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Por Beatriz W. De Rittgstein
En estos días el pueblo judío está celebrando la festividad de Pesaj y pese a que los hechos que se conmemoran ocurrieron hace unos 3.300 años, en la actualidad, el formidable esfuerzo por el triunfo de la libertad y la justicia, dos valores íntimamente vinculados entre sí, está vigente.
La libertad y la justicia son las bases del sistema democrático que, siempre perfectible, con aciertos y errores, es el que brinda mayores posibilidades de desarrollo y está profundamente relacionado con la naturaleza del ser humano. La democracia se materializa en la pluralidad, reconocimiento y respeto. La justicia y la libertad son garantía de una convivencia armoniosa.
Pesaj conmemora la liberación del pueblo judío del sometimiento en Egipto, relatada en la Biblia, en el libro del Éxodo: Moisés rescata a su pueblo y lo guía a la Tierra prometida. Así, cada año, se rememora el nacimiento de la nación judía y es el tiempo en que esta celebración se despliega como una continuidad, haciendo que este pueblo "renazca" a lo largo de las generaciones.
El gran aprendizaje que nos lega Pesaj y su importancia para el futuro es la esperanza de que cualquier conflicto se puede vencer. Un tirano como el faraón y una nación tan poderosa como Egipto fueron derrotados. Los esclavos pueden ser hombres libres y superar las secuelas del cautiverio.
La historia de Pesaj, del conjunto de aquellos acontecimientos que constituyen el pasado colectivo, es la que proporcionó el énfasis en la responsabilidad de la memoria. Humildemente, los judíos recuerdan año tras año, que fueron esclavos en Egipto y la libertad que conquistaron hace milenios significa un compromiso para el judaísmo, la cual, día a día, se tiene que construir y cimentar.

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