Shoenberg y el No. 13
17/05/2013
Se escabulló del castigo
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Por Georges Bensoussan
Sobre el nombre moderno del mal en la política.
En su historia recuperada por la mitología de sus enemigos (y con frecuencia también de sus amigos), la negación del hecho nacional judío está en el corazón del mundo árabe, o, aún mejor, el Estado de Israel es considerado que es una consecuencia de la Shoah y el sionismo una reacción contra el antisemitismo. Aunque este fue el caso exclusivamente para los  sionistas del oeste de Europa, es decir, solo para una minoría marginal.
En su componente más democrático, la versión árabe consiste en reconocer que la Shoah fue un hecho histórico real comprobado del que los europeos se habrían lavado las manos “a espalda de los Árabes”.
Según esto, los Occidentales habrían robado su país a los palestinos para ofrecérselo a los judíos en compensación del genocidio. Pero justificar la legitimidad del Estado judío  sobre la Shoah, conduce en ambos casos a darles un cheque en blanco a unas gentes que no reconocen ninguna legitimidad intrínseca al Estado de Israel. Esta tesis árabe no es negacionista en el estricto sentido del término, pero cuando pretenden basar la  existencia de Israel en la Shoah, significa rechazar y negar los lazos de este pueblo con su tierra y su lengua. Este negacionismo está presente en nuestro lenguaje cotidiano, pues las palabras nos expresan que olvidamos que  la “explanada de las mezquitas” ha sido voluntariamente construida sobre las ruinas del Templo de Jerusalén. El sionismo es una aspiración nacional que siguió los movimientos liberadores de 1848 y después en 1919, es también un hijo intelectual de la Ilustración que también aspiraba a satisfacer la liberación…
Pero hoy una poderosa ofensiva intelectual que pretende destruir el Estado de Israel , que es considerado como el “otro” repulsivo. Pretende en primer lugar deslegitimar y después a colocarlo fuera de la ley, es decir, fuera de la protección de la ley. Como no se ha conseguido destruirlo por las armas, ahora pretenden privarle de la osatura moral que justifica su existencia. Esta ofensiva quiere mostrar que Israel ha  nacido a consecuencia de la Shoah y que el sionismo es una reacción al antisemitismo,. Y que este Estado “colonial y artificial” procede él mismo de una ficción, el “pueblo judío”.
Estos tres ejes solo hacen uno, un negacionismo que hace de la historia judía una fábula, del pueblo judío un mito y de la existencia judía una ficción. Estas deconstrucciones intelectuales están alimentadas por la naturaleza atípica de la existencia judía, la de una religión nacional que es al mismo tiempo una nación religiosa, aunque desprovista hasta hace poco de una base territorial. La legitimidad profunda del sionismo es así asfixiada, que no tiene como primer objetivo la creación de un estado judío, sino primeramente la descolonización psíquica del sujeto judío. Solamente se ha puesto en evidencia como fuente única del sionismo el antisemitismo, este pecado de Europa que señalaría al mismo tiempo la “inocencia” del mundo árabe en todo esto.
La legitimidad de Israel no se justifica por el hecho de haber sido poblado por los judíos, el argumento sería absurdo, ni tampoco por el hecho que los judíos hubieran en otro tiempo lejano habitado esta tierra. Ella se justifi0ca por el hecho único e insólito que el  imaginario judío lo ha mantenido vivo a través de los siglos. Pero este imaginario es una realidad porque se arraiga en un territorio y en una lengua. El éxito del proyecto sionista que ha forjado una nación israeliana y hebraica, prueba suficientemente su legitimidad histórica. Se olvida con frecuencia que no existió nunca una segunda ola de  inmigración en ninguno de los proyectos nacionalistas judíos edificados fuera de Israel ( En Argentina, en Crimea y en Birobidjan…).
A pesar de las afirmaciones que reducen el Estado de Israel  a una consecuencia de la Shoah, se vuelve a encontrar en todo el mundo judío, la misma lealtad a esta tierra en donde se arraiga el corazón del imaginario judío. Pues más que un territorio, esta tierra representa una liberación del exilio que hace del sionismo una ruptura antropológica.
El sionismo vuelve a dar la palabra a los oprimidos en tanto que oprimidos, como el Estado judío pondrá fin al estatuto de dhimmi, que era una inferioridad de la condición de judío y del cristiano en tierra arabo-musulmán. La sola idea de una vida desembarazada del miedo ha provocado un seísmo, una revolución en un mundo árabe acostumbrado a oprimir todas sus minorías  en sus propias poblaciones.
