Mario Vargas Llosa y su quinta columna

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Por David Bittán Obadía, presidente de la CAIV
He seguido con frecuencia a Mario Vargas Llosa, más en su obra literaria que en su papel de columnista, pues como escritor a mi parecer es algo mejor. Su gran cantidad de novelas, entre ellas La ciudad y los perros, La fiesta del chivo, La casa verde, Travesuras de la niña mala, El sueño del celta, son referencias de la literatura en idioma castellano.
Hojeando el diario El País de España del 11 de agosto, me conseguí con un ensayo suyo titulado “La quinta columna”, cuya lectura recomiendo. Vargas Llosa, a quien he criticado por sus posiciones inoportunas y su crítica injusta a Israel (que en momentos rayan en la judeofobia), parece haber comprendido que el tema del Medio Oriente es algo más complejo que un ensayo o una columna de un diario. Ignoro si fue alguien quien lo “alumbrara” o ya es definitivamente un esfuerzo de su intelecto que lo obliga a salir de la miopía sobre estos temas, que dicho sea de paso no es un asunto simple, y lo grave es que cuando quienes emiten una opinión son muy conocidos, sus escritos pueden orientar posiciones, pues ellos son referentes.
Vargas Llosa inicia su artículo con esta premisa: “Tras el triunfo de las distintas ‘primaveras árabes’ han emergido grupos minoritarios de islamistas radicales que harán lo posible para que ningún régimen de libertades sea estable y duradero”. Esta oración resume su artículo, siendo como una con­clusión que considero acertada y denota lo que ya el mundo comprende como un tema de grandes dimensiones y consecuencias, pues pone en su justa dimensión lo que acontece en el mundo radical, virtual conductor del destino de varios países del Medio Oriente. Por ello es tan difícil para esas naciones avanzar hacia sociedades más abiertas a pesar de conocer los beneficios que ello produce.
El autor dice haberse conmovido en Ceuta por la civilizada convivencia entre sus religiones: cristianos, musulmanes, judíos e hindúes viven en armonía y amistad, algo ejemplar en estos tiempos enconados de guerras religiosas, tal cual como se ha logrado en Melilla (siempre española). Esto solo podía ocurrir y ocurre por la ausencia del radicalismo islámico y el crecimiento de generaciones insertadas en una sociedad moderna y de tolerancia, con distintas tendencias y una reconocida libertad de cultos, algo diferente a lo que se aprecia en los países que viven las eternas “primaveras” que aparentemente llegaron para instaurarse.
Vargas Llosa comenta también: “Estoy convencido de que muchos de los millones de jóvenes que se volcaron a las calles a reclamar libertad en aquellos países, la querían de veras, aunque no todos tuvieran una idea muy precisa de cómo materializarla en el ámbito social y político. Pero carecían de líderes, organizaciones, de la experiencia indispensable, y, apenas llegaron al poder, comenzaron los problemas. Y la quinta columna, minoritaria pero animada por la fe ciega de estar en la verdad y convencida de que todos los medios son válidos para imponerla, aun los crímenes más horrendos, comenzó a hacer de las suyas (…) Pero lo que sí es ya seguro es que la idea de que la gran movilización popular contra las dictaduras de Gadafi, Mubarak, Ben Alí y El Assad iba a desembocar en la instalación de democracias más o menos funcionales, era una ilusión. La quinta columna islamista no ha triunfado en ninguna parte, pero sí ha puesto en claro que mientras ella exista ningún régimen de legalidad y libertad será estable y duradero en los países árabes”.
Continúa: “Ahora, Egipto corre de prisa a convertirse de nuevo en una satrapía castrense. El régimen ha prometido llamar a elecciones, pero todos los golpistas de Estado prometen siempre lo mismo y nunca cumplen. ¿Hay alguna esperanza de que no sea así? Espero que la haya, pero yo confieso, tristemente, que no la veo por ninguna parte. ¿Y si, en la dudosa posibilidad de unas nuevas elecciones libres, ganaran de nuevo los Hermanos Musulmanes? ¿Habría valido la pena ese gigantesco sacrificio para que el país se convierta en una dictadura religiosa?”.
“Tengo algunos amigos musulmanes y todos ellos, personas cultas, modernas, tolerantes, genuinamente democráticas, me aseguran que no hay nada en su religión que no sea compatible con un sistema político de corte democrático y liberal, de coexistencia en la diversidad, respetuoso de la igualdad de sexos y de los derechos humanos. Y, por supuesto, yo quiero creerles. Pero, ¿por qué no hay todavía un solo ejemplo que lo demuestre?”.
Finalmente, después de este resumen no logro entender cómo Vargas Llosa no dice ni una palabra sobre Israel, por lo menos para reconocer lo difícil que se le hace convivir en una zona como esa siendo la única democracia, la única y verdadera sociedad tolerante, abierta y respetuosa a todas las formas de vida. Los tiempos venideros no pueden estar en manos de los intolerantes y los radicales, las cartas están echadas y el mundo reconoce una gran realidad, a pesar del inmenso aparato propagandístico que ha pretendido tapar el sol con un dedo vendiendo una visión ya descubierta y desgastada. Para muestra, varios “botones”.

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