Shostakovich, Babi Yar y Yevtushenko

Música de otro mundo
16/09/2013
Simjat Torá
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Por Ricardo Bello
Escucho el 4to movimiento del Cuarteto de cuerdas No. 4 de Shostakovich en Re mayor, Op. 83, interpretado por el Beethoven Quartet y que tiene una fuerte presencia judía. Dmitri empezó a interesarse en la música judía, o  por lo menos a incorporarla a su obra, justo cuando Stalin desató su ira y paranoia contra los judíos. El compositor pasó mucho trabajo con este opus. Robert Greenberg cuenta en sus conferencias que el Cuarteto no pudo ser representando en la Unión Soviética sino hasta después de la muerte de Stalin, suerte compartida por el Concierto de violín No. 1 y el Ciclo de canciones From Jewish Poetry. Shostakovich no era judío, pero el antisemitismo era para él una negación del ser humano, una condición y no sólo una  ideología o enfermedad psicológica. El antisemita proyecta y muestra su esencia más íntima en el odio que practica. Reducirlo a una enfermedad mental le quita fuerza y responsabilidad a quien lo asume. El antisemita es libre y lo sabe, por eso ataca; no hay justificación psiquiátrica posible.
El gesto de rebeldía más osado de Dmitri Shostakovich contra el estalinismo como sistema de gobierno fue su Sinfonía No. 13, basada en el poema Babi Yar del joven poeta Yevgeny Yevtushenko, un texto que recobra para la memoria humana los sucesos del 29 y 30 de septiembre de 1941 en las afueras de Kiev, cuando soldados de las SS ejecutaron a 33.771 judíos y otros indeseables del III Reich, gitanos o sospechosos de crímenes políticos contra Hitler, pero fundamentalmente judíos. Las ejecuciones  continuaron y ya en 1943, fue superada la cifra de 100.000 víctimas. El crimen se trató de ocultar y el responsable de la matanza, SS-Standartenfuhrer Paul Blobel, se dedicó durante meses a desenterrar los cadáveres y a quemarlos, para no dejar huellas. Pero siempre hay sobrevivientes y al final de la Guerra fue juzgado en Nuremberg y condenado a la horca. Pero hablar de Babi Yar en la Unión Soviética era problemático, porque el régimen insistía que lo ocurrido en aquel barranco fue otro episodio contra los rusos y no parte de la Solución Final de Himmler. Pero vino Yevtushenko y ya no fue posible callar el horror u obviar la realidad: el antisemitismo era consubstancial al comunismo. Al marxismo quizás no, porque el propio Marx era judío. Escucho la traducción del poema realizada por George Reavey y leída con la voz inconfundible de Anthony Hopkins:
Over Babi Yar
There are no memorials.
The steep hillside like a rough inscription.
I am frightened.
Today I am as old as the Jewish race.
I seem to myself a Jew a this moment.
I, wandering in Egypt.
I, crucified. I, perishing.
(…)
No Jewish blood runs among my blood,
but I am as bitterly and hardly hated
by every anti-semite
as if I were a Jew. By this
I am a  Russian.
Podemos intentar imaginar lo que fue esa primera presentación: los músicos temerosos de los censores del Gobierno, los censores temerosos de los dirigentes del Partido y el Partido temeroso de Kruschev. Nadie se salvaba, la osadía de Shostakovich, Premio Stalin de las Artes, colocaba en aprietos a todo el mundo. El poema fue publicado inicialmente el 19 de septiembre de 1961 en una revista de Moscú – Literaturnaya Gazeta -, pero hasta el mismo Krushev atacó el texto que ponía en evidencia al antisemitismo doméstico. El Director que tendría a su cargo la premier era Yevgeny Mravinsky; ya había dirigido la 5ta Sinfonía de Shostakovich, una obra que retrató la angustia y la vida emocional de los rusos bajo el régimen de Koba, justamente en uno de los años más peligrosos del estalinismo: 1937. Mravinsky había apoyado al compositor en esos momentos difíciles, corriendo un riesgo, pero esta vez no pudo, sucumbió a la presión. No podemos sino imaginarnos lo que pasó: no sólo las amenazas del Estado, sino el desprecio posterior de la comunidad de artistas, que lo tildó de cobarde. Mravinsky llamó al Teatro para avisar que no podría dirigir la Sinfonía y no se atrevió a hablar con el compositor. Shostakovich nunca lo perdonó. El día del primer ensayo el cantante Viktor Nchipailo también llamó para avisar que se sentía indispuesto, pero ya el nuevo Director Kirill Kondrashin y el propio compositor, habían tomado sus precauciones, llamaron a un segundo cantante, que había ensayado en secreto su parte. Al finalizar el primer movimiento, Kondrashin recibió una llamada del Camarada Georgi Popov, Ministro de Cultura. “¿No existe una razón médica por la cual no puedas dirigir esta obra en el estreno, no te sientes mal?” No Camarada, estoy perfecto, me siento bien, gracias. La obra se presentó, pero sin ser transmitida por televisión, tal como había sido anunciada. Al día siguiente, las críticas del periódico oficial, Pradva no fueron buenas. Ahora escucho la Sinfonía con Sir George Solti dirigiendo a la Chicago Symphony Orchestra, con el bajo Sergei Alexashkin.
Como no podía afincarse más sobre el compositor, después de todo era un Premio Stalin de peso internacional, el Gobierno aumentó la presión sobre el poeta. Se ocuparían más tarde de Shostakovich, obligándolo a incorporarse como miembro pleno al Partido Comunista; un hecho, afirma Volkov, podemos creer su narrativa u obviarla como wishfull thinking, que avergonzó al músico para el resto de su vida. Eugene Yevtushenko, em cambio, tuvo que cambiar algunos versos de su trabajo y presentar una versión políticamente correcta del texto. Y así, donde había escrito, luego de su identificación con el judío:
And I become like a long, soundless scream
Above the thousand thousands here interred.
I am each old man shot dead here,
I am each child shot dead here.
Terminó colocando:
I stand here as if at a wellspring,
That gives me faith in our brotherhood.
Here lie Russians and Ukranians,
With Jews they lie in the same earth.
I think about Russia´s heroic fears,
In blocking fascism´s path.
To the very tiniest dewdrop,
Her whole essence and fate is dear to me.
Una redacción más soviética y respetuosa de la Madre Patria. Lo importante era negar la existencia del antisemitismo soviético, que se negaba a colocar a la masacre de Kiev en el contexto de la Solución Final. La premiere de la Sinfonía No. 13 del 18 de diciembre tuvo lugar con la versión original de Yevtushenko, pero en el siguiente performance, el 10 y 11 de febrero de 1963, aún con Kiril Kondrashin dirigiendo la obra, se incorporaron los nuevos versos. Al mes siguiente tuvieron lugar dos presentaciones más en Minks con el texto original y luego vino el silencio, no se supo más nada de la obra. Y aún cuando ningún edicto fue publicado en contra la Sinfonía, la presión del Partido, ejercida a través de conversaciones o llamadas telefónicas, fue suficiente para que no se volviera a presentar. Shostakovich accedió a que tuviera lugar otro performance en febrero y con la versión del poema modificado, pero se negó a cambiar la partitura. Esa fue la última vez que el compositor, escribe Francis Maes en A History of Russian Music,  produjo una obra con un mensaje social y político tan claro; luego se confinó a trabajos más introspectivos.
Fuente: Revista Montero

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