Relatos de judíos en el balompié

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Si bien la participación de una delegación israelí sobre las canchas de una Copa Mundial de Fútbol no parece muy cercana, ya sea por motivos deportivos y/o políticos, lo que sí es cierto es que indirectamente Israel ya está en Brasil 2014, a través de su tecnología, la cual ha estado jugando un papel protagónico en los programas de seguridad que ha venido desarrollando el país carioca para recibir a los visitantes de todo el globo. Aprovechando el furor mundialista NMI ofrece una recopilación de algunas historias en las que los judíos han jugado un rol relevante frente a la apasionante disciplina del balompié.
Delantero de la selección italiana de fútbol
Mario Balotelli: hijo adoptivo de una madre judía.
En 2012 el jugador italiano de balompié Mario Balotelli anotó dos goles contra el equipo alemán, ganando así el juego. Acto seguido, se acercó a las gradas para darle un abrazo a su madre y dedicarle el partido. La imagen recorrió el mundo entero por su poderoso simbolismo: poco antes de este episodio, Balotelli había hecho público que era hijo adoptivo de padres judíos, Silvia y Francesco.
Fue él, precisamente, uno de los promotores de que la selección italiana aprovechara su viaje a Polonia por compromisos deportivos para visitar, adicionalmente, Auschwitz.
“Él es negro y judío, no debe jugar para Italia sino para Israel”, espetó un comentarista en el sitio web de la “supremacía blanca”, Stormfront.
Balotelli, de un carácter recio, no ha hecho más que contestar con su evidente talento y apoyo de la fanaticada.
Su historia
Mario Balotelli nació en Palermo, Italia, el 12 de agosto de 1990. Es hijo biológico de los inmigrantes de Ghana Thomas y Rose Barwuah. Su familia originaria se trasladó desde Palermo hacia Bagnolo Mella (provincia de Brescia, Lombardía) poco tiempo después de su nacimiento, buscando mejores perspectivas económicas.
Antes de los tres años de edad ya Balotelli presentaba severas complicaciones en los intestinos que corrían el riesgo de ser mortales y que requirieron de varias intervenciones quirúrgicas.
Para 1992 su estado había mejorado, pero las condiciones de hacinamiento y salubridad de su familia empujaron a los Barwuah a pedir la ayuda de los servicios sociales. Allí, la recomendación fue trasladar al niño a otras condiciones de vivienda. Fue así que los Barwuah acordaron con Francesco y Silvia Balotelli la adopción.
Los Balotelli ya tenían tres hijos biológicos: Corrado, Giovanni y Cristina, quienes pronto se convirtieron en los hermanos de Mario.
Creció como judío, y con el tiempo el joven empezó a destacarse en el fútbol. Hoy en día es considerado una de las estrellas del Mundial Brasil 2014, jugando como delantero de la selección nacional italiana y ganando alrededor de 4.5 millones de euros anuales.
Con su 1.88 metros de alto y 87 kilos, el “Super Mario”, el “Loco Balotelli”, como le llaman los hinchas, promedia más de un gol por partido. En el Inter, por ejemplo, anotó 19 goles en 18 juegos y en el 2013 anotó 15 goles con Manchester City y con Milán, donde juega. Pero también ha tenido que lidiar con incidentes racistas dentro y fuera de la cancha.
En esos momentos, la historia familiar recobra fuerza: la madre de Silvia —abuela de Mario— era una judía alemana. Había nacido en Breslavia, una ciudad polaca de la Baja Silesia. Durante la Segunda Guerra Mundial llegó a Italia al casarse con un piloto italiano, pero su familia, hermana menor y padres, fueron confinados en campos de exterminio y murieron. Por ese motivo Silvia le insistió a Mario en que hay que ser respetuoso, tolerante con los diferentes, y le recordó siempre que muchos otros antes que él sufrieron el acoso del fascismo.
Con información de cciu.org.uy y Diario Judío
El Bayern de Múnich y la historia judía del club
Alicia Benmergui
El equipo más laureado del fútbol alemán tuvo una importante presencia judía en sus primeros años. Con el nazismo se vio muy afectado, aunque se resistió a ser utilizado por el régimen. Pero estos antecedentes fueron omitidos en la historia del club, que ochenta años después parece querer recuperarlos
Este es otro relato del Bayern de Múnich y el porqué del apoyo de muchos judíos en Londres cuando jugó con el Chelsea por la copa europea.
