¿Israel es tan racista como lo califican la prensa mundial y las redes sociales?

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Por Allon Carino
El racismo y la discriminación son fenómenos sociales que han acompañado a la humanidad a través de los siglos, el primero se basa en consideraciones biológicas, mientras el segundo en culturales, pero ambos exaltan diferencias entre las personas como sus rasgos físicos, culturales, sexuales y económicos; ya sean reales o imaginarias, las consecuencias directas de dichos fenómenos es el deterioro de la convivencia entre los diferentes individuos de la comunidad y si el problema no es atendido genera condiciones que derivan en violencia, burla, exclusión, estereotipos, marginación y segregación de todo tipo.
Otra interpretación en el marco jurídico se puede consultar en la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial; la cual prohíbe explícitamente toda forma de distinción, exclusión, restricción o preferencia, basada en la raza, religión, color, descendencia, nacionalidad u origen étnico, por lo cual aborda de manera holística la interpretación del término.
Lamentablemente la evidencia histórica demuestra que el racismo y la discriminación no se erradicarán del ser humano, pero es una problemática que puede ser “administrada” y mantener bajo un razonable control con un sistema educativo y social que favorezca la convivencia, la inclusión y el respeto a las diferencias, por ello se ha exaltado el practicar la tolerancia ante la diferencia que nos separa del “otro” y acentuar lo que nos une como humanos. Ante lo anteriormente expuesto podemos afirmar que no hay sociedad que no practique la discriminación, pero si podemos concluir que hay sociedades que atienden dicho fenómeno de forma ejemplar.
La discriminación en Israel
La sociedad israelí no ha sido ajena a dicho fenómeno y ha ejercido actos de discriminación no sólo contra musulmanes, también contra la comunidad etíope, ha habido una serie de casos que generaron noticias internacionales que vale la pena citar:
La masiva infiltración de africanos, principalmente de Eritrea y Sudán, llevó a una marcha el 23 de mayo de 2012. Muchos manifestantes genuinamente preocupados por la seguridad de sus familias marcharon junto a manifestantes que mostraron un descontento con matices raciales, fue calificada exageradamente por las redes sociales como un “pogromo”, “la noche de los cristales rotos” o una marcha fascista, pese a que dichos calificativos no resisten una comparación histórica, al final del la jornada la sociedad reprobó la marcha, incluyendo el Primer Ministro Benjamín Netanyahu.
La marcha no fue espontánea, se inscribe en razones de seguridad, el catalizador fue la cifra de delitos cometidos por infiltrados; se han registrado 1043 delitos en el presente año 2013 (hasta junio), es decir el doble que en 2012, entre ellos la violación de una anciana de 83 años; además existe el genuino temor que se infiltren extremistas musulmanes africanos.
Otra noticia mundial fue la vergonzosa exposición de pancartas en una gesta deportiva, exigiendo al equipo de fútbol Betar, mantenerse “puro para siempre”, poco después de haber fichado a dos jugadores musulmanes, siendo condenado por la propia institución deportiva y el presidente Shimon Peres, resultó en la también lamentable destrucción de sus instalaciones por parte de vándalos.
Otros lamentables incidentes han sido los ataques a mezquitas y lugares sagrados musulmanes perpetuados por algunos colonos fanáticos, aunque hay que diferenciar que algunos casos han sido atentados “fabricados” por los propios palestinos para acusar a los colonos y a Israel ante la prensa internacional, como el ocurrido en la aldea árabe de Kursa donde fueron incendiados seis vehículos cerca del asentamiento de Esh Kodesh, al llevar a cabo la investigación policíaca se determinó que fue un incidente auto provocado, aunque para esas fechas, la noticia ya era nota mundial.
Estos incidentes han trascendido a la prensa internacional y en las redes sociales señalando a Israel como uno de los países más discriminatorios del mundo, pero; ¿realmente Israel es uno de los países más racistas del mundo o es una exageración aprovechada por antisemitas para montar una campaña de difamación contra Israel, y maximizando los hechos con el fin de proyectar una imagen fuera del contexto?
En marzo del presente año, nos despertamos con la noticia mundial que Israel segregaba palestinos al condicionarlos a una ruta de autobuses. Para evitar usar el transporte regular, el Ministerio de Transporte, desarrolló la línea de autobuses de la red general y no exclusiva, cuyo objetivo es acabar con los transportes piratas, saturación de carreteras, el alto e ilegal cobro del pasaje, y la reducción de tiempos de transporte. Días después algunas agencias informativas desmintieron tímidamente sus propios titulares, sin embargo la noticia ya había trascendido en la opinión pública mundial, contribuyendo al desprestigio de Israel.
