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Por Julián Schvindlerman
Jobbik es un movimiento de la extrema derecha húngara registrado como partido político en el 2003. Alcanzó notoriedad al establecer las Guardias Húngaras, un grupo vigilante desarmado inspirado en los grupos de choque nacionalistas de la Segunda Guerra Mundial. En las elecciones del 2010 sacó un millón de votos, equivalente al 16% del electorado, obtuvo 44 sobre 386 bancas de la Asamblea Nacional y se erigió en la tercera fuerza política del país. En un contexto de creciente ascenso de los partidos nacionalistas y xenófobos en Europa el asunto no llamaría demasiado la atención, aunque sí preocupación, al ser parte de una lamentable tendencia general.
Pero allí pasó algo particularmente perturbador que convoca a la reflexión. Uno de sus miembros, Marton Gyongyosi, responsable de la política exterior de su partido, tiempo atrás pidió que se confeccionara una lista con los nombres de los judíos que ocupan cargos en el gobierno y en el parlamento sobre la idea bizarra de que ellos podrían ser un riesgo para la seguridad nacional. En el marco de la última guerra entre Israel y Hamas, Gyongyosi dijo ante el parlamento: “Creo que el conflicto hace oportuno listar a personas de origen judío que viven aquí, especialmente en el parlamento húngaro y en el gobierno húngaro, quienes, de por cierto, representan un riesgo a la seguridad nacional de Hungría”.
La insólita propuesta sobre esta suerte de Lista de Schindler a la inversa fue repudiada por el Primer Ministro Viktor Orban: “Rechazo este llamado en representación del gobierno y quisiera que ustedes sepan que en tanto yo esté parado en este lugar, nadie en Hungría puede ser lastimado o discriminado por su fe, convicción u origen”. Otros referentes y dirigentes políticos expresaron su consternación por los dichos de Gyonyosi, quién posteriormente se disculpó y alegó que se había referido sólo a quienes tienen ciudadanía dual húngaro-israelí. Uno debe suponer que él cree que eso será menos escandaloso. Miles de húngaros participaron en una protesta de repudio en la que algunos vistieron estrellas amarillas en sus ropas. Una pancarta decía “Jobbik es el verdadero riesgo de seguridad nacional para Hungría”.
Gyongyosi es hijo de un diplomático con servicio principalmente en el Medio Oriente y Asia (Egipto, Irak, Afganistán e India). Su oficina, según reportes de la prensa, está decorada con souvenirs de Turquía y de Irán. Ha activado en el partido desde el 2006 y lo representa en el parlamento desde el 2010. Su mentor (y fundador de Jobbik), el historiador Gábor Vona, ha declarado: "No somos comunistas, ni fascistas ni nacionalsocialistas. Pero, y esto es importante que le quede claro a todo el mundo, ¡tampoco somos demócratas!". En el 2008 Vona sugirió que las elecciones en Hungría fuesen observadas por las Guardias Revolucionarias de Irán. El pasado mes de octubre, seguidores de Jobbik quemaron una bandera israelí frene a una sinagoga en Budapest. Miembros de este movimiento fascista han realizado afirmaciones inflamatorias sobre el Holocausto, Israel, los gitanos y los homosexuales.
Citemos unos pocos ejemplos.
La candidata presidencial por Jobbik, Krisztina Morvai, caracterizó a los judíos israelíes como “sucios asesinos infestados de piojos”. Elod Novak, diputado por el mismo partido, exigió la renuncia de la diputada opositora Katalin Ertsey por tener la doble nacionalidad húngara e israelí. “Israel tiene más diputados en el parlamento húngaro que los que tiene en la Knesset israelí” disparó en referencia a una comunidad hebrea que ronda el 1% de la población total de la nación. Szolt Barath, miembro de Jobbik, revivió un libelo de sangre de 1882 ocurrido en el país y acusó a los judíos de entonces de haber sido los responsables. “El judaísmo y el liderazgo del país estuvieron severamente implicados en el caso” afirmó, y agregó que la exoneración judicial de los quince judíos acusados se había debido a “presiones externas”. La arenga fue pronunciada frente al edificio del parlamento. Gyongyosi minimizó la cantidad de judíos húngaros deportados o asesinados durante la Shoá y aseveró en una entrevista con The Jewish Chronicle que “Este jugar con los números se ha convertido en un negocio fantástico”. Y está el caso notable del político judeófobo Csanád Szegedi, a quién Jobbik expulsó de sus filas luego de que éste admitiera tener raíces judías y descender de una abuela sobreviviente del Holocausto.