El sionismo es un proyecto revolucionario para descolonizar al “hombre judío” con el fin que él retorne a habitar su tierra, con el fin que vuelva a hablar sin ser hostigado por otros, y con el fin que él se despoje del miedo.
 Sin embargo, el sionismo no ha nacido del antisemitismo. Aunque hay que decir que el antisemitismo ha acelerado su desarrollo, como se ha visto en la primera  (1881-1884) y en la segunda (1903-1906) ola de pogromos rusos. Si solo se trataba de una respuesta al antisemitismo, cabe preguntarse: ¿por qué no apareció antes?
Como todas las rupturas, el sionismo no soporta al opresor, en particular hoy al opresor árabe que se ha colocado en una posición de victimario (víctima del “colonialismo”, padre de todos los males) que le impide ver su pasado.
También se puede preguntar: ¿por qué en Occidente, que tanta gente no se interesó a priori por este minúsculo conflicto territorial, se muestran hoy de una forma obsesiva de un anti-sionismo radica? ¿Por qué el signo judío continúa obsesionando a las dos grandes áreas de civilizaciones monoteístas nacidas del Judaísmo? ¿Por qué razón los gestos más veniales del Estado de Israel son atacados por un verdadero ejército de periodistas que habitualmente se movilizan mucho menos frente a los teatros de horror que se suceden en nuestro planeta?
Desde el fin del siglo XIX, el rechazo al sionismo fue primero el hecho de la reacción católica, desde la extrema derecha al comienzo y después del nazismo. Entre 1917 y 1947, el antisemitismo fue siempre anti-sionista, Hitler, en primer lugar,  entraba en una violenta cólera ante la idea de un Estado  judío. Lo que se ve hoy día como una posición de izquierda, fue durante medio siglo la exclusividad de la derecha europea, desde el nacional-socialismo alemán y del nacionalismo árabe de Oriente próximo nazificado en los años treinta para acabar siendo una característica esencial del islamismo de los Hermanos musulmanes.
Desde el primer Congreso sionista en Basilea (1897), el anti sionismo occidental hunde sus raíces en este judaísmo tradicional que había hecho de la sumisión del Judío una piedra angular de la economía física de Europa.  Durante siglos, en las mentalidades colectivas de la que somos herederos, la decadencia judía fue sinónimo de la verdad del mensaje cristico. Porque el renacimiento nacional judío fue percibido como una forma de redención, el sionismo  puso el acento en esta “modernidad regresiva” sobre la legislación antisemita del IIIer.
Reich, que ha puesto punto final al siglo de emancipación judía en Europa.
En el mundo arabo-musulmán, la soberanía judía, la victoria militar de Israel, el fin de la dimmitud, el Estado Judío finalmente proclamado sobre una tierra decretada para la eternidad arabo-musulmana, es en este sentido insoportable, inaudible e invivible. Cuando el conquistador y el opresor son humillados por la revuelta del oprimido, cuando el esquema de dominación ha basculado, la herida psíquica se abrió para siempre. Pero cuando el humillado recupera sus derechos, el opresor se encoleriza y desea exterminar a este antiguo sujeto que vive una existencia recuperada como la negación de su propia existencia. El mundo árabe ve en el Estado de Israel (y en el sionismo que fue su basamento) una humillación suprema. Cuando la víctima se levanta, cuando la rebelión contra el amo le niega como dueño, es todo el esquema mental de dominación que estructura al mundo árabe que acaba conmovido para siempre. Este mismo esquema que ha aplastado a sus pueblos desde las independencias de hace 70 años. Quién ha excluido las minorías étnicas. Todos sus Judíos espoliados, humillados y expulsados calladamente. Quién ha hecho partir a los cristianos.
Quién ha impuesto una regresión general del derecho. Ignorado la democracia. Aplastado a las mujeres aunque con algunas excepciones.
Impedido para la creación cultural. Auto ciego sobre su misma historia. Árabes de Túnez y de Egipto, y quizás otros más mañana, continúen el esfuerzo para ser republicanos. La democracia os sonreirá cuando ustedes comiencen a escribir vuestra historia y a desembarazarla de sus mitos, a decir lo que fue vuestro pasado, a relatar también las páginas negras que no os convertirán forzosamente y únicamente en víctima.  sino en verdugos. En opresores. En depuradores étnicos. La democracia exige un gran sacrificio de sí mismo. Porque el primer paso hacia la libertad es el de pensar siempre contra uno mismo.
Georges Bensoussan es profesor de historia y responsable editorial del Memorial de la Shoah en Paris. Es autor de números tratados de historia, en especial una Historia de la Shoah, Una historia intelectual y política del sionismo, y de Europa, una pasión genocida este último aparecerá en su versión en castellano este año, en España.

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