerte por intento de violación. Muchos casos así sufrieron los judíos en la Alemania nazi.
¿Como fue posible llegar a esta barbarie?
Basándose en leyes marco, como la de Ley para la Protección de la Sangre Alemana y del Honor Alemán pero todas la trágicas consecuencias de dicha ley se dieron en su desarrollo jurisprudencial, es decir una jurisprudencia que se convertía en ley y se castigaban los casos más insólitos. Se legalizó la barbarie porque hubo juristas que trataron de darle vida a esta ley, donde las palabras de Hitler se convertían en ley y la mayoría de los juristas, por miedo o por convicción, buscaron complacer a los líderes nazis. Llegaron a cambiar sentencias que por ejemplo podían ser penalizadas con 15 días de prisión por penas de muerte.
Sin embargo, hay que decir que nada de esto puede ser comparado con los millones de judíos asesinados en campos de concentración, quienes nunca pasaron por un juicio y se les asesinó por el sólo hecho de ser judíos.
¿Existe otro caso parecido en la historia universal?
Es difícil encontrarlo, sabemos que aún existen genocidios y violación de Derechos Humanos, pero no a esta escala y con esta magnitud. Sólo puedo recordar algunas leyes italianas sobre la raza que se promovieron en 1938, con algunos casos semejantes pero nunca se llegó a un caso parecido a las leyes de Nuremberg.
Usted tradujo el libro “Los Juristas del Horror” ¿qué nos dice al respecto?
Se llama así porque hubo juristas que se prestaron para darle matiz legal a los crímenes de lesa humanidad que aplicó la Alemania nazi. En los juicios de Nuremberg todos los acusados decían que estaban cumpliendo órdenes; por ello a partir de este momento quedó el precedente de la obediencia legítima, es decir que si a una persona se le ordena realizar una acción monstruosa por el hecho que sea una orden directa no está obligada a cumplirla cuando ésta viola Derechos Humanos.
Ingo Muller, autor del libro, nos cuenta que salvo contadísimos casos no hubo oposición por parte de los juristas. De hecho, sólo hay un caso registrado donde un juez, que por cierto era miembro de una Iglesia protestante, dictó amparos para evitar que se diera muerte a enfermos mentales y, a pesar de las amenazas del Ministerio de Justicia, no se retractó y renuncó al cargo de juez.
¿Cree posible que se repita un hecho así?
Se están repitiendo hechos así, lo que pasa es que las consecuencias no son tan graves, ya no hay las mismas muertes de personas y por ley no se promueven genocidios. Sin embargo, hoy en día vemos tribunales que no se atreven a emitir sentencias que vayan en contra de los intereses de un gobierno.
¿Cómo se puede evitar que esto suceda?
Estableciendo un verdadero Estado de derecho y controlando la autonomía de los poderes de Estado.
Por Abel Flores

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