Terror, civiles, escudos humanos y niños
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La población israelí, el frente de batalla
04/08/2014
Por Diana Sperling
Desde hace varios días, las noticias titulan «Israel y Hamás aceptaron la tregua…», «Israel y Hamás negociarán en Egipto…» y frases similares. ¿Se habrá advertido lo bizarro de esas expresiones?
Por un lado no dejo de celebrar el sinceramiento – en un punto, ya no se miente descaradamente: no se oculta el nombre de Hamás detrás de denominaciones engañosas tipo «los palestinos», «las autoridades palestinas», etc. – que implica llamar a la organización terrorista por su nombre y atribuirle lo que en verdad tiene: el poder en su territorio.
Ergo: no se trata de «el pueblo palestino» ejerciendo sus derechos, sino de un grupo que, como todos los de su estofa, debería ser unánimemente condenado y desautorizado por la opinión internacional.
Pero por otro lado, tal locura parece pasar totalmente inadvertida. El nombre de un país, un estado de derecho, junto al de una banda delictiva (como todo grupo terrorista) y, por ende, fuera de la ley.
¿Se acuerdan de la frase «No negociamos con terroristas»? Frase reiterada hasta el cansancio por mandatarios de toda índole frente a atentados y horrores causados por Hezbolá, Al Qaeda y tantas otras formaciones cuyos estatutos, acciones y programas apuntan a destruir, precisamente, las estructuras legales y de derecho de cualquier país.
Sin embargo, en esta locura contemporánea y en el peculiar marco del conflicto de Oriente Medio, es Israel el que ocupa el banquillo del acusado; es Israel el que aparece como criminal; es Israel el que se ve presionado a dialogar con el terrorismo más acérrimo, como si este fuera la víctima, como si fuera un interlocutor válido y dispuesto a llegar a acuerdos en el marco de la legalidad.
Ningún otro país – España, Reino Unido, Estados Unidos…. – que haya sufrido en su territorio ataques flagrantes de organizaciones terroristas ha sido puesto en semejante situación. El mundo jamás exigió tal absurdo.
Y esto, más allá de la simpatía o disgusto que cada una de esas naciones suscite: no se trata de «me gusta» al estilo Facebook, sino de la estructura misma de los estados de derecho que conforman la comunidad internacional.
¿Reflexionaremos sobre esta insensatez?
Fuente: Israel en línea

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