Destrucción del Reichstag
14/05/2013
¿Por qué el antisionismo es antisemitismo?
27/05/2013

Por Dr. Gerardo Stuczynski
Un artículo dedicado a la memoria de Carina Stuczynski y Miki Brener Z”L.
A fines de la década de 1980 surge un grupo de nuevos historiadores llamados “post-sionistas”. Preconizan un movimiento revisionista que tiene como intención “desmitificar” el pasado reciente del Estado de Israel, degradando el indudable éxito de la empresa sionista.
Critican la versión oficial de la historia israelí, cuestionando severamente las acciones que los movimientos clandestinos y luego el Ejército de Defensa de Israel, debieron tomar al combatir por la supervivencia e independencia de su pueblo.
Alegan que el problema de los refugiados palestinos no surge porque éstos abandonaron sus casas respondiendo al llamado que les hicieran los líderes árabes, quienes les instaron a retirarse transitoriamente del territorio, sólo hasta que cumplieran su objetivo de echar a los judíos al mar.
Para ellos, el origen fue, en cambio, la injusta e inmoral expulsión de la que fueron objeto por parte del ejército israelí.
Uno de sus más claros exponentes es Ilan Pappé. Este Profesor israelí de la Universidad de Exeter en Inglaterra, afirma que: “Israel surgió con la ayuda del colonialismo occidental. Desterró intencionalmente a la población palestina y justificó este hecho retrospectivamente debido a la especificidad judía que proviene del Holocausto".
Según esta visión, el problema palestino no se relaciona para nada con la no aceptación por parte de los árabes y sí de los judíos, de la Partición de Palestina en 1947, que preveía la creación de dos Estados uno árabe y el otro judío.
Tampoco le asigna relevancia al problema de los judíos que vivían en los países árabes, que fueron expulsados por cientos de miles y absorbidos por Israel, mientras todos los ejércitos vecinos lanzaban una guerra de aniquilamiento en su contra.
Si los palestinos son sólo las víctimas del imperialismo sionista, se deslegitima la existencia de Israel como Estado judío.
Así rescriben la historia, modificando el principal objetivo del movimiento de liberación nacional del pueblo judío que era poseer una casa propia y lo sustituyen por el de la negación de los derechos de otro pueblo.
Al quitarle al sionismo su base espiritual, desaparece el fundamento moral para la existencia del Estado-nación judío, pues lo explican todo sólo en términos de poder.
Por lo cual en palabras de David A. Weinberg (Departamento de Ciencias Políticas del MIT), no habría fundamento” para perseverar en la lucha por el lugar de Israel en el Medio Oriente".
Entonces lo justo sería que Israel renunciara a su carácter judío, para ser un estado más, el Estado de todos sus ciudadanos.
Debo acotar en este punto, que no existe ninguna oposición entre los conceptos de Estado judío y democrático, ni Estado judío y respeto a los derechos humanos, las libertades individuales, las minorías y la igualdad de todos ante la ley. Todo lo contrario. Israel no es una teocracia, es simplemente un país liberal y democrático con mayoría judía, tal como lo anhelaban los primeros sionistas.
Pero como afirma Ruth Gavison, Catedrática de Derechos Humanos de la Universidad Hebrea de Jerusalén: “los Estados pueden sobrevivir en el corto plazo por puro hábito o mediante la aplicación de la fuerza bruta, aún cuando su legitimidad haya sido gravemente dañada. A la larga, sin embargo, sólo un Estado cuya existencia es justificada por sus ciudadanos puede aspirar a perdurar. La capacidad de proporcionar una justificación clara para un Estado judío es, por tanto, de vital importancia para la supervivencia a largo plazo de Israel”.
Obviamente estas teorías post-sionistas olvidan en forma antojadiza partes importantes de la historia como: la especial conexión entre el pueblo judío y la tierra de Israel, los procesos que se dieron en Europa desde el siglo XIX que condujeron al nacimiento del sionismo, la Shoá, la lucha entre el movimiento nacional árabe y judío en Palestina, etc.
El hecho es que la revolución sionista, ha sido, sin duda, la más exitosa del siglo XX. Transformó al judío, que emergía de las cenizas del Holocausto a forjador de su propio destino. Erigió un Estado modelo democrático y avanzado donde antes había sólo un desierto.
La falta de rigurosidad científica y la particular selección de hechos históricos y tergiversación de otros, tiene sin duda, una motivación ideológica específica.
