Ariel Sharon: el heredero de Yehuda el Macabeo

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El combatiente-granjero desinhibido, un estratega supremo, uno de los más grandes comandantes de campo. Brillantes éxitos y errores catastróficos. Ariel Sharon – el general que recibió y se levantó, corrigió y engaño.
Arik Sharon era uno de los más destacados “granjeros combatientes”, que dirigieron al Tzahal y conformaron su imagen tras la Guerra de Independencia. Era uno de los hijos más destacados de “la colonización obrera”. Pertenecía a la generación de Talik (Israel Tal) y Raful (Rafael Eitan), quienes eligieron la seguridad como una profesión y una forma de vida. Fueron personas que fueron educados para creer, y creyeron. Mucho antes de la creación del Estado de Israel, en donde “más acres y más cabras”, protegidas por una fuerza de defensa judía atacante era la única manera de concretar la realización del sionismo.
Sharon era fiel a ese sionismo físico toda su vida y la empujó todo lo lejos que pudo. Sólo cuando se convirtió en primer ministro se dio cuenta de que “las cosas que ves desde aquí no las ves desde allí”, y su pasión se moderó. Pero cuando era un hombre joven, el campo de batalla era donde Sharon se encontraba en mejor que en ningún otro lugar. Allí se reflejaba su coraje, compostura, la determinación en la misión y la astucia que lo caracterizaban, allí fue donde su carisma provocaba que las personas siguiesen – o aceptasen sus órdenes – a la batalla, sin pensarlo dos veces, y él por su parte, no dudó en presentarse ir él mismo y enviar a otros al fuego.
Y no menos importante – Arik era un estratega supremo que entendió la realidad como un libro abierto, como solamente un agricultor lo sabe hacer; él también supo predecir los movimientos y las reacciones del otro lado, a los que había conocido desde su infancia.
Todo esto hizo de Sharon uno de los más exitosos comandantes de campo de alto rango en el Tzahal. Posiblemente fue el más exitoso. Es el único que posee el crédito personal de dirigir cuatro guerras de batallas terrestres y que inclinaron la balanza, decisivamente, a favor del ejército israelí durante la guerra.
Después de la Guerra de la Independencia, cuando el ejército se encontraba en pero nivel profesional y moral, Sharon hizo algo histórico, regresándole al ejército los valores de la lucha y el espíritu de lucha. Él también dio un ejemplo personal cuando ordenó ejecutar acciones de represalia realizadas por la Unidad 101 y el Batallón 890 que Sharon fundó en los años 50′. En la Guerra de los Seis Días dirigió una batalla divisional brillante que terminó con la ocupación de Um-El Katef en el Sinaí de manos de los egipcios. La batalla, que terminó con muy pocas bajas del ejército israelí aún se estudia en las academias militares de todo el mundo. En los años 70′ del siglo pasado, suprimió la ola de terrorismo en la Franja de Gaza. Sin la determinación, la persistencia y la adhesión a la misión de Arik dudosamente se hubiese cruzado el Canal de Suez y se hubiese cercado al Tercer Ejército egipcio durante la guerra de Yom Kipur – que provocó, más adelante, que el presidente Sadat llegase a la conclusión que era mejor la paz que la guerra con Israel.
Aún como comandante de campo, Ariel Sharon fue una figura controvertida. Junto a los adherentes fieles a sus posturas, acumuló una gran cantidad de opositores y personas que lo odiaban. Algunos argumentaba, entre ellos el primer ministro David Ben-Gurion, que no siempre decía e informaba la verdad; mientras que compañeros oficiales afirmaban que ignoraba órdenes explícitas que le daban; que era artero y manipulador y que no era fiel a sus superiores.
La primera vez que estas afirmaciones se hicieron públicas también en el sistema político, fue tras la represalia en la aldea Qyivia en Cisjordania, que por entonces estaba en manos de los jordanos. De Qyivia partían los terroristas palestinos que atacaban a las comunidades judías en Israel. La acción de represalia que dirigió Sharon causaron un enorme daño para la imagen de Israel en la opinión pública internacional debido a la gran cantidad de civiles no involucrados que fueron enterrados bajo sus casas cuando estas fueron explotadas. También en Israel se produjo una considerable indignación moral.
Después de la Campaña del Sinaí en 1956 acusaron a Sharon, entonces comandante de la Brigada de los Paracaidistas, de ser el culpable de provocar una batalla innecesaria contra una fuerza egipcia desplegada en Egipto en el paso de Mitla. 42 combatientes murieron allí y más de 200 soldados egipcios. Se argumentaba que la batalla no era necesaria y que Sharon recibió instrucciones explícitas de no enviar a sus tropas al paso. Sharón afirmó que había recibido órdenes y luchó con furia para limpiar su nombre.
