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Por Marcos Peckel
Como ya es rutina cada vez que estalla una ronda de violencia en Medio Oriente, se activa el resorte del circo mediático, se pierde el equilibrio informativo, los hechos se tergiversan a la medida de los que los narran y las mentiras se colocan una fina máscara para aparecer como verdades a medias. Hasta los mapas son vulgarmente manipulados. Los títulos de artículos y columnas se bañan en sangre para causar mayor impacto.
Esto ocurre solamente con el conflicto palestino-israelí, el cual genera pasiones desbordadas, especialmente en ciertos círculos para los cuales la imagen de una casa destruida en Gaza es mucho más perturbadora que 10 mil niños asesinados en Siria por la aviación de Al Assad.
Es claro que el hecho que el conflicto involucra a Israel, el Estado Judío, es el detonante de la jauría que corre instintivamente detrás de su presa. No se acepta que el conflicto tiene dos partes, que ambas han sufrido, que ambos pueblos tienen reivindicaciones legítimas sobre un pequeño territorio del tamaño de la mitad de Cundinamarca.
Estas mismas páginas de Las Dos Orillas no han sido ajenas a artículos en los cuales la principal víctima ha sido la verdad y la objetividad.
Uno de ellos termina invitando a un “plantón por Palestina” después de haber dejado plantada en un extenso derrame de prosa, la verdad de los hechos históricos.
Varios de los que fungen ahora como defensores de oficio de Palestina, realmente no les interesan los palestinos, si no, donde estaban cuando el ejército libanés destruyó el campo de refugiados palestinos de Nahr al Bared a punta de artillería en 2007 o cuando centenares de refugiados palestinos fallecían de inanición en el campo de Yarmouk en Siria, sitiado por las tropas de Assad. A estos maestros del maniqueísmo lo que les interesa es la demonización de Israel y de lo judío y para eso se vale todo, incluido asestarle a la verdad una estocada mortal.
Los más de 10 mil cohetes que ha lanzado Hamas a Israel desde el 2007, cuando expulsó de manera violenta a la Autoridad Nacional Palestina, que se suman a los centenares de terroristas suicidas que a comienzos del milenios deambulaban por Israel asesinando civiles, son un claro patrón de una organización que hace lo que dice y lo que dice está en su plataforma ideológica: “Luchar por la aniquilación de Israel”. Su razón de ser es la violencia, el terrorismo y los cohetes pues al no tener un discurso político para el conflicto con Israel, esta es su única forma de aparecer vigente.
Cierto que es una organización política, todas lo son, que ofrecía servicios sociales en su momento, pero en la actualidad, Hamas que desde 2007 gobierna Gaza de facto, su principal propósito ha sido construir una formidable infraestructura militar de túneles, cohetes y fuerzas especiales mientras que los atribulados habitantes de la franja padecen, amén de no tener el “lujo” de refugios para los residentes, pues son ellos son los usados como escudos en las aventuras bélicas del movimiento islamista.
Se dice que el responsable de la situación humanitaria en Gaza es el “bloqueo”, pero viendo el despliegue de sofisticados misiles iraníes y sirios del que ha hecho gala Hamás en esta ronda, que han alcanzado la casi totalidad del territorio israelí, el bloqueo impuesto por Israel y Egipto no sólo es justificado sino legal -contrario lo que escribía en estas páginas un afamado columnista- tal como lo estipula la convención de San Remo sobre el mar en tiempos de guerra.
Mientras Hamas no cambie su discurso y su accionar, esta va a seguir siendo la realidad de la región. Cada vez que se sienta irrelevante, recuperará su lugar a punta de cohetes y terrorismo para provocar la reacción de Israel y así victimizar a los dos millones de palestinos que son prisioneros de Hamas en la Franja de Gaza. Y alejará más la posibilidad de que se encuentre una solución al conflicto con Israel y se establezca el Estado al que los palestinos tienen incuestionable derecho.
A pesar que la solución al conflicto palestino-israelí es universalmente conocida y reconocida: la creación de un estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza en las fronteras de 1967 con algún intercambio territorial, lograrlo ha sido un imposible hasta ahora. El Conflicto reviste un alto grado de complejidad, tanto en su cascarón externo como en cada uno de los componentes: fronteras, asentamientos, Jerusalem, refugiados, seguridad y reconocimiento. Requiere de compromisos que tocan con la narrativa y la historia de los dos pueblos y de una comunidad internacional unida y determinada a que judíos y palestinos convivan en paz y seguridad.
La paz sigue siendo tan esquiva como siempre, pero son los palestinos los que seguirán sin su Estado y así será mientras sea Hamas sea el que dicta la agenda a través de la “lucha armada” que para poco le ha servido al pueblo palestino excepto para obtener una solidaridad vacía e inocua.

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