Jerusalén: la capital del Estado de Israel

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"Diez medidas de belleza descendieron sobre el mundo; nueve recibió Jerusalén y una el resto del mundo" (Talmud de Babilonia, Tratado Kidushín 49:2).
Jerusalén, la capital de Israel, se encuentra en el corazón del país, recostada entre los Montes de Judea. Las antiguas piedras de la ciudad, saturadas de milenios de historia y sus numerosos sitios históricos, santuarios y lugares de culto, están llenas de significado para judíos, cristianos y musulmanes. Su moderna arquitectura, amplios parques, paseos, zonas industriales y suburbios en expansión pregonan sus esperanzas para el futuro.
La brillante luminosidad de Jerusalem, dorada por los rayos del sol, y plateada a la luz de la luna, es de un impacto con el que sólo puede competir el caleidoscopio de su gente, algunos descendientes de varias generaciones de jerosolimitanos, otros provenientes de todos los confines del mundo. Mezclados con personas que visten todo el espectro de la última moda, encontramos judíos ultraortodoxos con sus trajes oscuros, mujeres árabes envueltas en túnicas de coloridos bordados y clérigos cristianos con sus sombrios hábitos.
Jerusalem, ensalzada por los profetas, alabada en la literatura y la liturgia y loada por los poetas, cercanos y lejanos, a lo largo de las generaciones.
La Capital de Israel
Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén (I Reyes 2:11).
Con el restablecimiento del Estado de Israel en 1948, Jerusalem pasó a ser una vez más la capital de un Estado Judío soberano. A lo largo de los milenios de su existencia, Jerusalem nunca ha sido capital de ninguna otra nación soberana.
Jerusalem se ha mantenido como el centro de la vida nacional y espiritual del pueblo judío desde que el rey David la convirtiera en capital de su reino en el año 1003 AEC. La ciudad siguió siendo capital de la dinastía de David durante 400 años, hasta que el reino fuera conquistado por los babilonios. Después del regreso del exilio de Babilonia en el año 538 AEC, Jerusalem volvió a ser la capital del pueblo judío en su tierra por los próximos cinco siglos y medio.
El lazo cristiano con Jerusalem es esencialmente religioso. Salvo durante el corto período del reino cruzado, no ha asumido connotaciones políticas o seculares. Durante los seis siglos de régimen romano y bizantino, fue Cesárea, y no Jerusalem, la capital.
Durante el dominio musulmán, Árabe o no, sobre la ciudad, Jerusalem nunca fue convertida en la capital política de una entidad musulmana, y ni siquiera fue una provincia dentro del imperio musulmán. Bajo el dominio musulmán árabe (638-1099) de los califas omeyas, abasidas y fatimitas, Jerusalem fue gobernada desde Damasco, Bagdad y El Cairo, respectivamente. En el siglo octavo, la ciudad de Ramle fue convertida en capital del distrito que abarcaba a Jerusalem.
Durante el periodo del régimen mameluco (1250-1516), el país fue gobernado desde Damasco; en la época otomana (1517-1917), desde Constantinopla.
Bajo el dominio británico (1922-1948), Jerusalem fue la sede del Alto Comisionado y de la mayoría de las oficinas administrativas del Mandato, así como de las instituciones centrales de la creciente comunidad judía.
Desde 1948 hasta 1967, Jerusalem fue una ciudad dividida, resultado de una guerra que le fue impuesta. Durante diecinueve años, muros de hormigón y alambradas de púas separaron una parte de la ciudad de la otra. Su parte oriental, incluyendo la Ciudad Vieja, fue anexada por Jordania y gobernada desde su capital, Ammán. El sector occidental de Jerusalem se convirtió en la capital de Israel.
Después de otra guerra, junio de 1967, Jerusalem fue reunificada. Las barreras que dividían la ciudad fueron derribadas, los portones de la Ciudad Vieja fueron abiertos a gente de todas las religiones y el sector oriental fue reincorporado a la capital del país.
En junio de 1980 la Knéset aprobó la "Ley Básica-Jerusalem" (inglés), que restauró los derechos y obligaciones de Israel concernientes a la capital. La Ley determinó que los lugares santos de todas las religiones serían protegidos para evitar profanaciones, se garantizaría el libre acceso a ellos y el gobierno se ocuparía del desarrollo de la ciudad, así como de la prosperidad y el bienestar de sus habitantes.
