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Por Thomas L. Friedman
No sé si el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, tendrá éxito con respecto a las dos grandes prioridades elegidas: intentar forjar la paz entre israelíes y palestinos y una tregua con Irán que prive al país de un arma nuclear. Sin embargo, admiro su implacabilidad. Admiro la manera en que se atreve a fallar: la única forma de convertirse en un secretario de Estado trascendente.
Además, admiro su estrategia. Él intenta construir una diplomacia que vuelva imposible que Israel, la Autoridad Palestina e Irán sigan evitando sus grandes decisiones existenciales.
Sin consideración a los detalles del trato con Irán, Kerry, en esencia, le está ofreciendo a Teherán la siguiente alternativa: ¿Quieren ser una gran Corea del Norte o una China pérsica? Si quieren que su poder e influencia sean definidos por cuántas armas nucleares pueden fabricar, lo pueden hacer, pero serán un gran Estado fallido, aislado en su mayor parte del resto del mundo, en tanto su pueblo nunca será capaz de volver realidad su potencial pleno.
Si pretenden que su grandeza sea definida por el talento y la energía de su gente – que serán desatados una vez que las sanciones sean levantadas y ellos se puedan reintegrar al mundo después de 34 años de medio aislamiento -, tendrán que abandonar todo enriquecimiento nuclear con la excepción del destinado a la investigación limitada y necesidades de electricidad. Ustedes eligen. No habrá un trato mejor.
A los palestinos, Kerry les está diciendo: Ustedes quieren mantener la unidad del pueblo palestino; quieren un Estado independiente en el 100% de Cisjordania con una capital en Jerusalén Oriental; quieren la remoción total tan pronto como sea posible de todas las tropas y asentamientos israelíes; y quieren ser capaces de mantener cierta hostilidad hacia Israel en sus libros de texto y diplomacia.
Probablemente puedo conseguirles 95% de Cisjordania, con intercambios de Israel para compensar el resto y un asidero en el este de Jerusalén, pero tendrán que renunciar a la hostilidad y probablemente a su unidad; ya que prácticamente no habrá regreso de refugiados a lo que era Israel antes de 1967, al tiempo que tropas israelíes tendrán que ser autorizadas a mantener posiciones defensivas en el Valle del Jordán durante al menos una década. Lo sé, es la mitad de lo acordado, pero va en serio. Si quieren, pueden esperar otros 100 años.
A los israelíes, Kerry les está diciendo: Ustedes quieren un Estado judío, un Estado en toda la Tierra de Israel y un Estado democrático. Pueden tener dos de tres:
Pueden ser judíos en toda la Tierra de Israel, pero no serán democráticos, porque los árabes en Cisjordania e Israel constituirían un bloque electoral demasiado grande para que lo toleren democráticamente.
Pueden ser judíos y democráticos, pero no podrían conservar Cisjordania.
Pueden ser democráticos y estar en toda la Tierra de Israel, pero, entonces, no serán un Estado judío. Ustedes eligen. No habrá un trato mejor.
Esta no es una decisión fácil para Israel, dada la agitación árabe a su alrededor. La estrategia de Kerry ha sido convencer al Pentágono de que diseñe un plan de seguridad para Cisjordania y el Valle del Jordán que se apoye en satélites y otras infraestructuras de alta tecnología para eliminar la cuestión de seguridad de la mesa en la medida que sea posible, de forma que la decisión para Israel sea «ideología versus paz funcional». Oficiales israelíes, sin embargo, argumentan que el plan estadounidense es insuficiente.
La verdad es que ningún acuerdo de seguridad es invulnerable. Lo único que pudiera serlo es, a la par de las mejores herramientas de seguridad, darles a los palestinos un Estado que para ellos valga la pena defender y preservar, sorprendiéndolos con un poco de confianza, exactamente de la misma forma que Nelson Mandela tomó por sorpresa a los sudafricanos blancos.
Reviste importancia lo que hacen y dicen los palestinos. Pero lo que hacen y dicen los israelíes también condiciona lo que hacen y dicen los palestinos; y viceversa. Hasta ahora ni esta dirigencia palestina ni esta dirigencia israelí han demostrado un gramo de «mandelismo». Todo lo que se hacen y lo que hacen por cada cual es guardar rencor y cargarse de recelo, así que nunca hay una sensación de sorpresa. Sin un progreso en la confianza, no veo cómo pueda alcanzarse un gran acuerdo.
Sin embargo, el status quo no es benigno. Los choques violentos entre israelíes y palestinos en Cisjordania están aumentando. Sin un trato, la situación podría explotar fácilmente. Aunado a esto, la constante expansión de Israel en asentamientos le está dando a sus enemigos más forraje para deslegitimar al Estado judío.
No apoyo los asentamientos, pero tampoco apoyo los parciales boicots de intolerancia a instituciones académicas israelíes, como el anunciado por la Asociación de Estudios Estadounidenses, conocida como ASA. China amenaza con expulsar a la prensa estadounidense. Rusia intenta arrancar Ucrania de las manos de la Unión Europea. Sin embargo, ¿la ASA aísla a Israel para condenarlo? ¿Tan siquiera cree la ASA que los judíos tienen derecho a su propio Estado en cualquier parte de Palestina? Después de todo, la declaración de ASA dice que se opone «a la ocupación israelí de Palestina», sin especificar Cisjordania. Sin embargo, temo por Israel. Si Israel no detiene la locura de los asentamientos, negándoles a los palestinos un Estado en Cisjordania, encajará en la caricatura de sus peores enemigos.
Sin duda para Estados Unidos, Israel y la Autoridad Palestina, ningún trato sigue siendo mejor que un mal trato que se venga abajo a la mañana siguiente. Lo que Kerry está intentando formar son tratos aceptables y pragmáticos en los cuales las oportunidades puedan superar legítimamente los riesgos para todas las partes.
Su oportunidad de tener éxito en los frentes de Irán o Israel-Palestina es muy baja, pero respeto enormemente que se atreva a fracasar.
Fuente: The New York Times
Traducción: israelenlinea.com

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