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Por Fernando Mires
A principios del siglo XXI todavía hay un pueblo en España cuyo nombre recuerda los tiempos siniestros en los que unos españoles mataban a otros por su religión: Castrillo Matajudíos.
Está al norte de Madrid, en la provincia de Burgos, tiene unos 60 habitantes y lleva cinco años pensando en modificar su nombre para pasar a llamarse Castrillo Motajudíos o Mota de Judíos.
Es probable que, este 25 de mayo, coincidiendo con las elecciones al Parlamento Europeo, sus habitantes aprueben también en las urnas ese cambio.
En la consulta participarán, según el censo que está elaborando el ayuntamiento, no sólo los vecinos allí empadronados, en su mayoría ancianos, sino todos aquellos que tengan algún vínculo con el pueblo.
¿Por qué lo cambian ahora tras llamarse así durante más de cinco siglos? Lorenzo Rodríguez Pérez, el alcalde, dio varias razones: "El nombre ofende a más de uno"; "jugó malas pasadas a vecinos del pueblo en varias partes del mundo como Israel"; "se recibieron cartas en el ayuntamiento instando a rebautizar la aldea". No dijo que recordaba a los pogromos ni que tenía connotaciones antisemitas.
Rodríguez Pérez aseguró que sus antepasados son inocentes. Fueron los del pueblo de al lado, Castrojeriz, los que en 1035 destruyeron la judería, mataron a unos 60 judíos y desterraron a los demás a una colina cerca de Castrillo.
El pueblo empezó entonces a llamarse a Castrillo Mota de Judíos, pero un escribano se equivocó y le puso Matajudíos en un documento oficial. Se quedó con ese nombre. La corporación municipal empezó en 2009 a estudiar el cambio.
Me enteré de esta iniciativa gracias a las cartas de mi amigo Ahmed, un profesor israelí, que leyó la publicación en numerosos diarios desde "Yediot Aharonot" hasta "Le Monde" pasando por el "New York Daily News" y "Die Welt".
Ahmed aplaudió la propuesta, pero animó a que cunda el ejemplo.
"A mí, como musulmán, me ofende que al pie de algunos cuadros y estatuas de iglesias se llame Santiago Matamoros a Santiago Apóstol", señaló en su correo.
"Para mí también es una afrenta que una decena de pueblos y ciudades de América Latina y España se llamen Matamoros. También allí deben iniciarse trámites para rebautizarlas", agregó.
Es verdad. De nada sirve promulgar leyes contra el racismo sin antes empezar por lo más simple.

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