Vida Moderna
Así dice el Señor: Yo he restituido a Sión, y moraré en medio de Jerusalem. Aún han de morar viejos y viejas en las plazas de Jerusalem y las calles de la ciudad serán llenas de muchachos y muchachas, que jugarán en las calles (Zacarías 8:3-5).
Jerusalem es un mosaico de culturas y nacionalidades, gentes, barrios, antiguos y nuevos. Es una unión de contrastes con un carácter único.
Jerusalem es la sede del Presidente de Israel, la Knéset (el parlamento de Israel), la Corte Suprema, los ministerlos y el Gran Rabinato. Aquí también se encuentran el Museo Israel, la Biblioteca Nacional y Yad Vashem – el memorial nacional para los mártires del Holocausto.
La Jerusalem moderna se ha desarrollado alrededor de la Jerusalem de intramuros; la cludad, una pujante metrópoli con una población cercana al medio millón de personas, se extiende sobre un territorio de más de 100 kilómetros cuadrados de colinas y valles.
La historia de la moderna Jerusalem empieza con la construcción de Mishkenot Shaananim (1860), el primer barrio fuera de las protectoras, pero limitantes, murallas de la ciudad, que fue construido por aquellos que buscaban un desahogo frente al hacinamiento en el barrio Judío. Cincuenta años más tarde, en 17 barrios fuera de las murallas, vivía el doble de gente que dentro de la Ciudad Vieja.
La Jerusalem de los siglos XIX y XX se caracteriza por el concepto de unidad barrial que comenzó con los cuatro barrios de la Ciudad Vieja. En la "Ciudad Nueva", los miembros de las distintas comunidades étnicas se asentaban juntos para fundar los primeros barrios. Posteriormente, una ideología común Ilevó a gente a vivir juntos. Más tarde, varias olas inmigratorias de países o regiones específicas fueron el principal factor en la determinación de la composición de la población de un barrio.
La expansión de Jerusalem, hoy en día la ciudad más grande de Israel, ha borrado la tradicional homogeneidad de sus barrios. Sin embargo, la mayoría de ellos aún conserva algunos de los rasgos que los caracterizaron en un comienzo.
Debido a la importancia de Jerusalem para todo el mundo, el alcalade Teddy Kollek fundó en 1968 el Comité de Jerusalem, para que revise los planes de desarrollo de la ciudad. El comité, formado por cerca de 70 renombrados arquitectos, urbanistas, historiadores y filósofos como consejo asesor internacional, preocupado por la restauración y desarrollo de la ciudad, y la preservación del caracter especial de Jerusalem y su legado pluralista énico.
El avance y desarrollo de Jerusalem desde su reunificación en 1967 ha abarcado prácticamente todas las esferas de la vida urbana: se han construído varios nuevos suburbios en la periferia de la ciudad; han surgido muchos hoteles; se han desarrollado varias zonas industriales; se han "renovado" barrios; se han plantado decenas de parques públicos; se han restaurado sinagogas, Iglesias y mezquitas y se han construido algunas nuevas.
Paralelamente a su desarrollo físico, se han expandido las instalaciones y actividades culturales de Jerusalem. La ciudad se ha convertido en sede de festivales culturales internacionales y de convenciones científicas. El Festival Israel anual sirve de escenario para el ballet, teatro y música ejecutados por artistas locales y extranjeros; la Feria Internacional del Libro de Jerusalem, cada dos años, y otros festivales regulares de cine, teatro de muchos países, se reune en Jerusalem cada dos años y sirve de marionetas y música coral atraen gran público a la capital de Israel.
Jerusalem – cuyo nombre, de acuerdo a la tradición, deriva de las palabras hebreas "ir", que quiere decir ciudad y "shalom", que significa paz – sintetiza la esperanza expresada en la más noble aspiración de la humanidad: paz para todos los hombres. La libertad de culto de la que gozan judíos, musulmanes y cristianos en sus lugares santos, a corta distancia unos de otros y el contacto diario entre los diversos grupos étnicos y religiosos que viven en la ciudad, cada uno de los cuales ostenta una larga tradición cultural, puede servir de modelo de paz y coexistencia para ser imitado en toda la región.
Jerusalem, la capital de Israel y sede del gobierno, es la ciudad más grande del país. Su población alcanza los 634.000 habitantes (de ellos 14.000 cristianos) es un mosaico de diversas comunidades nacionales, religiosas y étnicas.
