¿Existe el apartheid israelí?
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Por Beatriz W. De Rittigstein
A lo largo de la historia podemos estudiar distintos episodios en los que los apaciguamientos no han dado resultados. Por el contrario, han servido como una señal para que la potencia militar hostil malentienda que se trata de un permiso para seguir adelante con sus planes bélicos, pues nadie la detendrá. Al no haber límites, las ambiciones se incrementan. El caso más emblemático es el de Hitler.
La política del apaciguamiento se vincula a la figura de Neville Chamberlain, pues dio una tácita aprobación a la anexión de Austria en marzo de 1938, por parte de la Alemania nazi y prosiguió ese mismo año con la crisis de los Sudetes. Ambos acontecimientos mostraron el convencimiento del primer ministro británico en cuanto a evitar los horrores de otra nueva guerra. En un principio, la firma del Pacto de Munich fue considerada un triunfo de la diplomacia, creyendo que de esa forma Hitler se daría por satisfecho. Sin embargo, en septiembre de 1939, las tropas nazis invadieron Polonia, lo cual resultó en el detonante de la II Guerra Mundial y exhibió el fracaso de esa política de rendición ante la fuerza prepotente.
En el presente, Israel, Arabia Saudita y otros países árabes están convencidos que las conversaciones y el acuerdo temporal que refrendaron el Grupo 5+1 con Teherán para demarcar su programa nuclear, constituyen una capitulación ante el régimen de los ayatolas.
Si bien es cierto que la vía diplomática debería ser la más beneficiosa, el historial de la teocracia iraní en cuanto al engaño para ganar tiempo y avanzar en el desarrollo atómico, además, la penetración en países como Líbano y Siria; y el fomento al terrorismo internacional, integran razones válidas para desconfiar de su buena voluntad.

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