Israel entregó una seña demasiado grande
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Por Beatriz W. De Rittigstein
Desde hace unos tres años, varios países árabes enfrentan una serie de revueltas que, al parecer, su principal propósito era lograr libertad, pluralismo y respeto a los derechos humanos; valores que mejorarían el nivel de vida a sus respectivas poblaciones; pero ello no se consiguió.
Las rebeliones han tenido diferentes desarrollos y consecuencias. La mayoría han sido aprovechadas por movimientos radicales islamistas, sean sunitas o chiítas, que han pretendido arrebatar el poder.
En cuanto a las repercusiones que estas agitadas realidades tendrían en Israel, además de los desafíos que afronta desde su renacimiento, nos hacen vislumbrar serios peligros para su seguridad. Dos países vecinos están estremecidos por la violencia: Siria que vive una sangrienta guerra civil, en la cual, en uno de los bandos militan grupos islamistas ligados a Al Qaeda. Y Egipto que enfrenta una especie de guerra civil de "baja intensidad" que aún no se ha definido y que podría traer a los fanáticos islamistas de nuevo al poder.
También está en riesgo la estabilidad del Líbano, pues la guerra civil siria está a punto de arrastrarlo y retrotraerlo a una guerra fratricida que ya ha experimentado en décadas pasadas. Así como Jordania que se ha visto en la obligación de apaciguar las expresiones de fuerza de facciones intransigentes.
Además, determinados sectores cuentan con el apoyo de Irán, como el régimen de Assad, Hezbollah y Yihad Islámica palestina.
De este modo, Israel está rodeado de países fragmentados, cuyas parcelas combaten con extrema agresividad. Debemos considerar que, dependiendo de cuáles corrientes se hagan del poder, podrían actuar con un efecto alicate, tratando de emboscar al Estado hebreo por distintos flancos.

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