"Si te olvidare, oh Jerusalem, olvide mi diestra su habilidad; adhiérase mi lengua al paladar si de tí no me acordare; si no pusiere a Jerusalem en la cumbre de mis alegrías" (Salmos 137:5-6).
Jerusalem es una ciudad con lugares históricos cuidadosamente preservados y restaurados, y con modernos edificios, suburbios en permanente expansión, zonas y centros comerciales, parques industriales de alta tecnología y de bellos paisajes. Es una ciudad al mismo tiempo antigua y moderna, con sus tesoros del pasado y con sus planes para el futuro.
La santidad de Jerusalem está reconocida por las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el Islam, pero la naturaleza de dicha santidad difiere para cada una de ellas.
Para el pueblo judío, la ciudad es santa en sí. Elegida por Dios en su promesa a David, Jerusalem es el centro mismo de la existencia espiritual y nacional, y de la continuidad judía. Durante casi 3.000 años, desde los tiempos del rey David y la construcción del Primer Templo a cargo de su hijo Salomón, Jerusalem fue el foco de las plegarias y la devoción judía. Dondequiera éstas estuvieran, durante casi 2.000 años, siempre se volvieron hacia Jerusalem y el Monte del Templo durante sus plegarias.
Para los cristianos, Jerusalem es la ciudad de los Santos Lugares asociados con los hechos de la vida y ministerio de Jesús y con la historia de la temprana iglesia apostólica. Se trata de lugares de peregrinaje, plegaria y devoción. Las tradiciones que identifican algunos de esos lugares datan de los primeros siglos del cristianismo.
En la tradición musulmana, el Monte del Templo es identificado como "el santuario más alejado" (en árabe, masjid al-aksa) desde el cual el profeta Mahoma, acompañado por el ángel Gabriel, llevó a cabo la travesía nocturna hacia el Trono de Dios (el Corán, Sura 17:1, Al-Isra).
La Ley de los Santos Lugares (5727-1967) garantiza el libre acceso a los lugares sagrados para los miembros de los diferentes cultos.
La soberanía judía en la ciudad llega a su término en el año 135, con la represión de la segunda rebelión que éstos llevan a cabo contra Roma y sólo fue restaurada en 1948, con la creación del Estado de Israel. Durante todos esos siglos Jerusalem estuvo bajo el dominio de potencias extranjeras. No obstante, a lo largo del tiempo siempre hubo judíos que vivieron en Jerusalem y desde 1870 constituyen la mayoría de su población.
Como resultado de las luchas entabladas durante la Guerra de la Independencia en 1948 y de la división de Jerusalem, las sinagogas históricas y academias rabínicas en el Barrio Judío de la Ciudad Vieja fueron destruidas o severamente dañadas. En 1967, con la reunificación de la ciudad después de la Guerra de los Seis Días, el Barrio Judío en la Ciudad Vieja, con sus academias y sinagogas, fue restaurado y reconstruido.
Hoy en día Jerusalem es una ciudad vibrante y vital. Es un centro cultural de renombre internacional, que ofrece festivales de cine y de artes representativas, conciertos, museos singulares, amplias bibliotecas y convenciones profesionales.
"Tres mil años de historia nos contemplan hoy desde esta ciudad sobre cuyas antiguas piedras surgiera la antigua nación judía, en cuyo límpido aire de montañas absorbieran las tres religiones su esencia espiritual y su fortaleza…". "Tres mil años de historia nos contemplan hoy desde esta ciudad en la que las bendiciones del sacerdote judío se mezclan con el llamado del almuecín musulmán y con las campanas de las iglesias cristianas; en la que en cada callejuela y en cada casa de piedra se han oído las admoniciones de los profetas; cuyas torres han visto el surgimiento de las naciones y su caída; pero Jerusalem permanece eternamente… Los tres mil años de Jerusalem constituyen para nosotros, ahora y para siempre, un mensaje de tolerancia entre los cultos, de amor entre los pueblos, de entendimiento entre las naciones…" (Yitzhak Rabín, septiembre de 1995).
A través de los siglos, Jerusalem ha sido conocida con numerosos nombres de admiración y reverencia. El más adecuado de todos es "la Ciudad de la Paz".

Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel (MFA), Imágenes de Israel

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