En el 2014 habrá elecciones en Hungría. A la luz del crecimiento político reciente de Jobbik y de su historial extremista, estos serán unos comicios a los que el mundo deberá prestar atención.
Si la judeofobia en Hungría quedara restringida a las diatribas y acciones de Jobbik eso ya sería un asunto de gravedad. Pero desafortunadamente la situación es peor, mucho peor, pues ella se ha estado manifestando en otras áreas de la sociedad húngara también. Soeren Kern ha detallado algunas instancias inquietantes en un informe del Gatestone Institute. Todos los casos ocurrieron en los últimos meses.
El gobierno incluyó en los programas educativos escolares a conocidos autores antisemitas como Istvan Sinka, Dezso Szabo, Albert Wass y Joszef Nyiro. Parlamentarios quisieron trasladar los restos de Nyro desde Madrid hasta una ciudad rumana que antaño fue parte de Hungría pero el gobierno rumano no quiso aceptarlo por su pasado racista. En los últimos meses, varios municipios erigieron estatuas y nombraron calles en honor a Miklos Horty, líder húngaro que colaboró con el nazismo en la deportación de los judíos. Una polémica estalló cuando trascendió que una obra antisemita titulada “El sexto ataúd” sería puesta en escena en el Teatro Nuevo de Budapest, que recibe aportes de la alcaldía. El argumento versa sobre un grupo de judíos que conspira en la Francia de los años veinte del siglo pasado para hundir a Hungría y provocar una nueva guerra mundial. Ante las protestas de intelectuales judíos y gentiles, el alcalde canceló la performance.
El cementerio judío de Kaposvar, ubicado a aproximadamente doscientos kilómetros de la capital, fue profanado. Casi sesenta tumbas fueron dañadas. A una periodista que cubría una huelga de taxis en Budapest se le espetó “sucia puta judía” y se le escupió. Al día siguiente, el Gran Rabino (tiene 90 años) fue increpado por un hombre que lo insultó y le gritó “Odio a todos los judíos”. Un líder de la comunidad judía fue atacado por un transeúnte que le dio una patada en el estómago y le gritó “podridos judíos mugrientos, todos morirán”. Durante un partido de fútbol del seleccionado húngaro con el israelí, fanáticos húngaros dieron la espalda mientras se cantaba el Hatikva (himno nacional de Israel) y corearon “judíos apestosos” y “Heil Benito Mussolini”. La FIFA le impuso una multa de cuarenta mil francos suizos, le ordenó jugar el próximo partido clasificatorio en un estadio sin espectadores y le advirtió que una repetición de incidentes del tipo podría forzar su exclusión de la Copa del Mundo 2014 a realizarse en Brasil. La Asociación de Fútbol de Hungría protestó, alegó que las sanciones eran excesivas y prometió apelar.
El antisemitismo en Hungría está creciendo. Según una encuesta publicada por la Liga Anti-Difamatoria (ADL) citada por Soeren Kern, el 55% de los húngaros cree que “los judíos son más leales a Israel que a Hungría”, el 75% opina que “los judíos tienen demasiado poder en los mercados financieros internacionales” y el 63% siente que “los judíos todavía hablan demasiado acerca de lo que les sucedió en el Holocausto”. De diez países encuestados para medir el sentimiento popular antijudío, “Hungría fue por lejos el peor” señaló el director de asuntos internacionales de la ADL, Michael Salberg.
Con Europa cruzando una seria crisis económica y adoptando planes de mayor austeridad, podemos imaginar como continuará esta historia en Hungría.

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