Negar el racismo en Israel es absurdo, sin embargo no hay que descontextualizar el hecho. Si bien la discriminación la practican todas las sociedades, también es justo decir que no todas las sociedades la abordan con ese nivel de debate como se hace en Israel, donde se genera polémica, autocrítica, debates en televisión, radio, prensa, Internet, e incluso marchas en contra del racismo participando altos funcionarios del gobierno como la ministra de Justicia Tzipi Livni. Pero para hacer un análisis de un fenómeno que enfrenta un país debemos partir de un ejercicio de
comparación con el objetivo de tener referencias internacionales. Resulta interesante que un artículo del diario “The Washington Post” publicado el 15 de mayo del año en curso, cuyo título original es “A fascinating map of the worlds most and least racially tolerant countries”, muestra que la gran mayoría de los países asiáticos y en especial los musulmanes son los menos tolerantes y más proclives a la discriminación, no sólo por el antisemitismo, sino por la persecución de las minorías cristianas o no musulmanas, el alto índice de violencia contra la mujer y segregación de musulmanes de color.
Israel queda en un lugar intermedio más cercano a Austria, Italia o Portugal, pero independientemente del artículo citado y lo polémico que pueda ser, si llevamos a cabo un breve recorrido por los incidentes relacionados con la discriminación en países tradicionalmente admirados por su civilidad y apertura encontraremos casos dignos de llamar la atención.
El racismo en los países más “tolerantes”
En Noruega se han incrementado los grupos neonazis y los ataques a las minorías étnicas, el caso más grave fue el protagonizado por Anders Behring Breivik, responsable del asesinato de 72 personas.
El caso sueco es de sorprender, donde ya hay grupos neonazis consolidados como la “Resistencia Aria y Blanca”, el “Frente Nacional Socialista” y el “Movimiento Sueco de Resistencia” que han perpetrado ataques en contra de las minorías étnicas, incluso la discriminación proveniente del propio gobierno, ejercida por los cuerpos policíacos que han derivado en disturbios populares.
En Australia, que por cierto hasta los años setenta restringía considerablemente la inmigración no blanca, presenta todo un historial de incidentes racistas contra los no blancos en especial contra los inmigrantes indios, casos de animosidad en contra de los francófonos, ataques en contra de la población árabe y una constante discriminación histórica y actual de los pobladores originarios de Australia.
En Canadá sorprendentemente se denuncia un sistemático historial de discriminación en contra de sus habitantes originarios, de acuerdo a un artículo publicado por la cadena de noticias CBC el 8 marzo 2013, informa que la Comisión de Derechos Humanos de Ontario ha registrado ataques e incidentes de discriminación en contra de la minoría afroamericana, china y en espacial latinoamericana.
A diferencia de lo que se podría pensar, América Latina ocupa un vergonzoso y prominente lugar en lo referente al racismo, clasicismo y discriminación. Citando datos de un interesante artículo publicado en Apuntes Internacionales por la periodista Rebeca Rocha, denomina la discriminación en Latinoamérica como “hipócrita indiferencia” al ser una de las zonas más xenófobas, discriminatorias y racistas; a su vez, que condena duramente el racismo ejercido por las grandes potencias.
En su investigación coloca a México, Costa Rica, Colombia Argentina y Brasil como los países más racistas de América Latina, además hay que añadir que el primero (México), es el lugar más peligroso para el ilegal al ser susceptible al secuestro, asesinato, explotación sexual, discriminación por la población y extorsión por las propias autoridades gubernamentales.
En los restantes países la discriminación ejercida contra los indígenas, afroamericanos e inmigrantes de la propia América Latina es sistemática y su exclusión es muy marcada en lo que se refiere a oportunidades laborales y representación política.
Incluso en el fútbol encontramos gran cantidad de pasajes vergonzosos de racismo. En especial el fútbol argentino, con numerosos incidentes llevados a cabo tanto por técnicos, como por aficionados, hasta tristes casos como en México donde se cuestiona la “la sangre pura mexicana” de los jugadores nacionalizados. Por supuesto también en el fútbol europeo abundan incidentes tan graves como los anteriormente citados, en especial en España.
Responsabilidad histórica
El mundo no presiona a ningún país que enfrenta guerras en su territorio para que se comporte con la mayor autoridad moral y civilidad con sus minorías, como se le exige a Israel, donde ante la mínima imperfección en su sociedad le vale un editorial mundial. A pesar del injusto juicio al calificarlo como uno de los países más racistas del mundo, y cuando su problemática no es muy diferente a la de los países europeos, e incluso, por su actuar oportuno y sus muestras de tolerancia, podría ser ejemplar como un caso atípico en zona de guerra. La diferencia ante los demás es ser el único Estado judío; sin darle crédito a la difamación, es oportuno manifestar el nivel elevado de tolerancia con el que debe conducirse la población israelí, pues involucra una enorme responsabilidad en su actuar, y en denunciar inmediatamente cualquier forma de discriminación.
Para concluir, cabe mencionar que el pueblo judío quizá ha sido el más perseguido, discriminado y el que más amenazas de exterminio ha afrontado en la historia. Esto nos obliga a ser más tolerantes y abiertos con el “otro”. Hay una carga histórica que debe canalizarse en una actitud propositiva ante la discriminación y no reproducirla. ¿Acaso no estamos hechos a imagen y semejanza del Creador? Si somos el pueblo del Libro, no nos conviene juzgar a los libros por su pasta.
Fuente: Aurora Digital

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