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Israel: Un país muy generoso
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Por Samuel Auerbach
Un nuevo país palestino al lado de Israel, no es sinónimo de paz en el Medio Oriente. Una paz duradera no la puede garantizar un diminuto y débil país palestino, sino una convención panárabe que reconozca el derecho que tiene Israel de existir en su actual ubicación. ¿Está ciego el mundo que no ve que los esfuerzos que hace para traer paz a la región serán vanos mientras millones de islamitas fuertemente armados a su alrededor, sueñan con echar a los “intrusos enemigos sionistas” al mar, y crear en su lugar un país para los “sufrientes palestinos desplazados”?
El Papa Francisco recibió en el Vaticano al presidente de Israel Shimón Peres, y al presidente palestino Mahmud Abbás, para rezar por la paz en Oriente Medio. La loable iniciativa del carismático y bien intencionado Papa argentino, que no toma en cuenta los difíciles problemas terrenales que impiden esa paz, se haya realizado. ¿Podrá el Eterno cumplir con el pedido que involucran esos rezos? Yo creo que lo podrá hacer si usa sus poderes divinos para convencer al terrorismo árabe que abandone su macabra tarea de exterminio que lleva a cabo contra el Estado de Israel desde su creación. Entonces Israel no arriesgará su seguridad si entrega territorios para posibilitar la creación del Estado Palestino, y la paz reinará en el Medio Oriente.
Personalmente no creo que los rezos que propone llevar a cabo en la Santa Sede, harán que Iran y sus secuaces Hisballah y Hamás le tiendan una mano amistosa a Israel, por lo menos no en ésta ni en las siguientes cercanas generaciones. El veneno contra Israel con el que los terroristas intoxicaron a sus hijos, no con facilidad se depurará de su sangre. En el mejor de los casos los rezos podrán darle nuevo impulso a las conversaciones de paz, interrumpidas por Israel tras el acuerdo de reconciliación entre Mahmud Abbás y el grupo terrorista Hamas.
Nada ni nadie puede garantizar la continuidad de Israel como país de los judíos, en la misma manera en que lo hacen sus propias fuerzas armadas dentro de sus actuales fronteras. El mundo no ve que Israel no puede darse el lujo de tener a su lado a un nuevo país árabe, que aunque con “autoridades pacíficas”, podría ser invadido por terroristas como sucedió después de las dolorosas entregas territoriales en Gaza. Los que tienen que decir “no” al final de las conversaciones no son los palestinos sino los israelíes.
Pero es preciso señalar que es harto suficiente con solo decir “no”. No es necesario que Israel responda a antipáticas acciones unilaterales de los palestinos con perjudiciales incautaciones de territorios a negociar. Lo que consigue con ello es aislarse dentro del mundo amigo que lo quiere apoyar. Pone en duda sus intenciones de paz, dando la impresión en cambio, que la coalición del actual gobierno israelí aprovecha motivos para materializar la vieja ambición de la patria grande de muchos de sus miembros, semejante a la bíblica patria grande de sus antepasados.
Las puertas para la paz deben quedar siempre abiertas, a la espera de que ese gran remedio natural llamado tiempo, o fuerzas divinas estimuladas por suplicantes rezos, produzcan que el Islam trueque su tendencia agresiva por tolerancia hacia el pensar distinto, y le haga entender que el Estado de Israel no es su enemigo. La clave de la paz está en manos del Islam.
Fuente: Aurora Digital

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