Papa Francisco ¿qué nos dejó su visita al Medio Oriente?

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Por Isac Gliksberg
Escribimos estas líneas con algunas reflexiones sobre la presencia del Papa Francisco en una zona tan importante como al mismo tiempo, tan conflictiva desde el punto de vista geopolítico, cuarenta y ocho horas después de que el obispo de Roma, una de las atribuciones que le corresponden a la autoridad máxima de la Iglesia Católica Apostólica Romana, abandonara el Medio Oriente.
Este viaje del Santo Pontífice fue su segundo viaje al exterior, el primero fue en 2013 en Brasil, donde asistió a la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro y tanto en esa ocasión, como la reciente, dio evidencias de una personalidad que, de alguna manera, marca una impronta muy particular.
En primer término y es la primera reflexión, fue ésta una visita de carácter histórico.
Francisco viaja a la región con un evidente propósito de lograr allanar, de facilitar, el camino para alcanzar una paz duradera entre Israel y la Autoridad Palestina, tratando de acercar, lo más posible, a ambas partes en conflicto en una zona donde incluso, los cristianos allí residentes son víctimas de la situación que se está viviendo desde hace varias décadas.
Es que el conflicto del Medio Oriente es uno de los más prolongados en el tiempo. Un conflicto que tiene un carácter netamente geopolítico y no religioso como suelen tenerlo otros.
En el Medio Oriente no se ha logrado la paz no obstante los esfuerzos de Estados Unidos de América por lograrlo por la vía de acuerdos diplomáticos, o los intentos por parte de la Liga Árabe, o del Grupo de los Cuatro o mismo del propio Secretario General de las Naciones Unidas. Todos, hasta el presente, han fracasado.
Todo este largo proceso, que no debiera convertirse en un objetivo, sino un instrumento para lograr la paz, ha tenido a lo largo del tiempo avances y retrocesos evidentes que, de alguna manera han determinado que, hasta el presente, se siga viviendo bajo la amenaza de un conflicto armado.
El viaje de Francisco, debe ser interpretado como un intento de facilitar las negociaciones de paz entre las partes y no como un mero peregrinaje religioso.
En su recorrido de tres etapas, Aman (Jordania), Belén (Autoridad Palestina) y Jerusalén (Israel), el Papa abogó y defendió, como seguramente ya sabe el lector, por dos Estados como solución al conflicto, apeló al Derecho de Israel a su existencia y el Derecho de los palestinos a tener una Patria soberana y poder desplazarse dentro de la región libremente.
La visita de Francisco a la región se produce exactamente, cincuenta años después de que lo hiciera el primer Papa en llegar al Medio Oriente, Pablo VI en 1964, tras el cual, lo hiciera Juan Pablo II en el año 2000 y el Papa Benedicto XVI en el año 2009.
Y vea el lector cómo, en uno de sus tantos gestos revolucionarios, como veremos líneas más abajo, Francisco fue acortando los plazos en relación a la visita del Obispo de Roma a Tierra Santa. Treinta y seis años desde el primero al segundo Papa, nueve años desde la visita del segundo al tercer Papa y apenas cinco, desde que el Papa Ratzinger visitó el Medio Oriente, lo hizo Francisco.
No faltaron quienes, enterados del viaje del Papa Francisco con anterioridad manifestaran expectativas auspiciosas como quienes, por el contrario, tenían resquemores en cuanto a una posible pacificación de la región gracias a este peregrinaje.
Es que se debe entender que el Papa puede defender la paz, pero será la política, y la comunidad internacional, las que deberán llevar a ambas partes a ella.
El diálogo que promueve es muy valioso, sin ninguna duda y la voluntad de lograr la pacificación es muy valiosa y hasta fundamental en el proceso para el logro de la paz. El diálogo es, en definitiva, la faz humana del proceso. Y Francisco le ha dado mucha importancia al diálogo interreligioso, antes de ser Papa, y ahora en este viaje al Medio Oriente.
El Papa Francisco, un sacerdote jesuita, ya había dado muestras de ser un gran negociador mientras fue Arzobispo de Buenos Aires, en Argentina.
Como tal, lo han definido todos los analistas que han seguido de cerca su actuación religiosa.
Y lo demostró, con hechos concretos, entre los que corresponde destacar el hecho de que haya invitado a orar por la paz en su sede del Vaticano al presidente, Simón Peres, y al titular de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, y éstos hayan aceptado su invitación.
