La menorá expresa el simbolismo de Janucá

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Por Rabino Shmuel Rabinowitz
Uno de los símbolos judíos más reconocidos en el mundo es la llama de la menorá de Janucá. Se la reconoce más que el pan ázimo de la Pascua, más que la sucá y las cuatro especies, y más que el shofar de las Altas Fiestas. De hecho, este mandamiento, que se añadió a los mandamientos judíos cerca de dos mil años después de que la Torá fue dada en el Monte Sinaí, se convirtió en el que todos en el mundo reconocen y asocian a la nación judía.
Y esto se debe a que involucra a todo el pueblo, mientras que los otros mandamientos se llevan a cabo en la vida privada.
¿Qué es lo que transmiten estas pequeñas velas del festival, que despiertan un profundo sentimiento de identificación entre los judíos, y los caracteriza entre los no- judíos? El Talmud habla de un desacuerdo entre dos escuelas de educación e ideológicas del pensamiento: Beit Hillel y Beit Shamai. Los sabios discutieron la cuestión del orden en el que las velas del festival deben estar iluminadas. ¿Debería ser en orden ascendente, una vela en la primera noche y las ocho de la octava y última noche? ¿O, en caso de estar en orden descendente, de ocho a uno? Un profundo dilema ideológico se esconde detrás de esta deliberación práctica: ¿Dónde está nuestro corazón – en el cómputo de los días del festival, que ya han pasado, o en la anticipación de los días que aún no han llegado? ¿Deberíamos estar marcando y celebrando lo que existe, o deberíamos recordarnos a nosotros mismos de lo que aún no se ha dado cuenta?
Estas dos posiciones han continuado resonando en la vida de la nación judía desde hace dos mil años, pero para los propósitos de la halajá (ley judía), los sabios han acordado con Beit Hillel que creían en el ascenso moderado y gradual, “trabajando nuestro camino”. De hecho no fue fácil ser un judío durante estos dos mil años. No fue fácil mantener la fe bajo el Imperio Romano, ni tampoco adherirse a la alianza eterna bajo el dominio cristiano en Europa, y sufrir la segregación bajo el dominio musulmán a través de Asia y África.
Pero dondequiera que haya tomado la tortuosa ruta de exilio, la nación judía encendió una vela de esperanza y de fe “trabajando nuestro camino”, que brilló en las ventanas de las casas y en las almas judías cada año. En las noches frías y oscuras de Janucá, esa luz de esperanza y de fe, esta luz de la fuerte espíritu judío, fue la vela que iluminó nuestro futuro.
Las velas de Janucá brillaban por todas partes donde había judíos, a veces a la intemperie, a veces a escondidas. Encender aquellas pequeñas luces encarnó siempre una gran revolución. No es de extrañar, por tanto, que estas llamas temblorosas se convirtieron en el símbolo judío más reconocido en el mundo.
“Porque de Sión vendrá la Torá y la palabra del Señor de Jerusalén”. Os envío desde aquí las bendiciones de Janucá, la fiesta de las pequeñas luces celebra la gran luz del alma y el espíritu.
Shmuel Rabinowitz es rabino del Muro Occidental y los Santos Lugares en Israel

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