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Por Rab. Iona Blickstein
Las leyes del duelo generalmente no son estudiadas en las casas de estudio, pero desde que Israel volvió a su terruño natal – sufriendo pérdidas de las vidas, estas leyes ya no son extrañas – también nosotros las conocemos, porque volvemos y las cumplimos año tras año “bein hametzarim” (entre las estrechuras), entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av; en nuestro duelo y dolor por la destrucción del 1ero. y 2do. Templo, y otras desgracias más.
En estos días
a. No nos cortamos el cabello.
b. No lavamos nuestras ropas, no las planchamos.
c. No nos aseamos, nos abstenemos de alegría, no se realiza ceremonia de bodas y otras alegrías, costumbres de está época del año, no usamos zapatos de cuero, no mantenemos relaciones maritales en el día del 9 de Av, no estudiamos Torá, y nos sentamos en el suelo – de la misma manera que actuamos al estar de duelo por un familiar, como cita la Guemara: “Todos los preceptos que se rigen en tiempo de duelo, rigen en el 9 de Av (Taanit 30:1)
Pero, a pesar de la similitud, hay una diferencia fundamental.
El duelo personal está limitado a un tiempo determinado, cuando pasa el tiempo, ya no hay obligación de enlutarse y está prohibido.
Como la halaja (ley) fija que: “Todo aquel que no se enlute por un muerto, es considerado cruel. Pero tampoco se debe reforzar un duelo demasiado, se debe interrumpir, porque el que lo hace ha de llorar por otro muerto. Así solo tres días ha de llorar, siete ha de elevar elegías en su nombre y 30 días no se cortará el cabello, ni planchará sus ropas”. (Shulján Aruj Iore – Dea 394), al finalizar los doce meses no se cumplirán más la costumbre de duelo.
Cierto que acostumbramos a recordar la fecha del fallecimiento del ser querido año tras año, pero generalmente el día de “Yurtzait”, no es un día de duelo. (Aunque hay quienes acostumbran a ayunar ese día)
Si visita el cementerio, se recita el “kadish”, se enciende una vela, se reza y estudia – pero estas no son costumbre de duelo, sino la voluntad de los parientes cercanos de elevar el alma de sus parientes fallecidos.
Tampoco el ayuno de los hijos en el día del Yurtzait de los padres, denota duelo, sino, un ayuno de recogimiento e introspección, y cuando el hijo perfecciona sus acciones, las almas de sus padres ascienden, y “el hijo aumenta el mérito de sus padres”
Frente a todo esto, el duelo por la destrucción no se opaca con el pasar del tiempo, miles de años después de la destrucción, todavía nos regimos según las leyes del duelo, como si la desgracia hubiese sucedido ahora.
El duelo por la destrucción no se limita a está época del año, también en el transcurso de la vida debemos hacer “zejer lajurban” (recuerdo de la destrucción)
En el duelo personal la persona debe volver al ritmo de la vida normal, también aquel al que le cayó una gran desgracia “pobre de él si se va a hundir en el duelo”
En el duelo colectivo los sabios fijaron señales de duelo a lo largo de todo el año.
– Se dejará unos 50 x 50 CMS. sin pintar en la pared.
– Durante las fiestas hemos de preparar las mesas, dejando algo sin terminar.
– Las mujeres no han de vestir todas las ropas y joyas que poseen.
– Las cabezas de los novios han de cubrirse con ceniza.
– No se tocará música, sino en el momento de la Mitzvá.
– Romperemos un plato en el compromiso matrimonial, una copa en la boda.
De una vez, al destruirse el Templo, se cambiaron nuestras vidas.
Cuando sea reconstruido, la vida volverá a su normalidad.
El enlutado desgarra sus vestimentas, es una de las expresiones más fuertes del duelo.
También por la destrucción fuimos ordenados a desgarrar nuestras vestimentas, pero en forma diferente, no es una obligación única; después del encuentro con la desgracia, nosotros debemos volver y desgarrarla, cada vez que nos encontramos con la fuerza de la destrucción (con diferencia de treinta días) en las ciudades de Iehuda, Ierushalaim y en el lugar del Templo.
La razón de la diferencia entre los duelos, el individual y el colectivo, se entiende al escuchar las palabras de los sabios (fallecidos).
“Una generación en la cuál no se construyó el Templo, es como si hubiese sido destruido en sus días”. Entonces no se trata, de una desgracia acaecida en un pasado lejano, antes de que viniéramos al mundo y sus consecuencias las sufrimos hoy.
“Pedimos a D-s Bendito, nos traiga la paz, y nos reconstruya el Sagrado Templo de Ierushalaim”.
“Que nos limpie las lágrimas de nuestro rostro, y encontremos consuelo en Tzion y Ierushalaim”.

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