La historia del Bayern fue recuperada en el año 2011 en un libro llamado Der FC Bayern Juden und seine (El Bayern FC y sus judíos) de Dietrich Schulze-Marmeling. El principal personaje de esta historia es Kurt Landauer, un judío que fue presidente del club por tres períodos y consiguió el primer título del equipo en 1932.
Pese al poder creciente del nazismo, el Bayern de Múnich se resistió a colaborar con él, y hubo varios incidentes por esa razón. Se convirtió en una isla en medio de un mar de antisemitismo. En 1934, por ejemplo, sus jugadores resultaron involucrados en una pelea con los “camisas pardas”, la milicia nazi.
Pero el mayor episodio tuvo lugar en Zúrich en 1943. Después de un partido amistoso contra la selección nacional suiza, los jugadores del Bayern se alinearon para saludar al exiliado Landauer, presente en las gradas, lo que no gustó a la Gestapo, que amenazó con que el gesto tendría consecuencias.
Luego de finalizada la guerra, Landauer regresó a Múnich y fue nuevamente nombrado presidente del club para completar su tercer mandato, entre 1947 y 1951. Pero su legado se perdió en las memorias del club. Según Schulze-Marmeling, se borraron los rastros de Landauer para evitar polémicas raciales y políticas.
Sin embargo, la actitud del club ha cambiado notablemente en los últimos años, según registra el periodista Raphael Honigstein en The Guardian. Hinchas del club han homenajeado a Landauer; y Rummenigge, ex jugador insignia y vicepresidente de la institución, lo ha reconocido como “el padre” de la era moderna del Bayern.
Primeros pasos
En el año 1900, comerciantes y estudiantes del barrio bohemio de Schwabing habían fundado el Bayern. Dos de los 17 firmantes del acta de fundación pertenecían a la burguesía judía: uno era Josef Pollack, y el otro era el artista nacido en Dortmund, Benno Elkan, quien luego emigraría a Londres y se convertiría en el eminente escultor que construyó el candelabro de siete brazos que se encuentra ante el parlamento israelí en Jerusalén.
Patrocinado por empresarios judíos, desde 1911 el Bayern fue dirigido por Kurt Landauer, el hijo de un acaudalado hombre de negocios, ex futbolista que trabajaba en la editorial Knorr & Hirth, muy influido por su amigo y mentor Walther Bensemann. Este, quien era otro pionero del fútbol alemán e hijo de un banquero judío, cuando conoció el fútbol comenzó a difundirlo en todo el Imperio Alemán. Fue el fundador de la publicación deportiva más importante del país, Kicker, y también uno de los padres fundadores de la Asociación Alemana de Fútbol.
Landauer compartía con Bensemann la idea de que en el fútbol como juego debían prevalecer la creatividad, el arte y la alegría, y que podía llegar a crear relaciones amistosas entre las naciones. Él rechazaba totalmente la noción de Kampfgeist (“espíritu de lucha”) en el deporte, y especialmente en el fútbol.
El equipo fue formado por una sucesión de entrenadores judíos, entre ellos el austro-húngaro Richard “Little” Dombi, cuyo nombre verdadero era Richard Kohn, quien logró conseguir un primer campeonato alemán del Bayern en 1932. Landauer había convertido al Bayern en un bastión de buen fútbol con elevados valores humanistas, además de ser una cantera para la formación de jugadores en Alemania.
En los años posteriores a la toma del poder por los nazis en Alemania en 1933, el fútbol fue “arianizado”. Sin apenas tiempo para saborear el éxito deportivo, empezaría para Landauer un largo ciclo de penalidades. Destituido del Bayern, perdió también su empleo en el periódico Münchner Neuesten Nachrichten, donde era jefe de publicidad, y tuvo que ponerse a trabajar en una lavandería.
En la “Noche de los Cristales Rotos” (1938) fue encarcelado en Dachau, de donde salió relativamente pronto, a los 33 días, en consideración a que había combatido por la patria en la Primera Guerra Mundial; huyó a Suiza.
Otros integrantes judíos del club, los jugadores y los administradores, se vieron obligados a renunciar. Muchos de ellos fueron asesinados posteriormente.
Albert Otto Beer y Koppel Berthold, dos comerciantes textiles judíos y miembros del club, fueron deportados y asesinados, en tanto que Siegfried Weisenbeck se suicidó. Los tres hermanos y una hermana de Landauer perecieron en la Shoá.
Fuente: Milimcultural.com.ar / Versión: NMI
Matthias Sindelar
El futbolista judío que Hitler no soportó
Nacido en Kozlov (Moravia) un 10 de febrero de 1903 y criado en el barrio de Favoriten (Viena) en el seno de una familia judía, el pequeño Matthias Sindelar descubrió que el fútbol era lo suyo. Muy pronto pasó a formar parte del Austria de Viena, al que llevaría a ganar tres Copas de Austria en sus tres primeras temporadas, donde marcaría más de 600 goles.
