Terror, civiles, escudos humanos y niños
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La población israelí, el frente de batalla
04/08/2014
Por Alfonso Ussía
En una guerra no existen las fuerzas y los medios desproporcionados, como quieren los lerdos de la ONU. Los bandos contendientes actúan y combaten de acuerdo con sus posibilidades. Si Hamas lenza un misil sobre Israel e Israel responde con tres misiles contra Hamas, no hay desproporción. Sucede que Hamas tenía un misil y los israelitas, tres, sencillamente. La ONU, que cada día que pasa sirve para menos y nos sale carísima a una buena parte de la humanidad, lamenta la desproporción. «Israel ha atacado desproporcionadamente a Hamas». Lo correcto para la ONU y los medios de comunicación adscritos al amor por el terrorismo palestino sería que Israel respondiera con exactitud matemática las balas, bombas, proyectiles y misiles disparados y lanzados sobre su territorio. «Un comando de Hamas disparó diecisiete balas contra un puesto fronterizo de Israel, y los soldados judíos respondieron con una ráfaga de 134 balas. Defensa desproporcionada».
Israel protege a sus niños con misiles y Hamás protege a sus misiles con niños. Ya está bien de tonterías. Nada más terrible que la imagen de un niño ensangrentado o un padre llevando en sus brazos a su hijo muerto. Pero igual de terrible si el niño es palestino que si el niño es de Israel. Hamas es una organización calificada de terrorista. Hamas no busca acuerdos ni desea palabras de concordia. Hamas rechaza cualquier tipo de negociación. Hamas impide la evacuación de los palestinos en busca de zonas menos arriesgadas. Pero en los medios de comunicación españoles, casi siempre la culpa la tiene Israel, los malos son los israelitas y los buenos los terroristas de Hamas. El que diga lo contrario, que se ate los machos. En mi caso, estoy procediendo a ello.
Hamas sólo busca la destrucción de Israel, el único Estado democrático del Medio Oriente, y muralla fundamental para que los tontos de Occidente que critican su capacidad de defensa puedan seguir viviendo con holgura, paz y libertad en sus respectivos países. Aquí no se trata de ser pro-israelí o pro-árabe, musulman o islamista. Se trata de defender la democracia y el Estado de Derecho o apoyar su aniquilación. Si algún día, entre Hamas y sus socios consiguieran su objetivo, el exterminio de Israel y un nuevo holocausto judío, ya pueden empezar a temblar los dirigentes vacíos e inanes de la rica Europa. Porque Israel somos nosotros, los occidentales.
Ocurre que los ataques de Israel son desproporcionados. El niño israelí asesinado es velado proporcionalmente por sus padres, en tanto que el niño de Hamas masacrado por un misil judío, es una víctima de la desproporción. Israel recibió en 1948 un territorio para asentar su Estado y su nación. Los palestinos lo rechazaron. A Israel llegaron de todos los rincones del mundo ciudadanos judíos dispuestos a dejarse la piel por su Dios, su nación, su vida y sus costumbres. Rodeados de enemigos irreconciliables que sólo deseaban su desaparición del mapa. Llevan sesenta y seis años defendiéndose, y está claro que se defienden bien. Del desierto que les dieron y aceptaron, hicieron un vergel. Y nacieron industrias y riqueza. Consecuencia directa del esfuerzo y el trabajo. La diferencia del nivel de vida entre Israel y los países que desean destrozarlo es, y ahí viene al caso la desproporción, desproporcionadísimo. Cuarenta veces más alto. Del mismo desierto, nació un Estado rico y trabajado mientras que sus fronteras se mantuvieron limitando otros desiertos. Eso no se lo perdonan a Israel. Y tienen un Ejército y unas Fuerzas Armadas poderosas y preparadas. Sólo con ese apoyo es posible la defensa. Y cuentan con unos servicios secretos formidables. Y tienen los israelitas una renta por cabeza que supera por cuarenta puntos la renta de sus vecinos. Y es un Estado occidental enclavado en una zona de enemigos irreconciliables. En Israel viven miles de palestinos que no quieren saber nada de Hamas ni de una Palestina unida en un Estado. Llevan los palestinos sesenta y seis años sin enterarse de que Palestina no existe como Estado porque ellos mismos no se ponen de acuerdo. Sus diferentes facciones se odian. Resulta descorazonador contemplar las imágenes terribles de la guerra. Pero más descorazonador aún que las imágenes de las víctimas sean siempre las del mismo lado. Los israelitas también lloran por sus hijos muertos, secuestrados y pulverizados por los misiles de Hamas.
Israel somos nosotros. Incluso los que no quieren que lo seamos.
Fuente: La Razón, España

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