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Por Claudio Epelman
Cuando en Oriente Medio se siembra el escepticismo, la visita del Papa Francisco concentra la atención de todos. El pontífice llega a la región en un momento muy sensible, cuando hace pocos días se han interrumpido las negociaciones entre israelíes y palestinos auspiciadas por los Estados Unidos.
Sin dudas el marco de las conversaciones de paz hubiese sido un contexto más auspicioso para su visita, pero la situación despierta nuevas expectativas de este viaje que tiene gran importancia para los distintos actores.
Para los jordanos, la visita será sin dudas de relevancia estratégica. El propio rey Abdullah viajó a Roma hace algunas semanas para ajustar los preparativos del viaje. El monarca ocupa un lugar central en el cuidado de la convivencia entre musulmanes y cristianos en toda la región.
Los palestinos esperan con gran expectativa la misa que el pontífice celebrará en Belén, con una agenda llena de encuentros de gran significación para la estrategia del presidente Abbás de reposicionamiento internacional.
Los israelíes saben que les espera una muy intensa agenda, donde cada reunión tiene un significado distinto, pero no menos importante que las otras. El Papa visitará la tumba del padre el sionismo, Teodor Herzl, dando así respaldo moral al movimiento de liberación nacional del pueblo judío; además de encontrarse con el presidente y el primer ministro.
Por otro lado, este es el primer viaje organizado por Francisco fuera de Italia, ya que su visita a Brasil en 2013 para la Jornada Mundial de la Juventud fue planificada por Benedicto XVI y el nuevo Papa ocupó su lugar.
Este viaje, ni más ni menos que a Oriente Medio, además de tener un cúmulo total de perspectivas geopolíticas, tiene un sentido absolutamente ecuménico: conmemorar los 50 años del encuentro entre Paulo VI y el Patriarca Ortodoxo Antenágoras, encuentro de los líderes de la  Iglesia de Oriente con la de Occidente que no se realizaba hace años. Rememorado esto, en el Santo Sepulcro, Francisco y el Patriarca de Constantinopla se encontrarán en un gesto de unidad de los cristianos.
En el plano interreligioso el Papa tendrá importantes gestos: se reunirá con el mufti de Jerusalén, autoridad islámica, en la Explanada de la Mezquita de Al Aqsa, tercer lugar sagrado para el mundo musulmán; y con los grandes rabinos de Israel. Así mismo, la agenda papal contempla dos momentos relevantes para los judíos del todo mundo: la visita al Muro de los Lamentos y al Memorial del Holocausto de Yad Vashem, ambos símbolos de la historia y del futuro de los judíos. Cuando algunos personajes oscuros niegan el asesinato de 6.000.000 de judíos durante la Segunda Guerra Mundial y cuando el antisemitismo recrudece en Europa, el Papa ofrecerá su homenaje a las víctimas de la Shoá, recordando que Yad Vashem no sólo es un museo que recuerda lo pasado, sino que es un mensaje para toda la humanidad para el futuro acerca de lo que el odio del hombre puede hacer con el hombre.
Con este viaje Francisco dará un mensaje a los fundamentalistas religiosos, ya que por primera vez, en un viaje papal, la delegación vaticana incluye entre sus miembros a un judío y a un musulmán, ambos de Argentina, para ofrecer un anuncio conjunto: la convivencia entre las religiones es posible.
Sin duda alguna, estas invitaciones son el preámbulo del desep de paz que el Papa intentará sembrar en una de las zonas más conflictivas del mundo.
Es una visita que estará rodeada de muchas medidas de seguridad, profundos gestos y grandes sorpresas; y será amplificada por el carisma del Papa. La búsqueda de proximidad con la gente y una vocación incesante de acercar a las partes, a israelíes con palestinos, a judíos con musulmanes y con cristianos, a los hombres con los hombres, lo hará compartir con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, la búsqueda de paz en la región.
Esta expectativa, que comparten Abdullah en Jordania, Abbás en Palestina y Peres en Israel; judíos, católicos y musulmanes del mundo, no hace más que mostrar que el Papa Francisco no sólo es el jefe de la Iglesia Católica, sino que se ha convertido en un referente del mundo todo, y este viaje es una renovación de las expectativas de construir convivencia, como lo hizo en Argentina, en su tiempo de Arzobispo de Buenos Aires.
Que el Papa Francisco vaya en paz, regrese en paz y en su paso por Oriente Medio siembre la paz.
Fuente: Israel en línea

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