La inolvidable epopeya colonizadora de judíos en Argentina

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El 14 de Agosto de 2013, los descendientes de los inmigrantes de aquella inolvidable gesta, de colonos judíos que llegaron a Argentina y que representó tantos sacrificios para ellos, tendremos el honor, pero también la obligación de evocar de pie y en respetuoso silencio por el respeto de sus almas en el 124 aniversario de su llegada a estas costas, que según ellos, en aquella época, quedaba en el más extremo confín del mundo.
Venían orientados por la J.C.A (Jewish Colonization Association) Fundación del Barón Mauricio de Hirsch, con sede en París.
Por aquel entonces, en este gran país, República Argentina, comenzaba a aflorar la idea de la conveniencia del desarrollo agrario, debido a su vasta geografía y la adaptación conveniente de su clima, que satisfaría ese emprendimiento. Ya en los períodos gubernamentales de Mitre y Sarmiento, se había coincidido con esa idea, pero sin haber tomado decisión alguna. Solo en la década de l880, bajo la presidencia del General Julio Argentino Roca, conquistador del desierto-argentino, se resuelve ponerla en práctica.
Es así, que los periódicos de la época, daban cuenta de las dificultades raciales que adolecían los pobladores judíos en Rusia y varios países de Este Europeo y enterados que una entidad judía, había ya adquirido varias "leguas" de campo al parecer con ese fin, comisionó ad-honorem, al ciudadano José María Bustos para que inquiriera en Paris a la "Alliance Israelita Fran¢aise" con motivo de esas posibilidades. Dicha institución lo conecta con la Fundación del Barón Hirsch, llevándose estas gestiones, a feliz término.
Mares de lágrimas y un futuro incierto
No debemos olvidar que desde mediados del siglo XV, primero en Francia y luego en España y Portugal, aumentó la persecución de los judíos, por enfermizas cuestiones raciales como corolario, de la invasión del Imperio Romano, al entonces Reino de Israel y de Yehudá, produciendo la tan conocida y dolorosa diáspora, que duró casi dos mil años.
Lo admirable de la grey judía, es que nunca perdió su fe ni su conducta y mantiene intacta su férrea convicción religiosa y monoteísta. En esa instancia se desliza la idea de la colonización en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos para esos obligados fugitivos de la barbarie persecutoria europea. Posteriormente la fundación adquiere más tierras en las provincias de Buenos Aires y La Pampa.
De ese modo y después de agotarse el respectivo papeleo del mancomunado acuerdo, solo resta la concreción del viaje.
Mares de lágrimas se derramaron, por los que se iban y por los que quedaban, unos en una incierta seguridad y otros a un desconocido país, considerado en aquella época como un lejano y deshabitado confín del mundo.
El 14 de agosto de 1889, arriba al puerto de Buenos Aires el vapor de bandera alemana "Wesser" con 824 almas que son alojadas en el Hotel de Inmigrantes, sito en el predio de puerto argentino frente a Retiro.
Ese contingente estaba destinado a la zona de La Plata, pero no se concretó, porque esas propiedades aún no se habían firmado ya que su propietario de apellido Hernández, hermano del autor de la poesía gauchesca "Martin Fierro" se había arrepentido y se negaba a firmar. Interviene entonces la Congregación Israelita de Buenos Aires y logra que su apoderado legal, Dr. Palacios, poseedor de tierras en la localidad que lleva su nombre, le venda a la J.C.A. las fracciones de tierra que dieron origen a Moisés Ville.
Las peripecias recién comenzaban
En vez de concluir, ahí recién empiezan las peripecias. Los recién llegados fueron dejados en los vagones del Ferrocarril en que habían llegado, sin guía, sin asistencia médica, sin provisiones alimenticias, sin dinero del país, sin idioma, totalmente a la deriva. Así es como en el cementerio de Moisés Ville, se registran 120 tumbas por igual cantidad de niños fallecidos, por inanición y enfermedades de temporada, en un temible abandono.
Debemos destacar acá un gesto que merece ser recordado y es el de los obreros del ferrocarril, que por ese entonces, se construía hacia Tucumán, condolidos con los recién llegados, compartieron muchos días su ración alimentaria. Gesto éste, que merece un eterno "al tishcaj" (no olvidarás).
Posteriormente, hacia 1890/92 se fueron formando las colonias de Entre Ríos, primero "Villa Clara, de donde es oriundo quien escribe estas líneas, luego Domínguez, Basavilbaso, Ubajay, (pago de mi padre) y tantas otras localidades que llenaron el mapa entrerriano.
Quienes tuvimos la oportunidad, de conocer aquellos "mansos colonos" pero asiduos lectores, de quienes heredamos el sabor judío de su sacrificada historia, no podemos menos, que recordarlos como héroes, que han domado desde el "potro" a la misma tierra, han enfrentado bestias salvajes y hasta humanos salvajes, ofidios ponzoñosos y acridios de toda clase, que le consumían en una noche, el esfuerzo de todo un año. Esos fueron, los verdaderos "Gauchos Judíos" que ampliamente describió Alberto Guerchunof.
Cualquiera de ellos, podía pararse ante el "Amod" y orar en voz alta, las tefilot de Rosh Hashaná, de Iom Kipur o de las fiestas alternas, a pesar de apenas saber firmar.
¿Cómo sobrevivieron? No me lo pregunten porque quizás no encuentre una respuesta adecuada. Ellos también fueron los perseguidos de la Rusia zarista y de los Petliuras de Polonia.
Fuente: Aurora Digital

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