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Por Rebeca Perli
En 2 días se cumplen 200 años del nacimiento de Giuseppe Verdi, el prolífico compositor cuya fascinante vida podría servir de argumento para alguna de sus óperas.
A los 20 años, al completar su educación musical en Milano, regresó como maestro al Busetto de su infancia donde surgió un amor apasionado con su discípula Margherita Barezzi. Se casaron y tuvieron 2 hijos que fallecieron siendo imberbes; poco después pereció Margherita, y un Verdi devastado decidió dejar la composición "para siempre" hasta que, alentado por un amigo, compuso Nabucco, que lo catapultó a la fama y le dio ánimo para seguir componiendo. ¿A quién no le suena (en todo el sentido de la palabra) Rigoletto, La Traviata, El Trovador, Aída, por mencionar solo algunas de sus obras? Sus Requiem, uno en honor a Alessandro Manzoni y otro a Gioachino Rossini, prueban su capacidad creadora fuera del ambiente operístico. Su vida sentimental la rehízo con dos sopranos sucesivamente: Giuseppina Strepponi primero y Teresa Stolz después.
Pero no solo en música descolló Verdi: junto con Garibaldi y Cavour fue figura emblemática del Risorgimento (la unificación de Italia). Fue diputado y senador y, al grito de Viva Verdi, se aludía a VERDI como acrónimo de Vittorio Emanuele Re DItalia. Su Va pensiero de Nabucco, cantado por el coro de judíos cautivos en Babilonia que soñaban con el regreso a su patria ancestral, fue tomado como himno por los patriotas italianos que se identificaron con ellos en su anhelo de libertad y de soberanía.
Verdi falleció en 1901 y, en su funeral, profusamente concurrido, Va pensiero fue interpretado por 820 cantantes dirigidos por Arturo Toscanini y tarareado por los asistentes.
¡Honor a este gran músico en su bicentenario!

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