Unimet analizó rasgos distintivos de la diáspora judía

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En el primer Encuentro de Literatura y Arte celebrado en el mes de octubre, el grupo de investigación coordinado por la profesora de la Universidad Metropolitana Laura Febres, prestó especial atención a la diáspora judía a través del abordaje de las obras de Klara Ostfeld y Krina Ber, así como de la primera novela de Sonia Chocrón, Las mujeres de Houdini. Se tocaron temas como la persistencia de la memoria en las escritoras judías, a cargo de Lidia Salas, del Círculo de Lectores de la UCV, así como la historia y el destino en la obra Bajo la sombra de Klara Ostfeld, por las profesoras Tatiana Enache y Rosa Dorribo de la Unimet. Por su parte, Laura Febres trabajó la importancia del árbol familiar en la obra de Sonia Chocrón.
De cómo las escritoras judías en el exilio cambiaron sus maletas por destinos inciertos, agradecidas ante el recibimiento afable de la tierra de gracia, fueron algunos de los temas de conversación en la Unimet, en la que coincidieron también Trudy Ostfeld, hija de la escritora Klara Ostfeld —quien no pudo asistir—, y las escritoras Krina Ber y Sonia Chocrón.
La trágica imposición del desplazamiento a causa de la guerra resultó para Ostfeld y Ber una suerte de aportaciones al país que las acogió, siempre anclada en la nostalgia y la memoria. Se amasan historias de lo propio con las rutinas pasadas repletas de roperos viejos. Los recuerdos aparecen al desempacar esas maletas, y siguen intactos como si el fin último de sus narrativas fuera no olvidar. “Mi mamá —agregó Trudy Ostfeld— constantemente revisita lugares del pasado, debido al temor de que se olvide la historia del Holocausto una vez que los últimos testigos desa­pa­rezcan. Creo que así será mientras goce de vida”.
La escritora judía en el exilio, en tanto testigo del recuerdo, es vista con honor y coraje por estas investigadoras, a quienes se les consultó acerca de posibles aspectos característicos de la escritura judía, ¿existen tales? “El tema del exilio desde la óptica judía —dicen las investigadoras— destaca especialmente por la condición de sobreviviencia, un sello distintivo en la escritura judía”.
Krina Ber comenta que “hoy en la literatura venezolana contemporánea está de moda hablar del exilio, del desarraigo. En Venezuela ya no es un tema reservado a los judíos. Este registro es posible gracias al valor de la memoria como justificativo del presente, algo que en mi escritura es patente y debo a mi herencia judía. Yo escribo como escribo porque soy judía, estoy segura de eso”.
Laura Febres dice que “en Las mujeres de Houdini, de Sonia Chocrón, el personaje principal es nieta de inmigrantes, precisamente porque es un eslabón más allá de todo el proceso que vivieron los primeros inmigrantes, como el caso de Ostfeld. Sara, la nieta protagonista, nació en Caracas, es un poco ajena a la historia del Holocausto, lo ha vivido a través de sus abuelos, pero quiere distanciarse de todo aquello. Es relevante destacar la importancia del árbol familiar en la diáspora judía en relación a los otros grupos étnicos, pues el padre o la madre son figuras protagonistas, a diferencia de otros escritores en los que más bien estas figuras están diluidas en el relato. Para Sonia Chocrón ha sido sorprendente cómo la peculiaridad de su historia llegó a calar entre público de todo tipo, por eso afirmó: ‘Eso es algo que no me esperaba. Yo quería hacer una historia de madres e hijas y gustó independientemente de la religión’”.
Con naturalidad, el exilio encuentra en la escritura la voz para formar una memoria del pasado que es testigo de ese encuentro con las culturas, que permitió erigir nuevos proyectos de vida para los emigrantes. Esa aventura de adaptaciones y experiencias sin duda penetra en el alma del lector, consiguiendo más allá de la particularidad, para sorpresa de Sonia Chocrón, tocar la existencia de muchos venezolanos.
Como judíos somos cercanos a las historias familiares, y vemos con naturalidad los temas relacionados con el exilio, la guerra, la sobrevivencia, los cuales, vistos comparativamente, son un valor distintivo en relación a otros grupos étnicos. El equipo de investigación lo ha hecho notar y nos permite reconocerlo entre quienes, a modo de repliegue, elaboran ese ímpetu de vida en la escritura.
Por Raquel Nuchi
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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