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La guerra mediática no es prioridad para Israel
19/07/2014
Por Ignacio Camacho
Israel tiene perdida la guerra de la propaganda. Sólo que no le importa. No lucha por su reputación sino por su seguridad
UNA periodista de «Haaretz» escribió estos días trágicos una interesante reflexión sobre la paradoja de la superioridad bélica israelí. Su tesis consistía en que el escudo antimisiles, la llamada Cúpula de Hierro, beneficia a los hebreos porque los protege del bombardeo de Hamás pero a cambio los conduce a una clara derrota en la opinión pública, toda vez que pese al intercambio bilateral de proyectiles los muertos sólo caen en el bando palestino. Doscientos cincuenta contra uno, en concreto. En esta nueva crisis de sangre y fuego, abierta por Hamás con el secuestro y asesinato de tres adolescentes judíos y por Hamás continuada con una lluvia diaria de cohetes, Israel tiene perdida la batalla de la propaganda: mientras los terroristas salen retratados como mártires de una violencia desproporcionada, la única democracia de Oriente Medio aparece como el verdugo exclusivo, el agresor implacable, el Goliat abusón, la perversa potencia mataniños.
El mismo día en que aparecieron los cadáveres de los tres muchachos, Occidente se puso en vilo ante la intuida represalia. La consternación preventiva fue mucho más intensa que la condena del crimen y la solidaridad con las víctimas. Las cancillerías europeas, incluida la española, sólo se preocuparon en sus equidistantes notas por el futuro del feble proceso de paz. En esas horas de expectativa prevaleció en el mundo entero, en las redes sociales y en los medios, el imaginario convencional del conflicto, el que identifica a Gaza con una prisión y a Israel con un tanque. Aunque no haya ninguna cárcel en el mundo donde se fabriquen ?y menos se disparen? misiles.
Por eso Hamás se siente en condiciones de apretar. De romper treguas, de desafiar y puentear a sus socios de Al Fatah, de tensar los pocos hilos de diálogo que quedan. Por eso descargó su arsenal contra Israel cuando Netanyahu trataba de modular la respuesta sin daños letales ni ira sangrienta. Se trataba de forzar la tragedia para rentabilizar su macabro balance. Nadie en Palestina y fuera de ella desconocía lo que iba a suceder después, porque nadie ignora que Israel no es un Estado amable ni simpático.
Pero el habitual doble rasero moral de los europeos sí ignora adrede el contexto de esta nueva matanza. La provocación estratégica de un integrismo que desprecia la vida tanto o más que su enemigo eterno. La consigna fanática a la población de permanecer en sus casas señaladas como objetivos de ataque. El suicidio como combustible del odio. Sólo cuenta el siniestro marcador de muertos y el agresivo estereotipo militar del sionismo. Esa guerra ideológica la perdió Israel hace mucho tiempo. Sucede que no le importa. No le importan nuestros marcos mentales ni nuestros iconos políticos. Porque su único objetivo no es su reputación sino su seguridad. Y porque lleva luchando por su derecho a existir desde el Antiguo Testamento.
Fuente: ABC, España

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