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Por Beatriz W. De Rittigstein
En estos días se cumplen 49 años de la Declaración de Nostra Aetate, emitida por el Concilio Vaticano II, la cual corrige posturas teológicas medievales, dando pasos para erradicar los prejuicios contra el pueblo judío que motivaron innumerables atropellos a lo largo del tiempo. Durante siglos, los judíos sufrieron persecuciones, expulsiones y matanzas, en base a criterios estereotipados, algunos germinados en los inicios del cristianismo.
Nostra Aetate, aunque en medida limitada, trató de reparar los trágicos errores, propiciando un acercamiento, al reprobar las manifestaciones de antisemitismo y llamar a un diálogo permanente.
En una visita realizada en septiembre, por dirigentes de comunidades judías del mundo al papa Francisco, éste se refirió a los católicos que están siendo asediados en Siria, Iraq y Libia, por grupos islamistas. El Papa señaló: "así como en una época los judíos fueron perseguidos, ahora son los católicos los que están sufriendo". El Pontífice afirmó que un cristiano no puede serlo si no reconoce su pasado judío. Resulta obvio que está pendiente del tema del antisemitismo y conoce cuáles son los países en América Latina que no contribuyen a resolver esta enfermedad social.
Del mismo modo, el padre Gabriel Nadaf denunció que "cada cinco minutos un cristiano fue asesinado a causa de su fe en Medio Oriente". Hace unos días se presentó ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU para señalar: "Israel es el único lugar en la región donde los cristianos están seguros y gozan de libertad de expresión y culto". Reiteró que "Israel es el único país en la zona donde el número de cristianos ha aumentado. De 34.000 personas en el 48 a 160.000 en 2014".
En la Jornada de Oración por la Paz de Jerusalén, el primer domingo de este octubre, el reverendo Canon Andrew White, quien dirige la única iglesia anglicana en Iraq, cuyos miembros son acosados por ISIS, señaló: "estamos en medio de la más horrenda masacre contra los cristianos en Iraq. Las primeras personas que estuvieron con nosotros fueron nuestros hermanos judíos, que se nos acercaron y dijeron: hemos conocido los horrores del Holocausto. No los dejaremos".
Una comparación apropiada, pues el Islam radical actúa con igual crueldad y odio que, en su tiempo, lo hizo el nazismo.

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