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Por Martha Barroeta
“Porque el que os toca, toca a la niña de su ojo”. Así concluyó nuestra entrega anterior y con la misma intención continuaremos esbozando en nuestra cuartilla de hoy el tema del pueblo de Israel.
Cuando Jesús hablaba con la mujer samaritana, ella le dijo: “Me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Jesús le dijo: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos” (San Juan 4: 19 al 22).
Las ventajas que tiene el pueblo de Israel no las tiene ningún otro pueblo sobre la tierra. Así se expresa el apóstol Pablo en relación con el pueblo judío: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de que aprovecha la circuncisión?
Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios”. Las escrituras que poseemos nos han llegado a través de ellos. Romanos 3: 1 al 2.
A los israelitas les pertenece la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén. Romanos 9: 4 y 5.
Los gentiles somos deudores a los judíos, por cuanto hemos venido a ser participantes de sus bienes espirituales, y todo eso lo ha hecho Dios. Romanos 11: 17 – 18 y 15: 27.
Por todas estas razones, los creyentes gentiles hemos de bendecir continuamente al pueblo de Israel. Primeramente, porque esto es agradable a Dios y también porque las bendiciones de Israel vienen sobre nosotros a causa de esto. Menospreciar a los judíos equivale a menospreciar a Dios mismo.
El apóstol Pablo nos enseña que en tiempos pasados los gentiles estábamos alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa.
Pero ahora, en Cristo Jesús hemos sido hechos cercanos por medio de su sangre, y de ambos pueblos hizo uno, logrando la reconciliación en un solo cuerpo (Efesios 2: 11 al 22).
Los que quieren vivir de manera independiente tratando de ignorar y menospreciar al pueblo judío que ha sido escogido por Dios, están en abierta oposición a Dios y a su Santa Palabra.
Y para concluir nuestro tema de hoy, leemos en el Libro de los Salmos 128: 5 y 6 lo siguiente: “Bendígate Jehová desde Sion, Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida, Y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel”.
Fuente: El Carabobeño

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