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Por Rebeca Perli
El gobierno español ha anunciado la promulgación de un proyecto de ley que permitirá a descendientes de los judíos sefardíes expulsados en 1492, optar por la ciudadanía española. Si bien este proyecto debe ser sometido a ratificación para convertirse en ley, el mismo ha suscitado grandes expectativas entre quienes pueden aspirar a este beneficio. En una entrevista concedida a AP, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, expresó que esta decisión pretende "reparar un terrible error histórico, uno de os más graves cometidos por los españoles".
Durante siglos los judíos vivieron en España en donde dejaron una honda huella desempeñándose con libertad en toda clase de actividades desde labradores hasta consejeros de reyes, y donde descolló la figura del gran médico y filósofo Maimónides. Pero la Inquisición fue implacable y el 31 de julio de 1492 venció el plazo para que dejaran España despojados de sus pertenencias, aunque no de sus vivencias las cuales llevaron consigo junto al idioma de Cervantes con el que se siguieron comunicando donde quiera que se instalaran, enriqueciéndolo con vocablos de los países de su tránsito, para convertirlo en ladino o judeo español en Turquía y los países de la Península Balcánica, y en jaquetía en los del norte de África.
Sefarad significa España en hebreo, por lo que, ya por denominación, los sefardíes son españoles. No importa en qué país vivan han arrastrado sus recuerdos de generación en generación y rescatado para la posteridad diez siglos de historia. Los lazos de los sefardíes con España son incuestionables; así lo constaté al encontrar en un ejemplar de El conde de Lucanor algunos de los cuentos que me contaba mi abuela, en ladino, cuando yo era niña.

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