Pero además, la calidad negociadora de este Papa, se evidencia en el hecho de que no invitó al Vaticano al primer ministro, Biniamín Netanyahu, ya que éste le habría puesto en un gran aprieto diplomático dado que el Gobierno condiciona la continuación del diálogo con el presidente palestino –interrumpido tras nueve meses – a que renuncie al ejecutivo de unidad palestino, anunciado hace algunas semanas, integrado por el grupo islamista Hamas, que controla y gobierna la Franja de Gaza y no reconoce al Estado de Israel.
Peres, no solamente aceptó la invitación, sino que declaró públicamente que “apoyo cualquier esfuerzo o intento por conseguir la paz”, en tanto que Francisco manifestó que “vivir sin paz, es un sufrimiento.”
Reflexionando sobre el reciente viaje del Papa Francisco al Oriente Medio, uno no puede evaluar, a poco tiempo de su partida, como éxito o como fracaso. Pero corresponde destacar la valentía que ha evidenciado el Pontífice, lo cual es, según sus analistas desde hace muchos años, una de sus características personales.
Fíjese el lector que, durante el encuentro en Belén con las autoridades palestinas y con el presidente Mahmud Abbas, pidió “que se redoblen los esfuerzos y las iniciativas dirigidas a crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada una de las partes, y en la seguridad recíproca.”
Si bien su viaje tuvo otros motivos, este último me parece un punto clave.
Y con este viaje, el Papa Francisco ha demostrado que es un revolucionario, en el sentido de ser capaz de producir importantes cambios.
Si bien no podemos explayarnos por razones de espacio periodístico sobre esta característica del accionar del Papa Bergoglio, quienes lo conocieron en Argentina, siendo Cardenal, destacan su populismo, sus visitas personales a las villas donde residen los marginados, sus concurrencias a los partidos de fútbol de su club favorito, San Lorenzo, del cual además, muestra con orgullo su carnet de socio de la institución deportiva, sus viajes en Buenos Aires, prácticamente siempre, en ómnibus de las líneas urbanas regulares, su tiempo dedicado a beber su mate, como cualquier ciudadano porteño o del interior del país, su relación con el rabino Abraham Skorka, con quien compartió incluso la confección de un libro por ambos firmado, y con el Prof. musulmán Omar Abboud, presidente del Diálogo Interreligioso Argentino.
Pero nos consta, porque hemos conversado con algún sacerdote jesuita uruguayo que lo conoció y trató, que durante el Proceso Militar en Uruguay, intervino a pedido de éste, en las gestiones ante las autoridades militares uruguayas para que se liberen a varios sacerdotes jesuitas detenidos en Montevideo por las Fuerzas Militares y Policiales Conjuntas.
El cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco evidencia ser un hombre de valor.
Así lo demostró también en 2013, cuando durante su peregrinaje a Río de Janeiro, rehusó usar el automóvil blindado que usaron sus antecesores en el Papado.
Lo hizo también durante esta visita relámpago al Medio Oriente.
Llegó al Medio Oriente acompañado, además de cardenales y obispos, de dos de sus mayores amigos, el rabino Skorka y el imán Abboud y se abrazó, a la vista de todo el mundo con ellos, frente al “Kotel” en Jerusalén.
Tomó, cuando pudo, su mate sencillo rioplatense, en Jerusalén.
Asumió, y hay que recalcarlo, para facilitar el diálogo entre las partes, una postura equidistante entre unos y otros.
Fue el primer Papa en llegar al Medio Oriente aterrizando primero en territorio árabe, en este caso, en Amman, Jordania, y no en el Aeropuerto Ben Gurión en Israel, como lo hicieron sus tres antecesores.
No visitó, contrariamente a lo que hicieron los tres Papas anteriores, primero directamente al Estado de Israel, sino que lo hizo a un país árabe y dejó Israel para el final de su visita.
Se reunió a comer con víctimas palestinas, lo cual también fue un hecho valiente de su parte a lo cual las autoridades israelíes le pidieron que se reuniera con víctimas israelíes de los ataques palestinos.
Como un acto simbólico también, de los tantos que practica el Papa Bergoglio, es el hecho de que partió del Medio Oriente, desde el Aeropuerto Ben Gurión, en Israel, en un avión de la compañía israelí, El Al, en tanto que sus antecesores, llegaban y salían de la región, en avión de la compañía italiana, Alitalia.
Podríamos agregar no menos de diez gestos simbólicos más que tuvo el Papa y que demuestran lo revolucionario del accionar del mismo.
En resumen: una visita del Papa Francisco que debe verse con simpatía y positivamente. Ha sido una visita relevante, por el esfuerzo que significó para llevar la Paz al Medio Oriente.
En una de sus manifestaciones en Tierra Santa el Papa Francisco expresó: “La paz traerá consigo numerosos beneficios para los pueblos de esta región y para el mundo entero.”
Fuente: Aurora Digital

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