Pero la gran fama de Sindelar llegó con la selección austriaca. Fue integrante del famoso Wunderteam (equipo maravilla), probablemente el mejor equipo de la década de los años 30 —no en vano, en 50 partidos disputados solo salió derrotado en cuatro— y que en el Mundial de 1934 solo pudo ser frenado por la intervención de Mussolini.
En aquel campeonato, pese al deslumbrante juego desplegado, Austria cedió en semifinales por 1-0 ante la escuadra local, Italia, en un encuentro que resultó un escándalo arbitral.
El hombre de papel, como era conocido Sindelar por su delgadez extrema y por su plasticidad en el juego, alcanzó durante aquellos años una fama inaudita hasta el momento para un futbolista. Su calidad solo era comparable a la del italiano Giuseppe Meazza y la del húngaro György Sarosi; los tres eran considerados los mejores jugadores del mundo de la época.
Pero además el austriaco fue uno de los primeros deportistas en recibir compensaciones económicas por publicitar relojes, ropa o comida. Fue, por decirlo de alguna forma, el primer futbolista mediático.
El sueño truncado del Wunderteam
Pero si Austria era una de las mejores selecciones del momento, Alemania no era menos. Tercera clasificada en el Mundial de 1934, para el Mundial de Francia del 38 tenían el plan perfecto. A la fuerza y tesón de la selección germana (algo que aún hoy perdura) se le iba a unir la experiencia de los jugadores austriacos, obligados a fusionarse después de la anexión llevada a cabo el 12 de marzo de ese mismo año.
La unión de ambos conjuntos debía formar un equipo invencible. Hasta cinco futbolistas titulares del Wunderteam se integraron en la plantilla germana, aunque la clave estaba en Sindelar, la pieza básica para convertir a Alemania en la mejor selección de todas.
Pero para él, la idea de jugar para el Tercer Reich y de realizar el saludo nazi antes de cada encuentro le repudiaba, así que nunca aceptó las “invitaciones” que recibía. Primero aludió una lesión de rodilla; después, consciente de que Herberger, el nuevo seleccionador alemán, era un técnico serio y preparado y no un nazi fanático, le solicitó educadamente que le dejara fuera de las convocatorias.
El partido que le sentenció
Para celebrar la anexión austriaca a Alemania, el 3 de abril se disputó un encuentro entre ambas selecciones, en lo que se suponía la despedida del Wunderteam. Como no podía ser de otra forma, se trataba de un partido amañado de antemano y destinado a demostrar la superioridad germana. “Ganar un partido es más importante para la gente que capturar una ciudad del Este”, dijo Goebbels.
Matthias Sindelar ya comenzó mal. O no. Por aquellos años era tradición efectuar el saludo nazi antes de comenzar el partido, pero el austriaco se negó a ello, lo que irritó a los jerarcas nazis ahí presentes.
Durante la primera parte, la estrella austriaca se dedicó a torear a los defensas alemanes, pero cuando se mostraba en disposición de marcar, disparaba burdamente fuera, para regresar, con cara de resignación, al trabajo de su equipo. Pero se cansó, y estalló.
A los 70 minutos, y ante la sorpresa de todos, llegó el que probablemente sea el gol más controvertido de la historia. Sindelar recogió un rechace del guardameta alemán y, descargando toda su rabia, introdujo el balón en la portería. No contento con ello, celebró el tanto por todo lo alto: corrió y se situó frente al palco alemán para marcarse un baile que fue toda una ofensa y humillación para las autoridades presentes.
Diez meses después, convertido en un héroe para los austríacos pero también en un subversivo peligroso para el orden nazi, Sindelar estaba muerto. Las causas del fallecimiento nunca se han aclarado.
Pese a las prisas de la Gestapo, que querían una despedida rápida, casi clandestina, el día de su muerte el 23 de enero de 1939, el Austria de Viena, su club, recibió más de 15 mil telegramas de pésame, tantos que el correo de la ciudad colapsó, y a su entierro acudieron más de 40 mil personas, que se enfrentaron a la amenazadora presencia de tropas nazis.
Desde entonces, el 23 de enero de cada año se lleva a cabo una sencilla ceremonia sobre su tumba. Nunca un gol supuso tanto para un país.
Fuente: Por Israel / Versión: Nuevo Mundo Israelta

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