Israel y el mundo no pueden reconocer un gobierno con Hamás

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Por Gabriel Chocrón
Hace poco más de un mes, los palestinos anunciaron la creación de un gobierno de unidad entre al-Fatah y Hamás. Desde ese mismo momento, Israel advirtió al mundo que no lo reconocería y que el reconocimiento del mundo sería un error. ¿Por qué?
Hamás es un movimiento terrorista, reconocido así por la Unión Europea, Estados Unidos, el Reino Unido, Israel, e incluso por países árabes como Jordania y Egipto. Esta calificación de terrorista es consecuencia de una triste realidad que afecta la seguridad de los israelíes, e incluso de los propios palestinos.
En primer lugar, Hamás amenaza la seguridad de Israel y sus ciudadanos, y de aquellos que no estén de acuerdo con sus principios islámicos radicales. En su propia carta fundacional establece que “Israel existe y existirá hasta que el Islam lo elimine”, y que “las iniciativas de paz, las soluciones pacíficas… son contrarias a las creencias del Movimiento de Resistencia Islámico”. Todo el que apoya un gobierno con Hamás apoya abiertamente la destrucción de Israel, y se opone a las soluciones pacíficas al conflicto del Medio Oriente.
Pero el peligro de Hamás va mucho más allá de las palabras. Durante más de 10 años, Hamás ha lanzado decenas de miles de cohetes contra la población civil israelí, haciendo que niños, mujeres y hombres vivan constantemente bajo esta amenaza. Además, fue Hamás quien secuestró a Gilad Shalit durante más de 5 años, y antes de eso fue uno de los principales movimientos en planificar y ejecutar ataques terroristas contra Israel durante la Segunda Intifada, que acabó con la vida de más de 1000 israelíes.
Desde 2006 vemos cómo Hamás es una amenaza también para los cristianos que residen en los territorios palestinos, a quienes persiguen incansablemente por no aceptar al Islam. Entre 2007 y 2011 el número de cristianos que vivían en Gaza disminuyó en más de 50%, llegando a ser apenas 1400 entre más de un millón y medio de habitantes. Además, las autoridades de Hamás han destruido las pocas iglesias que existían en la Franja, y el dueño de la única librería cristiana fue secuestrado, golpeado y asesinado.
Sin embargo, es más importante destacar el daño que Hamás le hace a la propia sociedad palestina musulmana, a la que usa como escudos humanos al lanzar cohetes a Israel desde escuelas, mezquitas y hospitales. Aunque suene ilógico, el objetivo de Hamás al hacer eso es que, al ejercer Israel su legítimo derecho a la defensa, más civiles palestinos mueran para así poder reclamar al mundo.
Además de todo esto, vemos cómo desde la llegada de Hamás al poder, la situación económica y humanitaria ha empeorado. El dinero que Hamás recibe como ayuda humanitaria es usado de forma corrupta y termina en los bolsillos de sus líderes. Hamás ha creado una constante situación de escasez y desabastecimiento, para generar la dependencia del pueblo de sus institutos de caridad, que son los únicos que proveen alimentos a los pobres, a pesar de que a diario Israel permite el paso de muchas toneladas de comida hacia Gaza.
Aún más triste es el adoctrinamiento de los niños palestinos a través de las escuelas y los medios de comunicación, que los instruyen en el odio a Israel y los preparan para morir como mártires. Estos niños crecen odiando a sus vecinos israelíes y con la firme creencia de que solo el terrorismo puede traer la paz a la región.
Cualquier país que apoye al gobierno de unidad palestina estará apoyando a un movimiento terrorista. Apoyará que el conflicto siga cobrando las vidas de miles de inocentes, por la educación al odio. Apoyará el terrorismo islámico que provocó los atentados en las Torres Gemelas y en la estación de tren de Atocha. Apoyará que el gobierno palestino utilice a sus ciudadanos como armas de guerra, y los haga pasar hambre para controlarlos y usarlos como escudos humanos.
El mundo debería haber aprendido que con terroristas no se negocia, y mucho menos se les reconoce como legítimos. Israel, lamentablemente, ha vivido de primera mano las intenciones de Hamás, y no reconocerá un gobierno que se guíe por sus principios. Israel ha aprendido su dolorosa lección, y el mundo ahora no debe olvidarla.
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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