No parece ser muy objetivo que todas las luchas por la independencia de los pueblos estén revestidas de leyendas, valentía y heroísmo, pero la de los judíos, sólo de inmoralidad y maldad.
Cuando un científico, historiador, político o cualquier hombre común, cree en la libre autodeterminación para todos los pueblos, menos para la nación judía, eso sin duda se trata, para decir lo menos, de un anti-sionismo recalcitrante.
Otra vertiente entiende que el post-sionismo es simplemente la etapa histórica posterior al sionismo.
Así como Fukuyama habla del fin de la historia para referirse al fin de las ideologías, estaríamos presenciando el fin de la ideología sionista.
Una vez alcanzado el objetivo supremo, la concreción del Estado propio, la sociedad israelí sufre un proceso natural de debilitamiento de la identidad judía y sionista por el mero hecho de haber transcurrido décadas en su propio país, inserto en un mundo abierto, cibernético y globalizado.
Ahora debe luchar por las metas normales que tienen las demás naciones de la tierra que viven con seguridad en sus respectivos países, como ser elevar el nivel de vida, promover el bienestar social y cultural, una mayor justicia social, una mejor redistribución del ingreso, etc.
El post-sionismo sería la consecuencia natural de la normalización política del pueblo judío, un objetivo deseable incluso para muchas de las corrientes sionistas tradicionales.
Este movimiento, no es anti-sionista, sino que procura una adecuación y modernización de los objetivos del sionismo.
La cuestión es determinar si esta etapa histórica, en la que nos encontramos, sería post-sionista. En mi concepto, nada más lejos de la realidad.
Los hechos nos demuestran que estamos inmersos en un período de intensa implementación de los principios del sionismo clásico: la llegada y absorción de decenas de miles de inmigrantes, el incremento y la distribución de la población por todo el país, la búsqueda de una integración pacífica en la región y el intento por establecer fronteras seguras.
Israel por un lado, es el Estado que se fundamenta en la visión profética de libertad, paz y justicia de nuestras sagradas escrituras y por otro es, al mismo tiempo, pionero en los campos de la ciencia, la tecnología, la industria, la agricultura, con una economía pujante y un nivel de investigaciones y desarrollo humano de los más avanzados del mundo.
Sin embargo Herzl aspiraba aún a más. Soñaba con ser “una luz para las naciones”, una sociedad ejemplar, donde imperasen la igualdad, la justicia, la tolerancia y el respeto. Mientras esa sociedad no tenga esas características, entonces la empresa sionista no estará concluida.
Y no debemos olvidar que Israel es el Estado de todo el pueblo judío y no sólo de sus habitantes, y el lazo espiritual que une a los judíos de la diáspora con Israel es también parte del sionismo.
Ya a principios del siglo XX, Ajad Haam consideraba como tarea fundamental del sionismo afrontar la "cuestión del judaísmo", no la "cuestión de los judíos", y la "cuestión del judaísmo" era la asimilación.
Las comunidades sufren el efecto de la asimilación y la pérdida de identidad, con tal magnitud, que su propia continuidad se ve amenazada. Y esto en general va acompañado de la pérdida de interés en el destino del pueblo judío y del Estado de Israel.
Algunos precursores del sionismo preveían la desaparición de la diáspora, incluso algunos lo deseaban como algo saludable y normal.
Sin embargo, aunque parezca paradójico, uno de los objetivos del sionismo en la actualidad debe ser reforzar a la diáspora, para que en primer lugar las comunidades sigan siendo judías.
Como sostiene Eliezer Schweid, quien fuera laureado con el Premio Israel 1994, el principal objetivo del sionismo en la actualidad es construir el centro espiritual y cultural del pueblo judío.
Si bien hoy en día, la gran mayoría de los judíos del mundo, aceptan la centralidad de Israel, el desafío es elevarlo de centro político a centro espiritual.
Eso contribuiría decididamente a reforzar la identidad judía y por tanto a asegurar la existencia y continuidad de las comunidades.
Los judíos nos sentimos mejor, más orgullosos, más fuertes, debido a la existencia del Estado de Israel. Y más seguros, pues continúa siendo el único refugio con que cuentan quienes se encuentren en situación de peligro.
Por tanto, el sionismo nos identifica, nos une, nos hermana y es nuestra responsabilidad contribuir en la medida de nuestras posibilidades a su fortalecimiento.
De modo que la ideología sionista es, no solamente la mayor manifestación política del judaísmo moderno en plena vigencia y vigor, sino también un medio válido para afrontar los problemas existenciales del pueblo judío en la actualidad.

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