Finalmente sobrevivido a todos estos temas, por sus habilidades y su popularidad entre un público que lo veía, con cierta justificación, como el sucesor de Judas el Macabeo. Sin embargo su deseo, en lo profundo de su corazón, no se concretó, no fue nombrado como Jefe de Estado Mayor. Sharon argumentó que los políticos lo acosaron porque vieron en él un potencial rival político, por lo que decidió trasladar la guerra a su territorio…
Por último, aprendió los límites de la fuerza. Sharon no siempre identificó los límites y las limitaciones relacionadas con su posición pública y con las reglas de la democracia. Su transición del campo militar al político realmente ocurrió antes de colgar el uniforme. Como General del Comando Sur en 1973, presionó a la primer ministro Golda Meir a aceptar el plan de asentamiento (en Cisjordania) propuesto por el ministro Yigal Alón acorde con sus opiniones políticas. Alon sugirió el establecimiento de los asentamientos de Gush Katif en la Franja de Gaza para que fuesen un tampón estratégica entre el ejército egipcio, cuando se penetre en el futuro en el Sinaí, entre la ciudad de Gaza y el centro de Israel. Sharon, quien apoyó el plan y fue un motor importante en su realización, tuvo, después de 32 años y decenas de muertos en nuestro lado, que admitir que se había equivocado. Como primer ministro desalojó y trajo de nuevo al interior de la línea verde los 7.000 residentes de Gush Katif.
Otra tesis estratégica errada de Sharón llevó al gobierno de Beguin a enviar al ejército israelí a la primera Guerra del Líbano. El Ministro de Defensa Sharon no estaba satisfecho con una gran campaña limitada en tiempo que aumentase el poder disuasorio y que debilitase el poder de la OLP. Su idea era asegurar el control israelí de Gaza, Judea y Samaria – expulsando a las organizaciones terroristas en el Líbano y a los guerrilleros palestinos, encabezados por Al Fatah, que tenía allí su sede, y además – firmar un acuerdo de paz con el gobierno libanés que por entonces estaba controlado por facciones cristianas.
El resultado es bien conocido: Los libaneses cristianos masacraron a los palestinos en Sabra y Chatila, algo que se le adjudica hasta el día de hoy. Tzahal se retiró del Líbano después de 18 años sangrantes, y el Hezbollah se convirtió en la fuerza dominante. “Se trata de un gran general, pero sus daños eran mayores que sus beneficios”, escribí en el 82′ al primer ministro Menajem Beguin, quien más tarde conformó la Comisión Cahan que destituyó. a Sharon.
A pesar de los muchos logros de Sharon como jefe militar debemos admitir la verdad: sus primeros años como político fue un estratega medio y pobre. No entendía las limitaciones del uso de la fuerza militar como medio para confeccionar un Oriente Medio rico en conflictos étnicos por lo que sus opiniones sobre la seguridad nacional apartaban consideraciones profesionales a causa de sus opiniones políticas. Solamente después de haberse convertido en Primer Ministro en el año 2001 comenzó a cambiar. A pesar de que al comienzo de la segunda intifada, se negó a construir la valla de seguridad como una barrera entre Israel y los Territorios Ocupados, pensando que debían estos seguir siendo una unidad geográfica. Pero cuando continuó la ola de ataques suicidas provocando víctimas dentro de Israel, Sharon dio la orden y el financiamiento para su construcción.
En general, como primer ministro durante la Segunda Intifada, Sharon volvió a demostrar calma, nervios de acero, coraje y buen juicio. Por ejemplo, envió al Tzahal a hacer la operación “Escudo Defensivo” a pesar de las dudas en el estado mayor sobre la posible entrada en los territorios palestinos. Antes de la operación, se presentó como primer ministro, como un general viejo y con mucha experiencia, a consultar acerca de la operación con los oficiales de las brigadas de combate. Escuchó con atención sus palabras y decidió poner en marcha una operación que cambió la campaña.
En aquel momento, Sharon también hizo bien en mantener una estrecha cooperación y buenas relaciones con el gobierno de Washington, y durante su segundo mandato como primer ministro también se atrevió y se las arregló para llevar a cabo la retirada de Gaza. Hay quienes critican el hecho de que procedió de forma unilateral y que Tzahal no se quedó en la ruta de Filadelfia, alegando que, como resultado de todo esto, nosotros recibimos en la actualidad ataques con cohetes. Puede ser, pero a la luz de las alternativas, la decisión fue correcta sin duda.
También en casa como en el ámbito internacional Sharon recibió elogios. Sólo los colonos, que una vez besaron el suelo que pisaba, lo llamaron traidor. Pero las confrontaciones nunca disuadieron a Sharon. Cuando quería algo, no había quién se interponga en su camino. Él fue realmente un gran general que se las arregló para ganar incluso batallas perdidas, porque sabía recibir golpes y ponerse nuevamente de pie, errar, corregir y moverse con astucia. Hasta que el derrame lo condenó al coma.
Fuente: Por Ron Ben Yshai en Yediot Ajaronot / Traducción Hatzad HaShení

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