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Por Rebeca Perli
El mes pasado, el mediocampista Giorgios Katidis, del AEK Atenas, fue suspendido de por vida de la selección de fútbol de Grecia por celebrar con el saludo nazi la victoria de su equipo. Según EFE, el órgano rector del fútbol griego consideró que este gesto es "un profundo ataque a las víctimas de las atrocidades del nazismo y va contra el carácter pacífico y humano del fútbol". Katidis, se excusó vía Twitter diciendo que no habría saludado así "de conocer el significado real del gesto…".
Este incidente que frustró la carrera de un joven deportista, invita a una profunda reflexión sobre la imperiosa necesidad de informar a las nuevas generaciones acerca de lo ocurrido durante la II Guerra Mundial. Katidis no se hubiera comportado como lo hizo si le hubieran enseñado en la escuela lo que representó este conflicto bélico para su patria.
Se le debió haber explicado que, en 1941, el ejército nazi ocupó Grecia, incendió aldeas y masacró a civiles. Sesenta mil griegos de religión judía (el 80% del total) fueron deportados a Auschwitz para ser exterminados.
Se le debió haber informado que, si bien hubo griegos colaboracionistas, la enorme mayoría de la población enfrentó valientemente al invasor; la Resistencia griega fue pionera y una de las más valerosas de la Europa ocupada por el Eje.
Se le debió haber enseñado que, cuando un comando nazi exigió a un soldado griego que arriara la bandera helena que ondeaba sobre la Acrópolis, para sustituirla por el emblema nazi, Kostantinos Koukidis -así se llamaba el soldado- la arrió, se envolvió en ella y se lanzó por el precipicio.
Si a Giorgios Katidis se le hubiera enseñado todo eso, seguro que no habría celebrado la victoria de su equipo con el saludo nazi.

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